Minutos antes..
Lukael vio desde la entrada de la cueva que Christopher estaba en problemas.
Apretó los dientes.
Sin perder tiempo, llevó al último de los heridos hasta el interior y lo dejó cuidadosamente junto al curador.
—Ayúdalo. Sus heridas son graves.
El hombre asintió y se acercó inmediatamente al joven.
Lukael se giró hacia la salida.
Tenía que regresar.
Pero apenas dio unos pasos, la voz del curador lo detuvo.
—¿Adónde vas, Lukael?
Él no respondió.
—¡No salgas! —insistió—. Vas a perder la vida. Ellos son demasiado poderosos.
Lukael se detuvo.
Durante unos segundos permaneció de espaldas a él.
Después sonrió con tranquilidad.
—No importa.
Giró ligeramente la cabeza.
—Mi señor está en problemas. Me ordenó intervenir si veía que la situación se le salía de las manos.
El curador abrió la boca para responder.
—Pero...
Lukael levantó una mano para detenerlo.
—No me hagas perder el tiempo intentando convencerme cuando sabes perfectamente que voy a salir.
Señaló a los heridos.
—Cuida de nuestros compañeros.
Una sonrisa apareció en su rostro.
—Ya vuelvo.
Sin esperar respuesta, corrió hacia la salida.
Estaba a punto de poner un pie fuera de la cueva cuando una mano se posó sobre su hombro.
Lukael se detuvo en seco.
—Maldición...
Frustrado, intentó soltarse del agarre.
—¡Ahora no tengo tiempo para...!
Se giró.
Y sus palabras murieron inmediatamente.
Frente a él estaba la joven que Christopher y los demás guardianes habían llevado hasta aquel lugar dentro de una cápsula.
Lukael la observó confundido.
¿Ella?
Había algo extraño.
No podía sentir ninguna energía proveniente de su cuerpo.
Nada.
Era como si frente a él se encontrara una persona completamente ordinaria.
Pero entonces sus miradas se encontraron.
Un escalofrío recorrió la espalda de Lukael.
Sin comprender por qué, bajó la cabeza.
Su cuerpo había reaccionado antes que su mente.
¿Qué... estoy haciendo?
Intentó levantar la mirada.
Algo dentro de él le exigía mostrar respeto.
No.
Era mucho más que respeto.
Su propio instinto parecía ordenarle que la venerara.
Pero aquello no tenía sentido.
La joven frente a él no desprendía poder alguno.
Parecía humana.
Completamente ordinaria.
Entonces...
¿Por qué siento esto?
La voz de la muchacha interrumpió sus pensamientos.
—Quédate con los heridos.
Lukael levantó lentamente la mirada.
Ella hablaba con tranquilidad.
No había autoridad forzada en su voz ni necesitaba levantarla para hacerse escuchar.
Aun así, Lukael sintió que debía obedecer.
—Necesito que los protejas —continuó ella—. Levanta una barrera alrededor de la cueva. No permitas que el poder que se desate afuera pueda alcanzarlos.
Hizo una pequeña pausa.
—Si sales ahora, solo serás una carga.
Lukael debería haberse sentido ofendido.
Pero no fue así.
Había algo en aquella voz.
Una calidez extraña.
Maternal.
Protectora.
Quiso preguntarle quién era.
Quiso exigirle que explicara cómo había salido de aquella cápsula.
Pero las palabras simplemente no salieron de su boca.
Terminó asintiendo.
La joven dejó escapar una pequeña risa al observar su reacción.
Después se giró y comenzó a caminar hacia la salida.
Lukael reaccionó.
—¡Espera!
Ella se detuvo.
—¿Cuál es tu nombre?
La joven permaneció de espaldas a él.
—Estefanía.
Y sin decir nada más, salió de la cueva.
Lukael apenas alcanzó a verla elevarse en el aire antes de que saliera disparada hacia el campo de batalla.
Permaneció inmóvil durante unos segundos.
Estefanía...
Entonces recordó sus palabras.
No tenía tiempo para preguntas.
Se giró hacia los heridos y comenzó inmediatamente a levantar la barrera.
Estefanía atravesó el bosque a gran velocidad.
Desde las alturas consiguió distinguir el campo de batalla.
Árboles destruidos.
Tierra levantada.
Restos de energía por todas partes.
Y en medio de aquella destrucción...
Christopher.
Estaba en el suelo.
Herido.
Frente a él había un hombre que sostenía una esfera de energía.
Estefanía entrecerró los ojos.
Vio cómo el desconocido hacía una reverencia.
Y entonces lanzó la esfera directamente hacia Christopher.
—¡No!
Aumentó su velocidad.
La distancia desapareció rápidamente.
La esfera estaba cada vez más cerca de Christopher.
Estefanía extendió una mano.
No podía permitir que aquel ataque lo alcanzara.
Recitó el hechizo de inmediato.
—¡Ethal'Vaer!
Una barrera de energía divina apareció frente a ella.
Estefanía descendió entre Christopher y el ataque.
La esfera impactó contra el escudo.
En lugar de intentar detener toda aquella fuerza de frente, Estefanía inclinó la barrera en el instante exacto.
La trayectoria cambió.
La esfera salió despedida hacia un área alejada del bosque.
¡BOOM!
La explosión resonó a la distancia.
Una onda de energía atravesó las copas de los árboles, pero el daño fue considerablemente menor.
Estefanía bajó lentamente la mano.
El escudo desapareció.
Durante unos segundos observó el lugar donde había explotado la esfera.
Después se giró.
Christopher continuaba en el suelo.
Toda la seriedad de su expresión desapareció inmediatamente.
Corrió hacia él y se agachó a su lado.
—¿Estás bien, mi niño?
Christopher levantó la mirada.
Sus ojos se abrieron por completo.