La calabaza del diablo

Todo tiene un precio

En el pequeño pueblo de Blackwood existía una antigua leyenda: cada noche de Halloween, una calabaza aparecía frente a la casa de alguien que deseaba algo con demasiada desesperación.

Quienes la encontraban podían pedir un deseo.

Pero todos debían pagar un precio.

Nadie creía en aquella historia hasta que Mateo, un joven de diecisiete años, encontró una calabaza negra frente a su puerta. Tenía ojos rojos tallados en la corteza y una sonrisa que parecía moverse cuando nadie la miraba.

Aquella noche, Mateo deseó recuperar a su madre, fallecida hacía tres años.

—Si de verdad puedes conceder deseos, tráela de vuelta —susurró.

La calabaza se iluminó desde dentro.

Una voz profunda respondió:

—Tu deseo será concedido. Pero mañana, a medianoche, vendré a cobrar.

Mateo pensó que se trataba de una broma. Sin embargo, a la mañana siguiente encontró a su madre sentada en la cocina, exactamente como la recordaba.

Lloró de felicidad al abrazarla.

Durante todo el día cocinaron juntos, hablaron y recordaron momentos felices. Pero al caer la noche, Mateo notó algo extraño: su madre no respiraba, su piel estaba helada y jamás parpadeaba.

—Mamá, ¿estás bien?

Ella levantó lentamente la cabeza.

—No debiste llamarme, hijo.

El reloj marcó las once y cincuenta y nueve.

Entonces, alguien golpeó la puerta.

La calabaza estaba allí, más grande que antes, con llamas rojas ardiendo en sus ojos.

Mateo intentó cerrar las ventanas, pero su madre lo sujetó de la mano.

—Escúchame —le suplicó—. Eso no me devolvió la vida. Solo utilizó mi rostro para llegar hasta ti.

La puerta comenzó a crujir.

De la calabaza surgieron dos brazos largos y negros. Una figura con cuernos apareció entre las sombras.

—Ha llegado la hora de pagar, Mateo.

El joven quiso huir, pero su madre lo abrazó por última vez.

—Te quiero, hijo. No permitas que se lleve tu alma.

Y, antes de que la criatura pudiera alcanzarlo, ella empujó a Mateo hacia la ventana.

Él cayó sobre la hierba y corrió hasta el bosque sin mirar atrás.

Cuando salió el sol, regresó al pueblo acompañado de varios vecinos.

La casa había desaparecido.

En su lugar solo quedaban cenizas y una calabaza ennegrecida.

Mateo la recogió y la arrojó al río.

Durante unos segundos creyó que todo había terminado.

Hasta que, esa misma noche, escuchó una voz conocida bajo su cama.

—Mateo, cariño… ¿por qué me abandonaste?

Se incorporó de golpe.

Dos ojos rojos brillaron en la oscuridad.

Y una pequeña calabaza comenzó a reír.



#66 en Terror

En el texto hay: deseo, miedos, calabaza

Editado: 30.10.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.