Kami

El funeral

La mañana después de las inquietantes llamadas nocturnas, Hikaru se despierta con la pesadez de la realidad asentándose una vez más sobre él. Aunque el día está apenas comenzando, la noticia de la muerte de Yasuhiro ya ha dejado su marca.

Con una sensación de deber, marca el número de su madre. Cuando ella contesta, su voz lleva el tono de alguien que ha perdido algo valioso, un eco de la conmoción que siente toda la familia.

—Hikaru, has oído lo de Yasuhiro-san, ¿verdad?     —pregunta su madre.

—Sí, mamá, es una noticia terrible —responde Hikaru, intentando mantener la compostura—. ¿Cuándo será el entierro?

—Han dicho que en dos o tres días —dice ella—. Tendremos que ir, por supuesto.

—Por supuesto mamá, estaré allí.

Hay una pausa en la conversación, un silencio lleno de todas las cosas que se quedan sin decir. Luego, con un cambio de tono, Hikaru introduce la idea del viaje a Lima.

—Mamá, he estado pensando... después de todo esto, podría ser un buen momento para que hagas ese viaje a Lima que siempre has querido. Podría ser un regalo para ti... y para Ana María.

La propuesta es recibida con sorpresa y un breve destello de alegría en la voz de su madre.

—Eso suena maravilloso, Hikaru. Pero hablemos de ello después del entierro, ¿de acuerdo? No es el momento para hacer planes.

Hikaru siente una mezcla de alivio y frustración.

—Entiendo, mamá. Hablaremos después.

 

Dentro de la religión sintoísta, existe la creencia de que cada persona alberga un kami (espíritu divino) en su interior que está atado y debilitado dentro de su cuerpo. Al morir, este espíritu recobra su poder y sale de las entrañas del difunto.

Un funeral japonés, sōgi, incluye un velatorio, una incineración del fallecido y un entierro.

Antes del velatorio el cuerpo se lava y los labios del difunto se humedecen con agua, en una ceremonia llamada el agua del último momento, "Matsugo-no-mizu".

El velatorio, o tsuya, comienza nada más terminar de preparar al fallecido.

Los asistentes van a ver a la familia para darles el pésame. Llevan consigo unos sobres de condolencia con dinero, llamados kodenbukuro y toman asiento en el lugar correcto para prepararse antes de la oración. La ofrenda del dinero se hace siempre en un sobre cerrado. Hay sobres especiales para los funerales. Dentro se ponen billetes usados, ya que utilizar billetes nuevos se considera que da mala suerte.

El sacerdote dice unas palabras y lee algunos textos budistas desde el altar. Después, mientras canta unos mantras budistas, invita a la familia, amigos y compañeros a que se acerquen para ofrecer incienso, que se colocará alrededor del cuerpo del difunto, para que el humo que sube le indique el camino hacia el cielo.

Tras velar el cadáver, se hace el funeral en sí, con una ceremonia religiosa llamada ososhiki, que es la ceremonia fúnebre. Esta empieza ofreciendo incienso una vez más al fallecido, como una forma de llamar a los dioses. Y culmina con la presentación de flores dentro y alrededor del ataúd, antes de cerrarlo.

Una vez sellado el ataúd se lleva al crematorio y tras una última oración se prende hasta reducirse a cenizas. Son los familiares los encargados de retirar de las cenizas los huesos y restos que no hayan ardido. Esto se hace con unos palillos largos especiales, hechos con bambú.

Esta práctica tras incinerar se llama kotsuage. Los huesos serán colocados en una urna para enterrar posteriormente. Por este motivo se considera de mal agüero que dos personas se pasen comida con los palillos cuando están en la mesa, ya que recuerda a este acto.

El siguiente y último paso es el entierro.

 

Hikaru se viste con su traje negro. Se observa en el espejo, ajustando su corbata, también negra, con su mente ya anticipando el velatorio.

El Tanatorio, ubicado discretamente en las afueras de Shinjuku, es un edificio diseñado para proporcionar un espacio de tranquilidad y respeto. Su arquitectura sencilla y elegante, con líneas limpias y espacios abiertos, ofrece un ambiente de serenidad y recogimiento.

El velatorio de Yasuhiro se desarrolla en una sala amplia, donde los familiares, amigos y asociados se congregan para rendir sus últimos respetos. Los murmullos suaves de condolencias se entremezclan con el aroma de las ofrendas florales que adornan el ataúd y los altares temporales. Hikaru se une a los dolientes, su presencia discreta pero su mirada aguda, siempre consciente de los rostros que lo rodean.

El proceso de los rituales culmina con la incineración, un paso final en la despedida terrenal de Yasuhiro. Los familiares más cercanos observan en silencio, el aire cargado de emoción contenida y el sutil crujido del fuego que marca el último adiós.

El entierro se lleva a cabo al día siguiente, en el templo Kanei Ji, un lugar de paz y belleza histórica cerca del parque de Ueno. Este templo, con sus jardines cuidados y su arquitectura tradicional, es un contraste con el bullicio de Tokio. Aquí, entre antiguos árboles y monumentos de piedra, se guarda la urna con las cenizas de Yasuhiro. La ceremonia es íntima, marcada por la solemnidad, mientras el sacerdote ofrece oraciones para guiar el espíritu de Yasuhiro en su viaje hacia la eternidad.

Mientras la ceremonia del entierro llega a su fin y la gente comienza a dispersarse, Hikaru se prepara para partir rápidamente del templo Kanei Ji. Aún sumido en sus pensamientos, sopesando sus próximos movimientos, una voz familiar lo detiene en seco.

—Hikaru-san, sígueme —dice una voz femenina suave pero firme detrás de él. Al girarse, se encuentra con Hiroko, la misma mujer que había conocido en el Keio Plaza y que misteriosamente había desaparecido. Ahora está ahí, frente a él, con una expresión seria, casi urgente.

Cerca de ellos, un elegante coche negro espera, con el motor en marcha y la puerta trasera abierta. Hiroko hace un gesto hacia el vehículo.



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En el texto hay: crimen, japon, tokio

Editado: 22.05.2024

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