Kenkyona reigi

Capítulo 29: El flujo del Vael

El amanecer trajo una calma inusual a la fortaleza. Tras el electrizante torneo de los Cinco Grandes Maestros, todos los soldados de la delegación de Varkenia y las divisiones de Kriegstal fueron convocados al gran campo de maniobras. Por primera vez desde su llegada, los reclutas no fueron divididos en grupos de rotación; todos entrenarían juntos bajo la supervisión directa del Comandante Antón y los cinco pilares.

Antón avanzó hacia el centro del campo y alzó la mano para pedir silencio.

—Durante una semana entera han llevado sus cuerpos al límite físico —declaró el Comandante con voz grave—. Han probado la fuerza, la velocidad, la resistencia, la agilidad y la estrategia. Y han visto de lo que son capaces los maestros. Ahora ha llegado el momento de entrenar aquello que la mayoría de ustedes todavía no comprende en profundidad: el Vael.

Un murmullo de expectación recorrió las filas. A Máximo se le aceleró el corazón. Por fin iban a abordar el tema que tanto lo intrigaba. Aunque había presenciado batallas monstruosas de usuarios de Vael e incluso había manifestado esa energía en momentos de extrema desesperación, para él el Vael seguía siendo un misterio absoluto.

—Muchos aquí tienen una vaga noción de lo que es —continuó Antón, paseando la mirada por el contingente—. Pero para controlarlo no sirve la rabia ni el instinto ciego. Para liberar el Vael de forma consciente, el primer paso es la relajación. Deben acallar la mente, sentir cómo esta energía fluye en su interior y permitir que emane desde el corazón antes de dirigirla hacia afuera.

Los soldados se dispersaron por la hierba del campo y se sentaron con las piernas cruzadas. Máximo cerró los ojos y buscó regular su respiración. Intentó calmar los latidos de su pecho y rasgar la barrera invisible de su propio cuerpo. Al principio no sintió nada más que el frío del viento matutino. Sin embargo, tras varios minutos de concentración absoluta, percibió un cálido torrente que despertaba en el fondo de su pecho.

Le recordó de inmediato al instante en que liberó su Vael por primera vez en Varkenia, solo que esta vez no había un peligro mortal ni una explosión incontrolable. Ahora resultaba desesperadamente difícil canalizar esa corriente. Si intentaba moverla por todo el cuerpo a la vez, la energía se disipaba en el aire.

Máximo apretó los dientes y probó algo distinto: concentró toda su atención en una sola extremidad. Lentamente, una tenue aura translúcida y chispeante comenzó a envolver su mano derecha.

Máximo abrió los ojos y sonrió con fascinación. No era una explosión devastadora, sino apenas un destello. Pero el Vael había salido porque él se lo había ordenado.

A su alrededor, la mayoría de los reclutas sufrían para conseguir lo mismo. Varios ni siquiera lograban manifestar una chispa. De pronto, Máximo notó un brillo fluido a su izquierda: Timicha estaba de pie, moviendo el Vael con pasmosa naturalidad. La energía azulada de la joven fluía de su brazo derecho al hombro, descendía hacia la pierna izquierda y retornaba al torso sin romperse.

Máximo se quedó perplejo.

—¿Cómo demonios estás haciendo eso? —le preguntó a bocajarro.

Timicha parpadeó, disipando la energía, y se rascó la nuca con gesto apenado.

—No tengo la menor idea... Solo pienso a dónde quiero que vaya y la energía fluye. No sé cómo explicártelo.

Antón, que caminaba entre las filas observando el progreso de las tropas, se detuvo cerca de ellos.

—Está bien comenzar así —dijo el Comandante, asintiendo levemente—. Si por ahora solo pueden canalizarlo en partes específicas de su cuerpo, es un inicio correcto. El control total es una escalera que se sube escalón por escalón.

Antón extendió la palma de su mano derecha. Sin esfuerzo alguno, una pequeña esfera de viento comenzó a girar sobre su piel, cobrando la forma de un torbellino minúsculo que cortaba el aire con un silbido agudo.

Los reclutas cercanos ahogaron un gesto de asombro.

—Mi Vael está vinculado al elemento viento —explicó Antón mientras la esfera desaparecía en el aire—. Y mi afinidad física es la inteligencia. Por eso se me da bien el cálculo táctico y el control analítico de la energía.

El Comandante miró a todos para asegurarse de que memorizaran sus palabras.

—Deben entender que el cuerpo humano se divide en cinco tipos de afinidades físicas: Fuerza, Velocidad, Vista, Resistencia e Inteligencia. Su afinidad física determinará cómo responde su organismo cuando el Vael los potencie. Por ahora, su objetivo de Nivel 1 es aprender a movilizar esa energía para elevar sus capacidades físicas. Una vez que dominen eso, podrán pasar al dominio avanzado: desarrollar técnicas complejas propias, manipular la densidad del Vael y afinar su estilo de combate sin necesidad de buscar estados superiores. Un guerrero puede ser extremadamente mortífero solo perfeccionando su Vael básico y avanzado, sin necesidad de poseer un Entfesseln.

Un recluta del fondo levantó la mano con timidez.

—Comandante... Entonces, ¿qué es exactamente el Entfesseln?

—El Entfesseln es el pináculo al que puede aspirar un usuario de Vael —respondió Antón con solemnidad—. Pero no significa que un usuario necesite alcanzarlo para utilizar su Vael o desarrollar técnicas devastadoras. Pueden combatir, fortalecer sus cuerpos y utilizar sus afinidades durante años sin haber llegado a ese punto.

Antón cerró lentamente el puño, provocando una breve ráfaga de aire.

—El Entfesseln es otra cosa. Es liberar una capacidad superior que permanece inaccesible hasta que el usuario alcanza un determinado nivel de maestría. No reemplaza el Vael normal, sino que actúa como un segundo aire, un salto cualitativo. Pero repito, la energía del Vael se manifiesta a través de la Creación de objetos sólidos, la Invocación de entidades o la Manipulación directa del entorno sin necesidad de depender de fuentes externas y esto se puede lograr sin necesidad de acceder a un Entfesseln.



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En el texto hay: fantasia, accion, aventura

Editado: 12.10.2026

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