La Corona De La TraiciÓn

PRÓLOGO: Una corona de dos hermanas

El día en que Aurelia Valmont se convirtió en reina, su hermana gemela Seraphine le ajustó la corona con manos temblorosas. Las dos tenían el mismo rostro, los mismos ojos oscuros y la misma voz suave; sin embargo, desde niñas habían aprendido a ocupar lugares distintos.

Aurelia era la heredera, la que recibía lecciones de gobierno y se sentaba junto a su padre durante las audiencias.
Seraphine era la segunda hija, la que aprendía a sonreír cuando otros la felicitaban por los triunfos de
su hermana.

—Algún día tendrás una corona propia —le había prometido Aurelia cuando eran niñas, compartiendo una manta junto a la ventana — Y nadie podrá decirte que vales menos que yo.


Seraphine había guardado aquellas palabras durante años. Con el tiempo, dejaron de parecerle una
promesa y comenzaron a sonar como una limosna.

Cuando Aurelia se casó con Darien, heredero de una dinastía orgullosa y ambiciosa, Seraphine fue
nombrada dama principal de la reina. Estaba siempre cerca de ellos: escuchaba sus discusiones, conocía sus costumbres y veía cómo Darien besaba la mano de Aurelia ante la corte. También veía la forma en que él la observaba cuando creía que nadie miraba.

Al principio, Seraphine solo quiso saber qué se sentía al ser elegida. Después quiso que Darien la eligiera a ella. Y cuando él le dijo que la amaba, decidió creerle, aunque para hacerlo tuviera que destruir a la única persona que jamás la había abandonado.

Continuará...




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