Lucía dejó pasar dos segundos antes de contestar.
—Mi nombre en una lista no demuestra nada.
—Demuestra que alguien lo ha escrito —replicó Nicolás—. No me gusta quién tiene la lista.
Al otro lado del patio, Mateo la miraba desde la puerta de la enfermería. No se acercó.
—Comprueba de dónde salió el documento —dijo ella—. Yo comprobaré qué quieren que creamos.
Guardó el móvil y entró en el baño. Martina estaba junto al espejo, rodeada de dos compañeras del programa musical.
—La de la foto —susurró una.
Lucía abrió el grifo.
—La de la foto tiene oídos.
La muchacha se apartó del lavabo.
—Solo decía que los de seguridad no van buscando gente porque sí.
Lucía se secó las manos despacio.
—Qué suerte tienen los de seguridad de contar contigo como abogada.
Martina cerró el bolso.
—No eran policías. Ya lo ha explicado el instituto.
Su compañera se quedó callada.
Lucía miró a su hermana a través del espejo. Aquel gesto no borraba nada entre ellas. Pero lo había oído.
En el aula, Inés le había reservado el sitio. Encima de la mesa había una copia de los apuntes que se había perdido durante la denuncia.
—No tienes que dar explicaciones a todo el mundo —dijo.
—Qué pena. Había preparado diapositivas.
Inés se rio.
Ortega entró antes de que pudieran seguir hablando. Lucía pasó la siguiente hora con un problema de calibración, una mano en el bolígrafo y la otra descansando para no cargar el hombro.
Al salir, pidió a Inés que le enseñara una librería.
—Te acompaño. Pero antes mira esto.
En el móvil apareció un mensaje de una cuenta sin foto: «Hoy salimos a buscarte».
Lucía reconoció las faltas antes que el número.
Sonrió.
Inés la observó, horrorizada.
—¿Te hace gracia?
—Un poco.
Al doblar la esquina oyeron los motores. Tres motos se acercaron y frenaron junto a la acera. La primera era roja.
Bruno, que caminaba con Darío unos metros detrás, soltó una palabrota.
—Iván Roldán.
Darío dejó de mirar su carpeta.
Todo el mundo conocía el taller de los Roldán. Sobre todo desde que Iván había echado de allí a dos hombres de una empresa de control privado y había acabado una noche en comisaría.
El motorista se quitó el casco. Tenía una ceja partida y expresión de querer partir otra.
Inés apretó el brazo sano de Lucía.
—Ven. Cruzamos.
Lucía permaneció donde estaba.
Bruno se adelantó.
—Roldán, si tienes un problema, no es con ellas.
Iván ni siquiera lo miró. Caminaba hacia Lucía.
Darío dio un paso, pero ella habló primero.
—Apaga la moto.
Iván se detuvo.
—Está apagada.
—La de tu amigo. Y apartadlas de la acera.
El silencio fue tan brusco que se oyó el chasquido del último motor al apagarse.
El hombre al que todos esperaban ver perder los nervios se volvió obedientemente.
—Chicos. Las motos.
#980 en Fantasía
#564 en Personajes sobrenaturales
#499 en Thriller
#173 en Suspenso
Editado: 01.11.2026