La esposa abandonada - extras

Extra 2: Retomando mi vida

Sebastián

Aura mece a nuestro hijo en sus brazos mientras se queda dormido. Me impresiona su faceta como madre, luce más madura y segura. Le canta con suavidad y sonríe de una forma que antes no había visto. Es una sonrisa de alguien que protege, que ya no necesita a nadie para cuidarla.

Entrecierro los ojos contemplando mis manos, ajadas por el trabajo como pescador, recordando esos días en el mar en donde al mirar las olas siempre sentía que algo me faltaba. Y eso era Aura.

—Ya se ha dormido —me susurró en cuanto se acercó a la puerta luego de meter a Adrián en la cama.

No es su habitación, es el cuarto de invitados, Aura nunca planeó vivir en este lugar. Supongo que es a causa de los malos recuerdos que vivió en esta casa. Es por eso que hizo su vida lejos de aquí.

—¿Ha sido muy difícil? —le pregunté a Aura una vez que bajamos al primer piso.

Me miró confundida por un momento, luego sonrió mirando hacia las ventanas.

—Al principio sí, todo se me vino encima —señaló con calma—, de la nada me vi sola con un bebé, con mi padre; y un montón de cosas encima. Quisieron tomar la empresa y borrar todo tu legado. Gracias a Lucía, Martín y tu abogado, el señor Linares, pude hacerme cargo y tomar el lugar como presidenta. No estaba dispuesta a dejar que borraran todo el trabajo por el cual te sacrificaste tanto. Qué se olvidarán de ti...

Su voz se quebró en estas últimas palabras. La miré sin saber si debería sostenerle las manos y decir algo. Ella se levantó del sofá y me ofreció un jugo de frutas.

—Debes evitar el café estos días —indicó con seriedad por mi cirugía—. Ahora debo retirarme, hay una reunión en la empresa, cuida a Adrián.

—Aura... —exclamé y detuvo sus pasos—. Me haré cargo de la compañía, gracias por todo lo que has hecho hasta ahora. Ponme al tanto, desde hoy asumiré el cargo.

Su rostro cansado pareció iluminarse, y en seguida volvió a sentarme contándome todo lo que había pasado desde mi muerte.

Volver al edificio de la compañía familiar me hizo sentir como si el tiempo no hubiera pasado. Todo luce exactamente igual. Pero antes de entrar me detuve en la cafetería de al frente. Aura había llamado antes a Lucia y a Martín diciéndole que la esperaran allí. Sin mis credenciales no puedo acceder al piso, soy el dueño, pero todos creen que estoy muerto y podrían pensar que soy alguien que intenta engañarlos tomando la identidad de su fallecido jefe. Mi fallecimiento debe ser anulado por el registro civil antes de poder recuperar mis documentos.

Es por eso que antes fui a ver a Marcos Linares, mi abogado. Incrédulo fue a la cita y al verme casi pierde sus anteojos. Él se encargará de que pueda recuperar mi identidad.

Al entrar al local vi a los dos sentados de espaldas, Lucia sentada derecha revisa unas carpetas. Martín parece estar jugando con su teléfono. Siguen siendo los mismos de siempre.

—Ya veo que ustedes dos no cambian —exclamé y en cuanto lo hice se sentaron aún más derechos y voltearon sus rostros, asustados.

Pudieron reconocerme solo con mi tono de voz. Martín dejó caer su teléfono, y las hojas de Lucia se desparramaron por la mesa. Con sus ojos bien abiertos no reaccionaron de inmediato.

—Señor Montenegro... en verdad es bueno verlo con vida —señaló Lucia secándose las lágrimas.

—¡Jefe! Señor... está... ¡Está vivo! —secundó Martín.

En todos los años que Lucia ha trabajado para mí siempre se mantuvo imperturbable y seria, es la primera vez que la veo llorar así y sonreír de esa forma. Martín también parece emocionado aunque se controla.

—Les agradezco a ambos haber permanecido al lado de Aura, muchas gracias —les dije con mi mayor sinceridad.

Me miraron sorprendido, luego negaron con la cabeza.

—No es necesario que lo agradezca, sabemos cuanto ama a la señora Aura, y además también debíamos cuidar a su hijo —habló Lucia de inmediato.

La verdad es que ambos son leales, aun en mi ausencia procuraron apoyar a Aura, protegerla de mi propia familia.

—Ahora cuéntenme qué fue lo que pasó con Marcos Montenegro —pregunté arrugando el ceño.

Fue ahí donde me contaron todo, mientras más los escucho más siento el fuego ardiéndome en el pecho. No esperaron un día para querer amedrentar a Aura y aprovecharse de su juventud y falta de experiencia. Menos mal que Lucia y Martín estaban a su lado. Marcos Montenegro, un lejano pariente, quiso tomar mi lugar y cambiar todo lo que en años realicé.

Bufé de mal humor.

—Bien, ambos recibirán un bono extra. Ahora acompáñenme a hacerle una visita a mi familiar.

De inmediato tomaron sus cosas y subimos al auto y nos alejamos. Martín conduce debido a que no recupero aún mi licencia de conducir.

—¡No puede ser! —chilló la esposa de Marcos retrocediendo casi a punto de caer al piso luego de abrir la puerta y encontrarse conmigo—. Esto es imposible... ¿No estabas muerto? ¿O has venido por venganza? Le dije a mi esposo que no acosara a tu mujer...

—¿Qué está pasando? —refunfuñó Marcos molesto acercándose a la puerta y empujando a su mujer.

Pero al ver mi rostro toda su severidad desapareció en el momento. Se puso pálido, retrocedió y se afirmó de la puerta.

—Seb... ¡Sebastián Montenegro! Tú... eso no es posible, ¿cómo puedes estar vivo?

—¿Te sorprende o te decepciona?

Se apresuró a negar con la cabeza. Y luego sonrió con temor, es evidente que sabe que hizo mal.

—Me alegra, sí, me alegra saber que estás vivo... aunque...

Lo agarré del cuello de la camisa, elevándolo hasta que sus pies solo podían sostenerse de puntillas.

—Apenas me declararon muerto intentaste tomar la compañía y dejar fuera de la herencia a mi mujer y mi hijo —hablé con tono amenazante.

—Es solo... la madre de tu hijo... no... ¡No hay matrimonio! —se excusó temblando, quiere lucir rudo, pero su aspecto deplorable lo hace ver patético—. No están casados, yo pensé que ella no importaba. Pero si estaba dispuesto a ceder ante tu hijo, pero... ¿Estás seguro de que ese niño es tuyo?




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