Juntas de lunes, besos de viernes

Capítulo 49: Nuestra primera noche como esposos

La música llenaba el salón y las luces iluminaban las mesas decoradas con flores.

Valeria y Nicolás acababan de convertirse en marido y mujer, y todavía les costaba creerlo.

Cada vez que alguien se acercaba a felicitarlos, Valeria sonreía con una mezcla de emoción y nervios.

—Felicidades a los dos —dijo Daniel, estrechándoles la mano—. Espero que estén preparados para trabajar juntos durante el resto de sus vidas.

Nicolás soltó una carcajada.

—¿Eso significa que también tendremos reuniones los fines de semana?

—Depende de quién haga el calendario —respondió Valeria.

—Entonces tendremos que negociar.

Camila, que había escuchado la conversación, se acercó inmediatamente.

—¡Ni se les ocurra hablar de trabajo hoy! ¡Es su boda!

—Tienes razón —admitió Nicolás—. Prometo no mencionar ningún proyecto durante el resto de la noche.

Valeria lo miró divertida.

—¿Ni siquiera uno pequeño?

—Ni uno.

—Perfecto. Queda registrado.

Los cuatro comenzaron a reír.

La celebración continuó entre felicitaciones, fotografías y recuerdos compartidos. Paula había preparado una presentación con imágenes de los novios desde sus primeros días en Nova Ideas hasta la propuesta de matrimonio.

Cuando las luces del salón se atenuaron, todos dirigieron la mirada hacia la pantalla.

Apareció la primera fotografía.

Valeria y Nicolás estaban sentados frente a frente durante una reunión de trabajo, con expresiones tan serias que los invitados comenzaron a reír.

Después aparecieron imágenes de sus primeros proyectos, de sus días en el extranjero y de algunos momentos que habían compartido con sus amigos.

—¡No puedo creer que hayan puesto esa fotografía! —exclamó Valeria al reconocer una imagen en la que Nicolás aparecía distraído mientras ella intentaba explicarle algo.

Nicolás se inclinó hacia ella.

—Tengo una explicación.

—Te escucho.

—Estaba pensando.

—¿En qué?

—En ti.

Valeria lo miró, sorprendida.

—¡Eso no es verdad!

—No puedes demostrarlo.

Ella comenzó a reír mientras él le apretaba suavemente la mano.

La presentación terminó con una fotografía de la propuesta de matrimonio.

Debajo apareció una frase:

«Algunas historias comienzan por casualidad, pero se construyen eligiéndose todos los días».

Valeria sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

—Esto es precioso —murmuró.

Nicolás la miró.

—¿Estás bien?

—Sí. Es que no sabía que habían guardado tantas fotografías.

—Yo tampoco.

Camila se acercó a ellos.

—Queríamos que recordaran todo lo que han vivido antes de comenzar esta nueva etapa.

Valeria la abrazó.

—Gracias por hacer esto.

—De nada. Pero todavía no hemos terminado.

Valeria se separó lentamente.

—¿Cómo que todavía no han terminado?

Camila sonrió misteriosamente.

—Ya lo verás.

Poco después, llegó el momento del primer baile de los recién casados.

La organizadora anunció que había llegado la hora y la música comenzó a sonar.

Era su canción.

«Donde empieza el hogar».

Valeria miró a Nicolás con una sonrisa emocionada.

—Nuestra canción.

—Nuestra canción —repitió él.

Nicolás le ofreció la mano y ella la tomó.

Caminaron hasta el centro de la pista mientras los invitados se acomodaban alrededor.

Al comenzar la melodía, Nicolás la acompañó con pasos tranquilos. Valeria sonrió al reconocer aquella música que habían elegido juntos en la pequeña tienda.

—¿Te acuerdas de cuánto tardamos en encontrarla? —preguntó ella.

—Casi una hora.

—Y rechazaste varias que a mí me gustaban.

—Porque ninguna nos representaba.

Valeria levantó la mirada.

—Tenías razón.

Nicolás sonrió.

—Voy a recordar que acabas de admitirlo.

—No te acostumbres.

Los dos rieron y continuaron bailando.

Por unos minutos, el ruido del salón pareció desaparecer. Solo estaban ellos, la música y el recuerdo de todo lo que los había llevado hasta allí.

—¿Eres feliz? —preguntó Nicolás.

Valeria sonrió.

—Muchísimo. ¿Tú?

—Más de lo que imaginaba.

Ella apoyó suavemente la cabeza en su hombro.

—Entonces quiero que recordemos este momento.

—Lo recordaremos.

Cuando terminó la canción, los invitados aplaudieron y Camila no tardó en acercarse para invitarlos a todos a la pista.

La tranquilidad duró poco.

En cuestión de minutos, Paula estaba bailando con Daniel, Bruno se había unido al grupo y Camila intentaba convencer a Valeria de que dejara de preocuparse por su vestido.

—¡Valeria, disfruta! —le gritó entre risas.

—¡Estoy disfrutando!

—¡Pues demuéstralo!

Nicolás tomó la mano de su esposa.

—¿Bailamos?

Valeria sonrió.

—Toda la noche.

Y así lo hicieron.

Más tarde, cuando los invitados comenzaron a sentarse para descansar, Camila pidió el micrófono.

—Quiero decir unas palabras.

Valeria la miró con sorpresa.

—¿Qué estás haciendo?

—Un discurso.

—¿Desde cuándo preparaste un discurso?

Camila sonrió.

—Desde que descubrí que mi mejor amiga se iba a casar con el hombre que al principio no soportaba.

Los invitados comenzaron a reír.

Nicolás fingió sentirse ofendido.

—Quiero aclarar que yo tampoco estaba encantado con ella al principio.

Valeria le dio un pequeño empujón en el brazo.

—¡Nicolás!

—¿Qué? Estoy siendo sincero.

Camila levantó una mano para pedir silencio.

—Lo importante es que los dos cambiaron. Aprendieron a escucharse, a confiar el uno en el otro y a descubrir que, detrás de todas esas discusiones, había una amistad que podía convertirse en algo mucho más grande.

Valeria sonrió con emoción.

—He visto a mi amiga crecer, superar dificultades y alcanzar sus sueños. Y también he visto cómo Nicolás ha aprendido a acompañarla sin intentar cambiarla.




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