Kenkyona reigi

Capítulo 30: La chispa que se vuelve llama

El entrenamiento en la fortaleza de Kriegstal continuó a un ritmo implacable. Día tras día, el contingente de Varkenia y los soldados locales perfeccionaban la liberación y el flujo del Vael.

Con el paso de las jornadas, el estilo de cada uno de los Cinco Grandes Maestros se volvió transparente para los observadores. Todos tenían una identidad de combate definida que combinaba su afinidad elemental, su afinidad física y su aplicación práctica de la energía:

  • Bruno Hartmann (Afinidad física: Fuerza): Dominaba un Vael de Roca con el que no solo manipulaba la tierra, sino que podía generar extremidades gigantescas de piedra envolviendo sus propios brazos y piernas, multiplicando por diez su poder destructivo.

  • Lukas Schneider (Afinidad física: Velocidad): Utilizaba un Vael de Electricidad para moldear piezas de protección activa —guantes, coderas, rodilleras y calzado energético— que incrementaban sus reflejos y velocidad a niveles casi invisibles.

  • Felix Weber (Afinidad física: Inteligencia y Vista): Empleaba un Vael de Agua de una manera asombrosamente técnica, moldeando el fluido denso para materializar armas de fuego como pistolas y proyectiles hiperpresurizados de altísima precisión.

  • Matthias Keller (Afinidad física: Resistencia): Poseía una técnica donde el Vael actuaba como una armadura interna; endurecía la densidad muscular de su cuerpo para absorber el impacto de los golpes enemigos y devolver esa misma fuerza kinética en un contraataque directo.

  • Hannah Müller (Afinidad física: Vista): Manipulaba un Vael de Humo que le permitía desorientar el campo visual del rival mientras invocaba serpientes translúcidas de vapor denso que constreñían y rastreaban las articulaciones del enemigo.

Incluso entre las filas de las tropas de Varkenia, algunos soldados comenzaban a perfilar su Vael. Andrés, uno de los reclutas que había llegado junto a Máximo, poseía un Vael espacial de tipo Creación y una afinidad física de Vista. Su habilidad le permitía abrir portales de enlace. Aunque eran pequeños y tenían la estricta limitación de no poder transportar más de dos objetos o personas a la vez antes de colapsar, representaba una aptitud de valor incalculable.

Los únicos que aún buscaban la forma concreta de expresar su poder eran Máximo y Timicha. Se sabía que Timicha poseía afinidad con el agua y Máximo con el fuego, pero la forma en que aplicarían sus elementos dependía enteramente de su comprensión.

Durante una pausa en la teoría, Máximo recordó el estilo de combate de la Comandante Shadow. Su capacidad para curar heridas graves en segundos siempre le había parecido un milagro instantáneo.

Antón caminaba cerca de ellos cuando Máximo levantó la mano.

—Comandante Antón... ¿cómo funciona exactamente el poder de curar de la Comandante Shadow? ¿Es solo porque nació con un Vael especial?

Antón se detuvo y dejó escapar una sonrisa sobria.

—Ese tipo de Vael es extraordinariamente raro, Máximo. Pero no crean que Shadow simplemente abrió las manos y comenzó a curar. Para desarrollar un Vael de Recuperación, primero debió existir en ella una voluntad feroz de salvar a quienes la rodeaban. Y segundo... tuvo que estudiar anatomía humana, medicina y fisiología desde cero hasta dominar cada músculo, hueso y tejido a la perfección.

Máximo y Timicha abrieron los ojos de par en par.

—Sin esos años de estudio riguroso —continuó Antón—, su Vael de Recuperación no serviría para nada más que cerrar rasguños superficiales. El Vael responde al conocimiento del usuario. Cuanto mejor comprendan la naturaleza de su elemento y el cuerpo humano, más lejos podrán llevar sus técnicas.

Máximo permaneció en silencio. Hasta ese momento, había percibido a Shadow únicamente como una fuerza de la naturaleza, alguien bendecida con velocidad y poder devastador. Descubrir que detrás de su grandeza había miles de horas de estudio y disciplina cambió por completo la perspectiva que tenía de ella.

—Entonces no basta con querer golpear más fuerte... —murmuró Máximo.

—Exacto —asintió Timicha con la mirada encendida—. Si queremos estar a la altura, tenemos que estudiar tanto como entrenamos.

Así pasaron una, dos, tres, cuatro semanas. Un mes entero de entrenamiento ininterrumpido en Kriegstal donde la teoría, el combate cuerpo a cuerpo y la manipulación energética se fusionaron.

Una mañana soleada, en uno de los cuadrantes del patio central, Máximo y Timicha sostenían un enfrentamiento de práctica. Ambos intercambiaban combinaciones de puños y esquivas mientras conversaban con total naturalidad, denotando la enorme confianza que se había desarrollado entre ellos.

Máximo logró esquivar un gancho de Timicha y acorraló a la joven con una ráfaga de golpes fluidos, tomando la ventaja en el cuerpo a cuerpo. Timicha, sin perder la calma, dio un salto hacia atrás y canalizó una ráfaga de Vael de Agua desde la palma de sus manos, lanzando un chorro a alta presión que obligó a Máximo a cubrirse apresuradamente.

El impacto del agua hizo retroceder a Máximo varios metros por la hierba.

—¡Oye! ¡Eso no vale! —protestó Máximo limpiándose el agua del rostro con una sonrisa traviesa—. Sabes perfectamente que yo todavía no domino los ataques a distancia.

—En un combate real nadie te va a preguntar si estás listo o no, Máximo —respondió Timicha giñándole un ojo, manteniendo la corriente de agua orbitando alrededor de sus antebrazos.

—Bien, tú lo pediste.

Máximo exhaló despacio, acalló su mente y concentró el torrente de su pecho. Esta vez no le tomó minutos; en una fracción de segundo, un aura chispeante de llama pura envolvió ambos brazos hasta los codos. Lanzó un taconazo contra el suelo y se impulsó hacia adelante con una velocidad renovada, chocando sus puños encendidos contra los escudos acuáticos de Timicha.



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En el texto hay: fantasia, accion, aventura

Editado: 12.10.2026

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