Narra Estefanía
Hacía unas horas, Christopher nos había informado de que tendríamos que trasladarnos a otro escondite, ubicado en el Vael’droth Kaer’vyn (Mundo del Corazón).
Era lo más prudente. Después de lo ocurrido, era casi seguro que el grupo de Vor'Kael enviaría más hombres en nuestra búsqueda y, si queríamos tener mayor libertad para continuar con las investigaciones, debíamos evitar que descubrieran nuestra ubicación.
Nuestros aliados ya estaban guardando las pocas pertenencias que tenían, mientras yo ayudaba a mis niños a organizar y recoger los documentos de la oficina de Christopher.
Cuando terminamos, decidí ir a buscarlo.
Recorrí parte del lugar, pero no conseguí encontrarlo. Finalmente, vi a varias personas conversando cerca de uno de los pasillos y me acerqué a ellas.
En cuanto me vieron, interrumpieron su conversación e hicieron una reverencia.
—Mi señora —dijo una de ellas con respeto—. ¿En qué podemos ayudarla?
Todavía me resultaba extraño que tantas personas reaccionaran de aquella manera al verme.
—Estoy buscando a Christopher. ¿Saben dónde está?
Una joven dio un paso al frente.
—Yo puedo llevarla con él, mi señora.
—Gracias.
Comenzamos a caminar.
Mientras avanzábamos, me fijé mejor en ella.
Era muy joven.
Demasiado joven para estar involucrada en una guerra como aquella.
No parecía tener más de dieciocho años.
La curiosidad terminó ganándome.
—¿Cómo te llamas?
La muchacha me miró de reojo y respondió con cierta timidez:
—Me llamo Elaen.
—Elaen... —repetí—. ¿Cuántos años tienes?
—Dieciséis, mi señora.
Me detuve.
—¿Dieciséis?
Ella también se detuvo y me miró.
—Sí.
—Eres muy joven para estar involucrada en esta guerra.
Por primera vez, la timidez desapareció ligeramente de su expresión.
—No se preocupe, mi señora. Fue decisión mía entrar en ella.
La firmeza de su respuesta despertó todavía más mi curiosidad.
—¿Por qué?
Elaen guardó silencio.
Durante unos segundos pareció debatirse entre responderme o continuar caminando. Finalmente, suspiró.
—Porque el grupo de Vor'Kael mató a mis padres y a mis hermanos.
Me quedé inmóvil.
La firmeza que había mostrado hacía unos instantes comenzó a quebrarse.
—Los mataron solo porque yo poseía un poder extraño para esta época.
Su voz tembló.
—Mis padres, cuando comenzaron a darse cuenta de que había heredado ese poder, me dijeron que jamás debía mostrárselo a nadie. Yo era la primera de mi familia que lo manifestaba después de muchas generaciones.
Bajó la mirada.
—Pero un día, cuando regresaba a mi casa, uno de los hombres de ese grupo intentó aprovecharse de mí. Pedí ayuda... —tragó saliva—, pero todos pasaban de largo. Tenían miedo de lo que pudiera ocurrirles si intervenían.
Sus manos se cerraron lentamente.
—Entonces mi instinto de supervivencia se activó. No lo hice conscientemente. Simplemente... mi poder apareció.
Noté que evitaba explicar en qué consistía.
—Elaen —la interrumpí con suavidad—, ¿cuál es tu poder?
Su reacción fue inmediata.
Me miró con desconfianza.
Aquello me hizo comprender algo.
Aunque aquellas personas me vieran como su diosa, eso no significaba que confiaran completamente en mí.
Ellos sabían quién era Kael'Varya.
Pero no conocían a Estefanía.
Me acerqué y puse una mano sobre su hombro.
—No tengas miedo. No quiero conocer tu poder para utilizarlo. Solo quiero comprender mejor tu historia.
Elaen me observó durante varios segundos.
Después bajó la mirada.
Cuando volvió a levantarla, algunas lágrimas descendían por sus mejillas.
Con delicadeza, las limpié.
Entonces la escuché hablar en voz baja.
—Mi poder... consiste en dividir mi alma en muchos fragmentos.
Me quedé quieta.
—¿Dividir tu alma?
Elaen asintió.
—Eso hace que sea casi imposible que muera.
Sentí una extraña inquietud.
—Cuando mataron a mi familia, escuché a uno de ellos decir que un poder como el mío le serviría a Vor'Kael. Que podría adueñarse de él y hacerse todavía más poderoso.
La observé intrigada.
Había algo en aquella historia que no terminaba de comprender.
—¿Cómo se manifestó tu poder cuando esos hombres te atraparon?
Elaen respiró profundamente.
—Como le dije, mi señora, se activó mi instinto de supervivencia. De manera inconsciente, comencé a dividir mi alma. Esas divisiones aparecieron para protegerme y mataron a dos de los hombres que me estaban sujetando.
Hizo una pausa.
—Los demás eran más fuertes. Las eliminaron enseguida.
Su expresión cambió.
—Uno de ellos podía leer mentes.
Sentí un escalofrío.
—Así descubrió dónde estaba mi casa.
Elaen apretó los labios antes de continuar.
—Nos dirigimos hasta allí. Me ataron y me obligaron a presenciar cómo mataban a mi familia... uno por uno.
No dije nada.
No había palabras que pudieran aliviar algo así.
—Pero mi hermano mayor consiguió invocar un hechizo para distraerlos. Logró desatarme y me dijo que corriera.
Una lágrima volvió a escapar de sus ojos.
—Me dijo que no me detuviera.
Elaen respiró profundamente.
—Y eso hice. Corrí hasta que choqué con unos viajeros. Ellos formaban parte del grupo que ayudaba a los guardianes. Me acogieron y llevo más de tres años con ellos. Hace ocho meses conocí a los guardianes...
Entonces me miró directamente.
—Y ahora la conocí a usted, mi diosa.
No pude contenerme.
La abracé.
Elaen se quedó rígida durante un instante, sorprendida por mi reacción.
—No te preocupes —le susurré—. No dejaré que vuelvan a lastimarte.
Poco a poco, sentí cómo sus brazos me rodeaban.