Kael'varya Ii: La Corona De Los Cinco Mundos

Capitulo 9 "El Bosque de las Almas Antiguas"

Me fui acercando y, sin darme cuenta, terminé corriendo hacia ellos.

Eran mis niños.

Lo último que recordaba era haberlos dejado luchando en la mansión. Verlos nuevamente frente a mí despertó una mezcla de alivio y nostalgia tan intensa que me resultaba imposible describirla.

Rodrigo fue el primero en darse cuenta de que corría hacia ellos.

Su expresión cambió por completo.

—¿Madre...?

Durante un instante pareció incapaz de creer lo que estaba viendo. Después reaccionó y corrió a mi encuentro.

En cuanto estuvo lo suficientemente cerca, me abrazó.

—¡Madre! ¿Cómo es posible? ¿Acaso Christopher descubrió una forma segura de despertarte?

Negué con la cabeza.

Quise responderle, pero la emoción había cerrado mi garganta. No conseguía pronunciar una sola palabra.

Me limité a abrazarlo con más fuerza.

Después de unos segundos, sentí otros brazos rodeándome.

Alcé la mirada.

Eduardo.

Me sonreía, aunque sus ojos cristalizados traicionaban cualquier intento de ocultar lo que sentía.

No necesitábamos decir nada.

Estaban vivos.

Mis niños estaban vivos.

Cuando finalmente nos separamos, busqué a los demás con la mirada.

Mariana y Fabián se acercaban mucho más despacio.

Mi alegría desapareció parcialmente cuando comprendí por qué.

Estaban heridos.

Mariana llevaba una venda alrededor de la cabeza y otras en los brazos. Fabián tenía una pierna cubierta de sangre y avanzaba apoyándose sobre el hombro de Christopher.

Me separé inmediatamente de Rodrigo y Eduardo y corrí hacia ellos.

—¿Qué les pasó?

Mariana me miró y, a pesar de su estado, sonrió emocionada.

—Tuvimos que luchar, madre. Eran demasiados.

Observé nuevamente sus heridas.

—Nos quedamos prácticamente sin energía y tuvimos que escapar —continuó—. Conseguimos curar a Rodrigo y a Eduardo, pero ya no nos quedaban medicinas ni energía suficiente para nosotros. Tuvimos que improvisar.

Señaló hacia Rodrigo.

—Él invocó una puerta para traernos directamente hasta aquí.

Mariana hizo una pequeña pausa antes de sonreír nuevamente.

—Pero dejando eso de lado... estoy muy feliz de que estés despierta, madre.

Su expresión se volvió más seria.

—Aunque tengo la misma duda que Rodrigo. ¿Cómo consiguió Christopher liberarte? Nosotros todavía no habíamos encontrado una solución.

La voz de Christopher apareció directamente en nuestras mentes.

—Se lo contaremos, pero no aquí. Lo que ocurrió es bastante delicado y no necesitamos que todos los demás nos escuchen.

Todos estuvimos de acuerdo.

Mis guardianes continuaron saludando a los demás y, cuando terminaron, nos dirigimos a la oficina de Christopher.

Una vez dentro, él realizó un hechizo para impedir que cualquiera en el exterior pudiera escuchar nuestra conversación.

Entonces les conté todo.

Les expliqué lo que había ocurrido dentro de la cápsula, mi enfrentamiento con mi propio poder, lo que había descubierto y, finalmente, la existencia de la maldición.

Nadie me interrumpió.

Cuando terminé, el silencio permaneció durante unos segundos.

Hasta que Eduardo golpeó con fuerza el escritorio.

—¡Maldito desgraciado!

La madera vibró bajo su puño.

Continuó maldiciendo entre dientes mientras los demás me observaban con una mezcla de preocupación y temor.

Mariana fue la primera en romper el silencio.

—Entonces esto significa que tenemos que matar a Vor'Kael a toda costa.

Su expresión se endureció.

—Pero no será fácil. Estamos hablando del mismo sujeto que consiguió matarte cuando tenías tus poderes al cien por ciento.

—¿Y cómo vamos a hacerlo ahora? —preguntó Fabián.

Mientras los escuchaba, Rodrigo se acercó hasta mí y pasó uno de sus brazos alrededor de mis hombros.

Fue entonces cuando me di cuenta.

Había crecido unos centímetros más.

Mi muchacho estaba creciendo.

Apoyé la cabeza contra su pecho y escuché sus latidos. Por alguna razón, aquel sonido consiguió tranquilizarme mientras continuaba prestando atención a la conversación.

Christopher tomó la palabra.

—La información que ustedes me estuvieron enviando durante estos meses me sirvió para descubrir el nombre de la maldición.

Eduardo levantó la mirada.

—¿Y cuál es?

Antes de que Christopher respondiera, Fabián frunció ligeramente el ceño.

—Vorn'Ethal...

Lo dijo pensativo.

—Ese nombre me resulta familiar.

Guardó silencio unos segundos, intentando recordar.

—Es parte de la información que recolectamos en una de las guaridas de ese desgraciado.

Miró hacia Mariana.

—Tú me ayudaste a conseguirla. Después se la envié a Christopher. Si no hubiéramos encontrado esos datos, ahora mismo estaríamos empezando desde cero.

Christopher asintió.

—Pero en este momento lo importante es continuar investigando. No podemos permitirnos retrasos. Nuestros enemigos siguen avanzando y no sabemos cuánto tiempo podrá resistir Estefanía antes de que la situación con la maldición empeore.

Permanecí en silencio.

Todo aquello era una locura.

¿Qué pretendía realmente Vor'Kael?

Por alguna razón, sentía que convertir mi alma en una marioneta no era su único objetivo.

Había algo más.

Algo que no conseguía recordar.

Era como una pequeña espina clavada en lo más profundo de mi alma, recordándome constantemente que existía algo anterior a mi vida pasada.

Un recuerdo demasiado lejano.

Una sensación que no pertenecía a la Estefanía que conocía.

¿Y si aquella no había sido mi primera reencarnación?

Levanté la mirada hacia mis guardianes.

Una sensación todavía más extraña atravesó mi mente.

¿Y si tampoco había sido la primera de ellos?

No dije nada.

Por ahora me guardaría aquellas sospechas.




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