El estruendo del destello eléctrico comenzó a disiparse sobre el suelo castigado de Surarada. Lukas Schneider permanecía erguido en el centro de la explanada, con pequeños arcos de electricidad dorada recorriéndole los hombros. A sus espaldas, William yacía sobre la hierba, respirando con extrema dificultad mientras intentaba estabilizar las seis perforaciones que sangraban en su pecho.
Máximo contempló a su amigo herido, con el corazón apretado por la angustia. Dio un paso hacia él, pero William levantó temblorosamente la mano derecha y le hizo un gesto tajante, negando levemente con la cabeza.
—S-sigue... avanzando... —articuló William con un hilo de voz—. No... te detengas aquí...
Máximo apretó los puños, sintiendo cómo las llamas de sus brazos chispeaban por la frustración. Miró al Gran Maestro de la Velocidad y luego al camino despejado hacia el norte. Sabía que cada segundo contaba para la supervivencia de Varkenia.
—¡No mueras, William! —exclamó Máximo, tomando impulso para salir disparado por el flanco.
Takeshi Ryu reaccionó al instante. Entornó los ojos y alzó el brazo cargado de plumas afiladas para interceptar la trayectoria del joven, pero Lukas Schneider ya no estaba en su posición inicial.
En una fracción de segundo, el Gran Maestro se plantó justo delante de Takeshi, cortándole la visión por completo y forzándolo a cancelar su ataque contra Máximo.
—Tu objetivo está aquí —sentenció Lukas, lanzando un derechazo fluido hacia el rostro del oficial.
Takeshi reaccionó por puro instinto defensivo, cruzando los antebrazos para bloquear el impacto. La fuerza kinética del golpe lo hizo retroceder tres metros sobre el barro. El oficial del Cuerpo Karasu abrió los ojos con sorpresa ante la abrumadora velocidad de reacción del maestro.
Lukas ajustó la posición de sus guantes y echó una breve mirada de reojo hacia William.
—No voy a permitir que arruines el futuro tan hermoso que estos jóvenes están construyendo —dijo Lukas con voz serena pero impenetrable—. Por eso... debo derrotarte aquí mismo.
Takeshi se reincorporó, sacudiéndose el barro del uniforme. Al bajar la vista, notó que en el punto exacto donde el puño de Lukas había impactado sus antebrazos, una pequeña chispa dorada de electricidad estática parpadeaba rítmicamente sobre su piel. Intentó retirarla con la mano, pero la chispa no le causaba dolor ni se podía disipar. Decidiendo ignorar el detalle, tensó los músculos de la espalda y liberó una ráfaga masiva de plumas afiladas a quemarropa.
Lukas no se inmutó. Para sus reflejos hiperdesarrollados, la trayectoria de los proyectiles parecía avanzar a cámara lenta.
El Maestro adoptó una postura baja de carrera.
—Velocidad del Rayo —pronunció.
Un estallido sónico retumbó en el claro. Lukas desapareció de la vista de Takeshi, dejando tras de sí una estela de rayos dorados. Antes de que el oficial de Nanseikoku pudiera girar la cabeza, un impacto devastador se hundió de lleno en su mejilla izquierda.
Takeshi salió despedido violentamente por el aire, pero la persecución apenas comenzaba. Lukas se convirtió en un borrón dorado que reaparecía en cada punto ciego de la trayectoria de caída: golpeó a Takeshi en las costillas desde la derecha, lo remató con un rodillazo ascendente desde abajo, lo envió en picado con un tajo de codo y lo volvió a interceptar a milímetros del suelo para descargar una patada envolvente sobre su torso.
¡BOOM! ¡BOOM! ¡BOOM!
Takeshi impactó contra la tierra con una violencia brutal, levantando una columna de polvo y escombros.
El cuerpo del oficial yacía sobre el surco del terreno, magullado y sangrando por múltiples cortes. Sin embargo, sobre cada punto de su cuerpo donde Lukas había conectado un golpe, parpadeaba una chispa eléctrica. Decenas de destellos dorados cubrían su pecho, rostro, brazos y piernas.
Lukas extendió ambas palmas abiertas hacia el cuerpo caído, cerrando el circuito energético.
—Arco Eléctrico —declaró el Maestro.
Un hilo conductor de alto voltaje se activó al instante entre las manos de Lukas y las decenas de chispas adheridas a Takeshi. Una descarga eléctrica masiva, de miles de voltios de potencia, atravesó el cuerpo del oficial de Nanseikoku. El estruendo fue ensordecedor y una columna de humo denso brotó del cuerpo de Takeshi mientras la corriente abrasaba sus meridianos.
Lukas bajó los brazos, exhalando un largo suspiro de vapor. La exhibición de velocidad y técnica había sido impecable. Se dio la vuelta para caminar hacia la posición de William y brindarle primeros auxilios.
Pero antes de dar el tercer paso, la piel del Maestro se erizó.
Un escalofrío helado le recorrió la columna vertebral. La presencia que emanaba a sus espaldas no se había apagado; por el contrario, estaba mutando a un nivel grotesco.
Lukas se giró de golpe. En medio del humo, Takeshi Ryu permanecía de pie, erguido y mirando fijamente hacia el cielo. Sus ojos, antes fríos y calculadores, ahora reflejaban una sed de sangre salvaje e incontrolable. Adoptó una postura encorvada, similar a la de un ave de rapiña a punto de cazar a su presa.
—KAKUSEI —bramó Takeshi con un rugido desgarrador.
Una marea gigantesca y sofocante de Vael azabache explotó de su cuerpo, agrietando el suelo en diez metros a la redonda. Las plumas de cuervo que anteriormente solo cubrían sus antebrazos y piernas comenzaron a multiplicarse y expandirse a una velocidad espantosa, cubriendo su torso, hombros, cuello y rostro. En cuestión de segundos, Takeshi quedó completamente enfundado en una armadura viviente de plumas negras afiladas como hojas de bisturí, adoptando la apariencia de un cuervo humanoide colosal.
Lukas comprendió al instante que la situación se había salido de control. Sin dudarlo, canalizó su máxima aceleración y se abalanzó contra el estómago de Takeshi para romper la transformación antes de que se asentara.