Kenkyona reigi

Capítulo 35: El curso del agua

El vapor generado por el choque inicial comenzó a disiparse lentamente sobre la vegetación de Surarada. Timicha no esperó a que la niebla se borrara del todo: canalizó su Vael y desplegó una fina película de agua bajo las suelas de sus botas, deslizándose sobre el terreno con una agilidad y fluidez asombrosas, esquivando las flechas que Iori disparaba a ciegas desde la altura.

Con movimientos coordinados de sus brazos, no solo se desplazaba ella, sino que creaba pequeñas corrientes envolventes en el aire para desviar la trayectoria de las flechas enemigas, haciéndolas errar por milímetros.

Aprovechando el impulso, Timicha lanzó tres ráfagas continuas de agua desde lejos. Iori, sorprendido por la velocidad de aproximación, reaccionó materializando un denso escudo energético de Vael con el cuerpo de su arco, bloqueando el impacto fluido.

«¡Es mi oportunidad!», pensó Timicha.

Redujo la distancia a pasos agigantados, buscando convertir el enfrentamiento en un combate cuerpo a cuerpo donde el arco de Iori quedara inutilizado. Sin embargo, el arquero del Cuerpo Karasu demostró por qué ostentaba su rango: sin perder la compostura, dio un salto hacia atrás en el aire y disparó tres flechas a quemarropa. Timicha se vio obligada a frenar en seco y ejecutar giros defensivos con sus corrientes para desviar los proyectiles, perdiendo el terreno ganado y quedando nuevamente a distancia.

Iori tocó tierra a quince metros de ella y tensó la cuerda al máximo.

—No eres la única que sabe controlar el campo de batalla —dijo con frialdad—. ¡Lluvia de flechas!

La flecha principal disparada hacia el cielo se fragmentó en decenas de dardos luminosos que cayeron sobre Timicha desde todas las direcciones. Ella alzó ambas manos y comenzó a mover corrientes de agua a su alrededor con una precisión magistral, redirigiendo cada proyectil. Desde fuera, parecía que su defensa cubría un radio perfecto de 360 grados.

Pero Iori, con los ojos bien abiertos, no disparaba a ciegas. Observaba el comportamiento del Vael enemigo.

«Parece una defensa impenetrable... pero no lo es», analizó Iori en su mente. «Para mantener el flujo circular del agua, sus manos dejan aberturas milimétricas e imperceptibles cada vez que cambia el ángulo de rotación. Hay un microsegundo de desprotección».

Timicha, buscando romper la presión, concentró Vael en ambas palmas y disparó dos Balas de agua consecutivas. Iori se vio obligado a desplazarse de su posición para no recibir el impacto directo. Justo cuando ponía un pie en el suelo, Timicha ejecutó su siguiente movimiento:

—¡Corte de agua!

Extendió la mano derecha y liberó un chorro de agua a una presión tan brutal y constante que actuó como un láser penetrante a distancia. El hilo de agua cortó el aire y rasgó la pierna derecha de Iori, causándole una herida sangrante y profunda antes de que este pudiera esquivarlo por completo.

Iori soltó un gruñido de dolor y apretó los dientes, reincorporándose con dificultad. Sin embargo, lejos de entrar en pánico, utilizó la desesperación del momento a su favor.

—Caíste en la trampa, niña —murmuró.

Iori tensionó su arco y lanzó cinco flechas consecutivas contra Timicha. Pero esta vez, aumentó deliberadamente la masa de Vael, la velocidad y la densidad de la última flecha de la ráfaga.

Timicha movió las corrientes de agua de sus brazos para rechazar las primeras cuatro flechas con soltura. Pero cuando la quinta flecha llegó, la diferencia de potencia fue destructiva: la flecha atravesó la masa de agua de Timicha como si fuera papel y le impactó de lleno en el hombro izquierdo.

—¡Agh! —gritó Timicha.

La fuerza del impacto la hizo dar dos giros en el aire antes de caer duramente contra el suelo sobre la hierba. Se sujetó el hombro sangrante con la mano derecha, sofocada por el dolor punzante que le paralizaba parte del torso.

—El problema de mover el agua con las manos es que, si pierdes una, pierdes la mitad de tu control —sentenció Iori, avanzando lentamente mientras acomodaba otra flecha—. Estás perdida.

Timicha intentó reincorporarse rápidamente, pero Iori no le dio tregua y volvió a soltar una Lluvia de flechas.

Estando malherida y con un solo brazo funcional, Timicha a duras penas lograba esquivar y mover pequeñas corrientes defensivas para desviar los proyectiles que caían. Viendo su concentración al límite, Iori aprovechó la oportunidad y disparó una flecha potente directo a la cabeza de Timicha.

Ella reaccionó por puro instinto, ladeando el rostro en el último milisegundo. La flecha le rozó la mejilla, pero la distracción le costó caro: tres de las flechas secundarias de la lluvia le impactaron en la parte superior de la espalda. Aunque no tenían la potencia de la flecha principal, se clavaron en su piel, haciéndola ahogar un gemido de dolor.

Sabiendo que no aguantaría otro choque directo, Timicha se echó a rodar y se refugió detrás de una gran estructura de piedra cercana, intentando ganar unos segundos para estabilizar su respiración.

Iori simplemente ajustó la mira de su arco.

—El escondite no te servirá de nada.

Comenzó a disparar flechas cargadas de impacto pesado, pulverizando una a una las rocas y muros tras los que Timicha intentaba cubrirse. La mampostería volaba en pedazos, dejándola sin cobertura en cuestión de segundos.

Sintiendo el calor de la sangre correr por su espalda y su hombro, Timicha llegó a una conclusión definitiva.

«Él controla la distancia... si me quedo atrás intentando cubrirme con un solo brazo, me va a atravesar por completo», pensó apretando los dientes. «Tengo que quitarle la distancia. Aunque me cueste la vida».

Salió de los restos de la última roca destruida y comenzó a correr directamente hacia Iori.

El arquero entornó los ojos ante la temeridad de su rival y disparó una ráfaga de cinco flechas a máxima velocidad.



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En el texto hay: fantasia, accion, aventura

Editado: 12.10.2026

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