La deuda del azahar

14. TRABAJO, NO CARIDAD

Mateo levantó la vista cuando Lucía dejó el informe sobre su mesa.

—Lo sabías.

Adrián, que ordenaba el armario, se quedó quieto.

Mateo leyó la fecha señalada.

—Lo del lote, sí. No sabía que lo habías utilizado.

—¿Qué hiciste?

Él abrió un cajón.

Lucía no se sentó. Lo vio sacar una carpeta con dos acuses de recibo y una reclamación.

—Pedí la retirada. Me confirmaron que la habían completado.

—Y tú aceptaste la confirmación.

Mateo sostuvo su mirada.

—Sí.

Ella deslizó su móvil sobre la mesa, con el contacto de Teresa abierto.

—Mándale eso. Incluida la respuesta que te dieron. Sin tachar nombres para proteger a tu familia.

Adrián se volvió hacia él.

Mateo abrió el correo.

—¿Algo más?

—Sí. Una copia para mí.

El teléfono vibró un minuto después.

Lucía comprobó los adjuntos.

Había esperado una discusión. Encontrarse con una decisión le quitó de las manos una parte de la rabia, y eso le molestó casi tanto.

En la pared vio el anuncio del puesto temporal de digitalización.

—¿Quién contrata?

—El instituto —respondió Adrián—. Material no clínico. Inventarios y facturas.

—Quiero hacer la prueba.

Adrián le entregó una hoja.

—Administración, mañana a las nueve.

Mateo observó el anuncio y después a ella.

—Hay trabajo atrasado.

—Mejor. Así sabré si me necesitan por lo que hago.

Al salir, él la alcanzó junto al patio.

—Lucía.

Ella se volvió.

La cercanía le trajo aquel olor amargo bajo el jabón. Su cuerpo reaccionó antes que su paciencia.

Mateo lo notó. Se detuvo.

—Hay algo más que debería haberte dicho. Te reconocí por la mochila en una fotografía del laboratorio.

Lucía no retrocedió.

—¿Por eso me llamaste?

—Por eso miré dos veces. Te llamé por los parches.

—Mañana traes la fotografía.

—La tengo aquí.

Le ofreció el móvil.

Lucía lo cogió. En la pantalla se veía el pasillo ennegrecido, la puerta abierta y su mochila al fondo.

Había algo más en el encuadre.

Un carro metálico que no debería haber estado allí.

No dejó que su expresión cambiara.

—¿Quién te la dio?

—Un investigador del seguro.

—Pídele el archivo original. La resolución completa.

Mateo guardó el teléfono.

—¿Has visto algo?

Lucía se acercó lo justo para que tuviera que bajar la mirada.

—Sí. Que llevas días haciéndome preguntas con media información en el bolsillo.

Él no se movió.

—Ya no está en mi bolsillo.

Ella sostuvo sus ojos un segundo de más.

Después se marchó.

Al volver al aula, Darío estaba recogiendo los ejercicios. Inés le ofreció sus apuntes a Lucía para que copiara el enunciado que le faltaba.

Darío chasqueó la lengua.

—Para copiarlo entero, mejor no entregarlo.

Lucía levantó la vista.

—Recoge las hojas, Darío. Las conclusiones puedes dejármelas a mí.




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