Juntas de lunes, besos de viernes

Capítulo 48: El día de nuestra boda

El sol apenas comenzaba a iluminar la ciudad cuando Valeria abrió los ojos.

Durante unos segundos permaneció acostada, mirando el techo de su habitación. Después recordó qué día era y se incorporó de golpe.

—¡Hoy es mi boda!

Se llevó las manos a la cara y comenzó a reír nerviosamente.

No era un sueño.

Después de tantas semanas de preparativos, de las conversaciones con Camila, de elegir el vestido, escribir sus votos y encontrar la canción perfecta, finalmente había llegado el día.

Hoy se casaría con Nicolás.

Su teléfono comenzó a sonar.

—¡Buenos días, novia! —gritó Camila cuando Valeria contestó—. ¿Ya despertaste?

—¡Sí!

—¿Estás preparada?

Valeria miró su vestido, cuidadosamente colocado en un lugar seguro.

—Creo que sí.

—No quiero un «creo». ¡Hoy te casas con el hombre que amas!

Valeria sonrió.

—Lo sé.

—Perfecto. Paula y yo vamos para allá. Y no intentes hacer nada sin nosotras.

—¿Qué podría hacer?

—Conociéndote, ponerte a revisar la lista de invitados por quinta vez.

Valeria soltó una carcajada.

—¡Eso solo lo hice dos veces!

—Claro, Valeria. Claro.

La llamada terminó entre risas.

Valeria se levantó y se preparó para comenzar uno de los días más importantes de su vida.

Mientras tanto, Nicolás estaba frente al espejo, intentando acomodarse la corbata.

Su madre lo observaba desde la puerta.

—Te ves muy bien.

—Gracias.

—Aunque llevas diez minutos acomodándote esa corbata.

Nicolás bajó las manos.

—Quiero que todo salga bien.

—Todo saldrá bien.

—¿Y si me equivoco durante los votos?

Su madre sonrió.

—Entonces mirarás a Valeria y recordarás por qué estás allí.

Nicolás se quedó pensativo.

—Eso no será difícil.

—¿Y sabes por qué?

Él negó con la cabeza.

—Porque, cuando alguien encuentra a la persona con la que quiere compartir su vida, no necesita memorizar cada palabra para saber lo que siente.

Nicolás sonrió.

—Gracias, mamá.

Ella lo abrazó antes de dejarlo terminar de prepararse.

Sobre una mesa estaba la pequeña caja que contenía sus votos matrimoniales.

Nicolás la abrió y leyó una última vez aquellas palabras que había escrito en secreto.

No quería olvidarlas.

Pero, sobre todo, quería que Valeria supiera que cada una era sincera.

Guardó la caja y respiró profundamente.

—Hoy es el día —murmuró.

En casa de Valeria, Camila y Paula habían convertido la habitación en un pequeño centro de preparativos.

—Quédate quieta —pidió Paula mientras acomodaba un último detalle.

—Estoy quieta.

—Estás moviendo el pie.

Valeria miró hacia abajo.

Era verdad.

Camila comenzó a reír.

—¡Está nerviosa!

—¡Ustedes también me están poniendo nerviosa!

—Es nuestra obligación como amigas —respondió Camila con una sonrisa.

Cuando finalmente terminaron de arreglarla, Paula se apartó para que Valeria pudiera mirarse al espejo.

Durante unos segundos, Valeria no dijo nada.

Su vestido estaba listo.

Su cabello estaba arreglado y todos los detalles que había elegido con tanto cuidado estaban en su lugar.

Pero lo que más le llamó la atención fue su propia sonrisa.

Estaba feliz.

Muy feliz.

Camila se acercó por detrás.

—¿Qué piensas?

Valeria respiró hondo.

—Que de verdad voy a casarme con Nicolás.

—Sí.

—Con Nicolás, el mismo Nicolás que conocí en Nova Ideas.

Paula sonrió.

—El mismo que te miraba cuando creía que no te dabas cuenta.

Valeria soltó una pequeña risa.

—No me lo recuerdes.

—¿Por qué? Si ahora podrás recordárselo durante toda la vida.

Las tres comenzaron a reír.

Después, Camila tomó las manos de Valeria.

—Fuera de bromas, ¿estás feliz?

Valeria la miró directamente.

—Sí. No podría estar más feliz.

Camila la abrazó con cuidado.

—Entonces vamos a disfrutar este día.

El lugar de la ceremonia estaba precioso.

Las flores decoraban el espacio, las sillas estaban preparadas y la música ambiental acompañaba la llegada de los invitados.

Daniel ayudaba a revisar los últimos detalles, mientras Paula comprobaba que todo estuviera en su sitio.

Bruno también había llegado.

Al encontrarse con Nicolás, se acercó para saludarlo.

—Llegó el día, ¿eh?

Nicolás sonrió.

—Finalmente.

Bruno le dio una palmada amistosa en el hombro.

—Te deseo lo mejor. De verdad.

—Gracias por venir.

—No me habría perdido esto.

Nicolás le estrechó la mano.

Los problemas y malentendidos del pasado habían quedado atrás. Aquel día no había espacio para viejas discusiones.

Solo para celebrar.

Poco después, Nicolás se colocó en el lugar donde esperaría a Valeria.

Miró hacia la entrada.

Después miró a los invitados.

Y volvió a mirar hacia la entrada.

Daniel, que estaba a su lado, sonrió.

—Si sigues mirando así, vas a desgastar el suelo.

—Estoy esperando.

—Eso es bastante evidente.

Nicolás soltó una risa nerviosa.

—No puedo evitarlo.

Daniel le dio una palmada amistosa.

—Tranquilo. Ya viene.

Valeria estaba a pocos pasos de la entrada.

Camila le acomodó suavemente un detalle del vestido.

—¿Lista?

Valeria respiró profundamente.

—Lista.

La música comenzó.

Los invitados se pusieron de pie.

Y Nicolás, al escuchar las primeras notas, levantó la mirada.

Entonces la vio.

Valeria comenzó a caminar hacia él.

Por un instante, todos los nervios de Nicolás desaparecieron.

Solo podía verla a ella.

A la mujer con la que había compartido tantos momentos, con quien había aprendido a trabajar en equipo, a reconocer sus errores y a construir una relación basada en la confianza.




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