El crujido de las raíces bajo la tierra anunció la siguiente oleada de ataques. Picos de roca filosa brotaron del suelo en una secuencia mortal, buscando empalar a Santiago desde abajo. Sin embargo, el recluta de Varkenia no tocó el suelo: canalizó su Vael de agua para condensar pequeñas plataformas fluidas bajo las suelas de sus botas, desplazándose por el aire con una agilidad casi acrobática.
Desde la altura, Santiago contraatacó proyectando ráfagas continuas, pero Riku Saito cerró la distancia en un pestañeo, usando la fuerza bruta de su Vael terrestre para moldear puños de piedra densa y embestirlo a corta distancia.
Riku lanzó un puñetazo pesado hacia el rostro de Santiago. El recluta reaccionó de inmediato: alzó el brazo izquierdo y materializó un denso escudo de agua comprimida que amortiguó la embestida. La onda de choque dispersó gotas a alta presión en todas direcciones.
—¡Demasiado lento! —gritó Santiago.
Sin deshacer el escudo, hizo fluir el Vael hacia su mano derecha y materializó una larga lanza de agua sólida. Con un estocada limpia y precisa, atravesó el punto de unión de la armadura rocosa de Riku, destruyendo sus puños de piedra en mil pedazos.
Riku dio varios pasos hacia atrás, sacudiéndose los restos de mineral de las muñecas. Guardó silencio por una fracción de segundo, observando el patrón de movimiento de Santiago y la versatilidad de sus construcciones de agua.
«Es rápido en el aire y la densidad de sus armas es superior a la de mi roca estándar», analizó Riku en su mente, apretando los dientes. «Pero para mantener esas plataformas necesita estabilidad visual. No puedo pelear contra su agua... tengo que destruir el espacio que utiliza».
Santiago disparó una flecha de agua a alta velocidad desde su posición elevada. Riku reaccionó alzando una columna de roca gruesa desde la tierra que absorbió el impacto directo. Inmediatamente después, canalizó una gran masa de Vael y elevó esa misma columna de piedra hacia las nubes, ganando una ventaja de altura aplastante sobre el recluta.
Desde la cima de la estructura, Riku comenzó a descargar ráfagas de energía pesada. Santiago usó sus plataformas de agua para esquivar el bombardeo en el aire, moviéndose de un lado a otro como una exhalación azul. Viendo que el recluta no descendía, Riku inclinó su propia columna de piedra y la dejó caer con todo su peso directamente sobre Santiago.
—¡No me aplastarás con eso! —exclamó Santiago.
Hizo fluir Vael a su mano izquierda, moldeando una espada de agua de filo resplandeciente. Con un trazo diagonal perfecto, cortó la gigantesca masa de roca en dos mitades que se desmoronaron hacia los costados.
Riku aprovechó el instante de ceguera tras la destrucción de la columna para tomar distancia sobre el suelo firme. Desde allí, lanzó una violenta lluvia de rocas fragmentadas hacia la posición de Santiago.
El recluta sintió que tenía el control absoluto. Mantuvo la espada de agua en la mano izquierda y materializó un gran escudo en la derecha, interceptando el impacto de las piedras una tras otra. El estruendo de los minerales chocando contra el agua comprimida resonaba en todo el claro.
Sin embargo, en medio del caos de impactos, Riku ejecutó su verdadera trampa.
Aprovechando que la vista de Santiago estaba fija en la lluvia frontal, Riku hizo brotar una hilera de púas de roca directo desde el suelo, elevándose en diagonal hacia el aire.
¡CRACK!
Una de las púas atravesó limpiamente el muslo derecho de Santiago.
—¡AAGH! —gritó Santiago, perdiendo el control de su plataforma hídrica por el choque neurogénico de dolor.
La sangre brotó a borbotones mientras Santiago caía pesadamente contra la hierba. Riku no perdió un solo milisegundo: se lanzó en una embestida implacable, conectando una patada baja de roca. Santiago apenas pudo interponer el escudo para bloquearla, pero Riku usó su otro pie para desviar la defensa de Santiago con un barrido y le hundió un puño de piedra seco directamente en la cara.
El impacto le rompió el labio a Santiago y lo hizo rodar por el barro. Intentó reincorporarse y lanzar un tajo con su espada de agua, pero la profunda herida de su muslo volvió sus movimientos torpes y lentos.
Riku desarmó a Santiago con un golpe en la muñeca, atrapó la espada de agua en el aire y la usó contra su propio creador. El filo de agua comprimida cortó el escudo que le quedaba a Santiago, provocándole un corte profundo en la mano derecha.
—Qué buen filo tiene esto... —murmuró Riku, contemplando el arma de Vael con una sonrisa cruel—. Te mataré con tu propia creación.
Santiago cayó de rodillas, sujetándose la mano sangrante y respirando con pesadez. Riku alzó la espada de agua con ambas manos, preparándose para decapitarlo de un solo tajo.
Justo cuando el filo descendía hacia su cuello, el arma se disolvió instantáneamente, convirtiéndose en simple agua inofensiva que cayó sobre la cara de Riku.
La sonrisa de Riku se congeló.
—¡CAÍSTEEEEE! —bramó Santiago.
Aprovechando que Riku había bajado la guardia ante la desaparición del arma, Santiago condensó una pequeña daga de agua en su mano izquierda herida y se lanzó hacia arriba, buscando clavar el filo directamente en la yugular del oficial.
Riku reaccionó en el último microsegundo, atrapando la muñeca de Santiago a centímetros de su garganta.
—¡Maldito sea este mocoso! —gruñó Riku.
La pelea se convirtió en un choque brutal de resistencia pura. Santiago empujaba la daga con todo el Vael que le quedaba en el cuerpo, mientras Riku cubría su otra mano con roca filosa e intentaba abrirle el estómago a Santiago desde abajo.
Santiago bloqueó la mano de piedra de Riku agarrando el filo mineral directamente con su palma desnuda. La roca le cortaba la carne, tiñendo el aire con el olor a óxido de la sangre. Ambos luchadores temblaban por la tensión muscular. Santiago no lograba avanzar ni un milímetro con su daga, mientras que la garra de piedra de Riku se aproximaba lenta e indefectiblemente al abdomen del recluta.