Kael'varya Ii: La Corona De Los Cinco Mundos

Capítulo 10 "El Silencio Bajo la Oscuridad"

Narrador externo

Mientras los aliados de Estefanía y sus guardianes planeaban lo que harían durante los siguientes días, en otro mundo, muy lejos de allí, Adrael regresaba ante su señor.

Frente a él se alzaba un castillo inmenso.

No necesitaba tocar sus muros para percibir lo que habitaba en aquel lugar. La energía que emanaba de la fortaleza era suficiente para erizar la piel de cualquiera que se aproximara.

Adrael, sin embargo, continuó avanzando.

Atravesó la entrada con absoluta calma.

El interior era todavía más impresionante.

Los pasillos eran tan amplios que cada uno de sus pasos resonaba una y otra vez, convirtiéndose en ecos que parecían acompañarlo en su recorrido.

Sobre él, cerca de los enormes techos, extrañas criaturas aladas revoloteaban entre las sombras.

Adrael ni siquiera levantó la mirada.

Sabía exactamente adónde debía dirigirse.

Continuó caminando hasta llegar frente a una enorme puerta roja.

Se detuvo.

En la parte superior había una calavera rodeada por varias estrellas.

Adrael permaneció inmóvil durante un instante.

Después golpeó dos veces.

Toc. Toc.

El silencio se prolongó unos segundos.

Finalmente, una voz profunda surgió desde el otro lado.

—Adelante.

Adrael abrió la puerta.

Ingresó.

La presencia que lo recibió era todavía más abrumadora que la energía del castillo.

—Acércate.

Adrael obedeció.

Avanzó hasta quedar a pocos pasos de él y, con el respeto que siempre mostraba ante su superior, inclinó ligeramente la cabeza.

—Mi señor Vor'Kael. Tengo noticias de mi misión.

Vor'Kael no respondió.

Se limitó a hacer un pequeño gesto, indicándole que continuara.

Adrael tomó aire.

Sabía que debía elegir cuidadosamente sus palabras.

No podía afirmar que nada había sucedido.

Había muerto.

Y había regresado.

Si su amo había sido quien lo devolvió a la vida, entonces era imposible ocultarle su derrota.

Pero había cosas que no pensaba contarle.

No después de lo ocurrido.

No después de haber enfrentado a la diosa.

Por respeto a Kael'Varya, guardaría para sí una parte de la verdad.

—Mi señor, encontramos la guarida de los guardianes de la diosa.

Vor'Kael permaneció en silencio.

—Envié a varios de los nuestros para capturarlos, pero demostraron ser considerablemente más fuertes de lo previsto. Aniquilaron a nuestros hombres.

Adrael hizo una pequeña pausa.

Sus manos permanecían a los costados de su cuerpo.

—Después los enfrenté personalmente.

Esta vez bajó ligeramente la mirada.

—Superaron mi poder.

Apretó los puños.

—Y fui derrotado.

Aquellas palabras le resultaban más difíciles de pronunciar de lo que esperaba.

No porque sintiera vergüenza por haber perdido.

Había aceptado su derrota.

Había combatido.

Había perdido.

Y estaba dispuesto a aceptar la muerte que acompañaba a ese resultado.

Pero su señor no se lo había permitido.

Adrael apretó todavía más los puños.

Él había querido morir con honor.

Vor'Kael lo había obligado a regresar.

Aun así, controló su expresión y continuó:

—Gracias a usted, fui devuelto a la vida y pude regresar.

Silencio.

Vor'Kael no reaccionó.

Adrael levantó lentamente la mirada.

Durante unos segundos creyó que su explicación había sido suficiente.

Entonces los ojos de Vor'Kael se encendieron.

Un intenso resplandor azul inundó la habitación.

Adrael se quedó inmóvil.

—Me has decepcionado...

La voz de Vor'Kael hizo vibrar el lugar.

—Décimo Comandante.

Adrael no respondió.

Vor'Kael se levantó lentamente.

—Te envié a traerme a la diosa y a sus guardianes.

Dio un paso hacia él.

—Y regresaste sin ninguno.

Otro paso.

—Fuiste derrotado.

Adrael sostuvo su mirada.

—Y ahora...

Vor'Kael se detuvo frente a él.

—Osas mentirme.

Por primera vez, la serenidad de Adrael se quebró ligeramente.

Sus ojos se abrieron apenas.

Vor'Kael inclinó la cabeza.

—¿De verdad creíste que no lo notaría?

Levantó una mano.

—Puedo sentirla.

Adrael dejó de respirar durante un instante.

Vor'Kael acercó lentamente la mano hacia él.

—La energía de Kael'Varya permanece sobre ti.

Sus dedos se posaron sobre el hombro del comandante.

Adrael tensó inmediatamente el cuerpo.

Vor'Kael lo observó fijamente.

—Pensé que me respetabas más...

Una sonrisa apenas perceptible apareció en su rostro.

—Hijo mío.

Adrael bajó la mirada.

No respondió.

La energía de Vor'Kael aumentó ligeramente.

El cambio fue pequeño, pero suficiente.

El aire de la habitación se volvió pesado. La presión cayó sobre los hombros de Adrael como si una fuerza invisible intentara obligarlo a inclinarse.

Aun así, permaneció en silencio.

No tenía nada que decir.

O, mejor dicho, había cosas que había decidido no decir.

Su código de batalla pesaba sobre él.

Kael'Varya lo había derrotado.

Había aceptado aquella derrota y la muerte que debía acompañarla. Para Adrael, lo ocurrido durante aquel enfrentamiento pertenecía a la diosa y a él.

No traicionaría ese principio.

Además, sabía algo con certeza.

Vor'Kael no lo mataría.

Lo necesitaba.

De lo contrario, jamás le habría concedido aquel poder de resurrección.

Así que Adrael prefirió guardar silencio.

Vor'Kael esperó.

Un segundo.

Dos.

Tres.

Nada.

La expresión del dios se endureció.

Se inclinó lentamente hasta quedar a la altura de su comandante.

Adrael continuó mirando hacia el suelo.

Vor'Kael extendió una mano y sujetó su rostro.




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