Con los años, Angélica consiguió trabajo en otro lado y se alejó de nuestra cotidianidad. No sé realmente cuáles fueron los motivos de su partida, pero el contacto se enfrió y solo la veía cada tanto, muy de manera esporádica.
Mucho tiempo después, supe de ella de una forma completamente indirecta y azarosa: una compañera de escuela de mi hija resultó ser, de manera increíble, sobrina directa de Keika. A través de los comentarios de esa veta familiar nos enteramos de que, con los achaques de la vejez, se había vuelto una señora de un carácter complejo, "medio insoportable", al punto de que esa rama de sus parientes no la quería mucho ni la visitaba. Los giros de la vida.
Hacia el año 2009, Angélica ya cargaba con más de noventa años a cuestas. Su salud general estaba sumamente deteriorada y se encontraba cansada de la existencia. En su fe y en su soledad, le pedía a Dios con total lucidez que se la llevara pronto de este mundo. Ella era una de los dos últimos sobrevivientes de aquella inmensa barriada de hermanos de su juventud; el otro hermano restante padecía un cáncer terminal, y Keika tenía el íntimo y firme pánico de quedarse sola en la Tierra, no quería ser bajo ningún concepto la última en morirse.
Dios, en su infinita piedad, escuchó con atención sus ruegos diarios. Poco tiempo después, se la llevó en paz, cerrando el ciclo de aquella mujer que un día lejano, en las costas bravas de Rocha, se salvó en silencio gracias a las manos de una niña rebelde
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Editado: 06.10.2026