La Clase 6-B

Capitulo 6: Jugando con las mentes humanas

3:17 AM

Me arrepiento una y otra vez de no tener puesto un maldito abrigo. Después de haber llamado a Sebastián, el no dudo ni un segundo en salir de su casa y venir por mí en su moto. Está haciendo demasiado frio, el viento levantado el polvo provocándome un buen dolor de nariz, no puedo evitar mirar el cielo. Está lleno de oscuridad, la luna cubierta de nubes que no dejan que esta brille, aun así, las estrellas no se quedan atrás, no iluminan tanto como la luna, pero ver tantas en un mismo cielo… es simplemente hermoso.

- Llegamos – Sebastián apaga el motor de la moto y yo con cuidado, me bajo de ella.

Me arrepiento tanto de llevar un short de pijama y una camisa grande, no me cubre para nada de este maldito frio, y ni que decir de mis pies, que solo llevo chancletas, en fin, de algo me voy a tener que morir.

Estamos en una de las entradas que nos lleva en el interior de La Calle 27. Agradezco que Sebastián haya logrado localizar el celular de Santiago, lo malo en esto es que el celular está ubicado en el centro de La Calle 27, y ese lugar ya de por sí, es peligroso, pero puede que si actuamos rápido le ahorremos algo de tiempo a la policía mientras vienen en camino.

- ¿Qué tan lejos estamos del centro? – pregunto acercando mi vista hacia su pequeña laptop.

- No es tanto, pero no puedo evitar sentirme preocupado que sea lo que sea que haya atacado a Santiago siga por ahí. El olor a cigarro y a marihuana son más que suficiente para hacerme sentir incomodo en este lugar – y le doy toda la razón a Sebastián, este lugar que crea unas horribles sensaciones por el olor, el ambiente y la gente que vive acá. – Sostén mi laptop un momento – luego de tomar su laptop, Sebastián se quita su abrigo dejándose solo una camisa negra que traía por dentro.

- Toma, te vas a congelar – me quedo callada mirando su abrigo y luego a sus ojos esmeralda.

- No gracias, no es necesario.

- Si no fuera necesario no tendrías las uñas moradas.

Sin poder contradecirle Sebastián sonríe, mientras que yo me quedo en silencio.

- Se me cae el brazo – dijo canturreando. Tomo el abrigo y él toma su laptop.

Ahora por lo menos no voy a morir de frio.

Estuvimos caminando unos veinte minutos sin decir una palabra, Sebastián se mantiene concentrado en su laptop y yo mirando alrededor con una inseguridad e incomodidad.

- Maly ¿puedo hacerte una pregunta?

- Ahora mismo la estás haciendo, Sebastián. Pero adelante ¿Cuál es tu pregunta?

Hubo un silencio en el camino esperando su pregunta, Sebastián se detiene y me giro a mirarlo, encontrándome con un rostro serio de un chico que parece un príncipe.

- ¿Por qué quieres ayudar a Santiago? – un viento frio invade el ambiente, siento los pelos de punta.

- No entiendo tu pregunta, Sebastián – Sebastián suspira.

- Me explicare mejor. Ese tipo te intento tocar, te humillo con un video falsificado y encima tiene los huevos de ir a tu casa a pedirte ayuda para ir a un lugar peligroso, exponiéndote a un posible peligro y utilizándote de cerebro. Te vuelvo a preguntar ¿Por qué quieres ayudar a Santiago? – no me sorprende su pregunta, puedo entender el punto de vista que capaz tenga Sebastián con respecto a que este aquí intentando buscar a Santiago, pero no creo que Sebastián entienda mis razones, después de todo son muy amables.

- Quiero ayudarlo porque esto no se lo merece nadie. Entiendo que por lo que hizo, tú y muchas personas quieran que una persona como Santiago le pase lo peor, no creas que por ayudarlo estoy olvidando lo que hizo, no Sebastián, no creas que de la noche a la mañana voy a olvidar el asco que sentí cuando intento tocarme, Santiago merece pagar por sus acciones, pero esas acciones no se pagan con la muerte, la muerte es un camino muy fácil, lo que paso en esa llamada puede ser tanto como un asalto o secuestro, y tú sabes el final que tiene el noventa y nueve por ciento de esos casos.

- Terminan con la muerte.

- Exacto, por ello Santiago no merece ese final – una leve sonrisa se sale de mis labios, un Sebastián que no ha cambiado su expresión en toda la conversación finalmente sonríe.

- A veces creo que eres muy amable, Maly, y por eso temo por tu seguridad.

- ¿Es por eso que estas aquí ayudándome? – cuando dije eso las cejas de Sebastián se alzaron al mismo tiempo y su sonrisa desaparece, me rio en su cara por su inocente expresión. No se esperaba la pregunta – Voy a tomar ese silencio como un sí. Sigamos caminando, mis padres no saben que salí de casa.

No termino ni de dar cinco pasos cuando mi apodo es pronunciado otra vez.

- Maly – me detengo para volver a mirar a Sebastián, el permanece en silencio mirando a su laptop, sus ojos se encuentran con los míos, pero continúa caminando – olvídalo, no es importante.

Mi cara se llena de disgusto – No me jodas, mejor no me hables.

Sebastián se ríe de mi comentario.

Llegamos al centro de La Calle 27, el centro en un parque algo viejo y mal cuidado, nuestra principal misión es encontrar el celular de Santiago, pensamos que si encontramos el celular podremos encontrar a Santiago. Es una esperanza algo tonta. Estando ya en la zona nos ponemos a buscar.

- ¡Lo he encontrado! – veo el celular cerca de unos arbustos, lo tomo y veo que tiene la pantalla quebrada, de manera milagrosa enciende.

- Estará hecho mierda, pero funciona – dijo Sebastián guardando su laptop.

- ¿Pero sabes? Hay algo raro aquí…

- Así es, ¿En dónde está Santiago? – nuestras miradas confundidas se encontraban y al mismo tiempo intentábamos mirar alrededor en busca de una pista.

Hasta que el corazón se nos sobresalta al escuchar un ruido

- Sebastián ¿Eso es una moto? - mi corazón se acelera con el miedo, miro a Sebastián que está paralizado mirando en dirección donde se escucha el sonido de la moto ruidosa.




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