La esposa abandonada - extras

Extra 3: Comencemos de nuevo

Aura

Lo quedé mirando, sorprendida.

—¿Vender la casa?

No me lo dijo el propio Sebastián, sino su mayordomo apenas había ido a verlo a su casa. Él no se encuentra salió temprano. Desde que volvió a asumir su trabajo como presidente de la compañía son pocas veces que he logrado encontrarlo.

Solté un suspiro, ¿será que planea cambiarse de ciudad?

—¿Se cambiará muy lejos? —le pregunté.

—No, dice que quiere comenzar desde cero.

Su respuesta me confunde aún más. Mi hijo corre por la alfombra, lo había traído con intenciones de que pudiera retomar el lazo con su padre, pero no sabía de esto. ¿Acaso quiere seguir adelante dejándonos a los dos atrás? ¿No ha cambiado en nada?

—Vamos Adrián —dije tomándole la mano a mi hijo.

Se detuvo y me miró confundido.

—¿Papá?

Con sus ojitos cargados de inocencia preguntó por ese hombre. Por primera vez me pregunta por él llamándolo "papá", me llevé la mano a la boca aguantando las lágrimas. Como decirle que para su padre es muy probable que nosotros solo seamos conocidos pero no familia.

—No está —respondí con un nudo en la garganta.

Un excompañero de la universidad me ofreció un cupo para trabajar en la filarmónica de su ciudad, pensaba rechazarlo, pero ahora sería mi única opción. Aunque tenga ahorros estos no serán eternos, y ya dejando mi trabajo como presidenta de las empresas de los Montenegro dejaré de recibir mi sueldo. Lo único que queda es la pensión de mi hijo, pero no corresponde vivir de ella, es el dinero de mi hijo.

—¿Ya se va? —me preguntó Arturo, el mayordomo, confundida ya que recién había llegado.

—Sí, había venido a hablar con Sebastián, si él no se encuentra debo irme.

—¿Aura? —la voz de Sebastián me detuvo en la puerta.

Nos encontramos frente a frente, y Adrián apenas lo vio saltó a sus brazos llamándolo "papá". Sebastián pasó de tener sus ojos en mí a fijarlos ahora en su hijo. Sonrió con una sinceridad que no me esperaba.

—¿Acabas de llamarme papá? —preguntó incrédulo.

Adrián movió la cabeza afirmándolo para luego echarle sus bracitos al cuello.

—Papá, no te vayas.

—¿Irme?

—Vas a vender esta casa, ¿cuándo planeabas decírmelo? ¿O la verdad no te importaba avisarme de esto? —reclamé arrugando el ceño.

Me miró con inocencia, y luego sonrió. Tensé mi rostro, ¿por qué me mira de esa forma? Me tomó de la mano, y aunque quise evitarlo me atrajo hacia él.

—Porque era una sorpresa —luego contempló el interior de su casa—. Este lugar carga con demasiados recuerdos... dolorosos. Por eso pensé que comprar una nueva casa sería empezar de cero.

—¿Qué quieres decir con eso? —pregunté molesta.

Bajó a Adrián de sus brazos y me tomó de ambas manos. Su actitud me confunde aún más.

—Aura, ¿podemos cenar esta noche?

—No es acaso lo que he estado haciendo ya —repliqué, he cenado con él más de una vez.

—No, hablo de salir a cenar afuera, solo tú y yo. Es que quiero... decirte algo.

Ese "quiero decirte algo" agitó mi pecho. Pero no quiero hacerme ilusiones, aun así acepté, será el momento ideal para decirle que me iré a vivir a otra ciudad por trabajo. Que las puertas de mi nuevo hogar estarán abiertas para que visite a su hijo. No le negaré a mi hijo su lazo con su padre.

Cuando le conté a mi padre sobre la invitación de Sebastián, arrugó el ceño. Adrián jugaba en el sofá sin prestarnos mayor atención.

—¿Piensas aceptarlo? —me preguntó con seriedad.

—¿Aceptar qué? —no entendí que quiso decirme con eso.

—Cuando un hombre invita a una mujer porque quiere aclarar algo, o es terminar la relación o formalizarla...

Lo miré por unos momentos antes de echarme a reír.

—No tenemos relación alguna, solo nos une ser los padres de Adrián.

—¿Y si te pide matrimonio?

Me atoré con el café que bebía, eso no es posible.

—No lo aceptaré —dije con seguridad—. ¿Por qué me casaría con él después de todo lo que ha pasado?

—¿Estás segura?

—¿Por qué crees que no?

—Porque tu primera reacción fue atorarte con lo que bebías.

Luce molesto, arrugué el ceño. No dije más, bajé la mirada.

—Todo entre nosotros comenzó mal, siguió mal, y terminó inconcluso. ¿Por qué estaría dispuesta a casarme entonces?

La verdad es que casarse no es mi opción. Nunca salimos en realidad, fueron solos encuentros y una relación sin principio ni final. Si Sebastián en realidad planea pedirme matrimonio me negaré, no será sano para ninguno de los dos.

Con eso en mente me di un baño, me cambié de ropa y salí. Estaba a punto de subirme a mi auto cuando Martín apareció conduciendo uno de los autos más elegantes de Sebastián. Nunca lo había visto usando este vehículo.

—El señor la espera en su cita —dijo abriéndome la puerta.

La cena es en el restaurante más lujoso de la ciudad. Todo parece haber sido decorado con especial esmero. Incluso todas las mesas, excepto en donde Sebastián está sentado, están desocupadas. ¿Acaso arrendo todo el lugar? Mi padre entonces tenía razón, planea ofrecerme matrimonio. Por un lado, quisiera aceptarlo, pero mi lógica me hace ver que esto no nos llevara a ningún buen camino.

Es mejor dejarlo todo en claro de una vez. Me acerqué a la mesa, él se colocó de pie, sonriendo sin ocultar su emoción. Me dolió verlo tan esperanzado, pero lo nuestro nunca tuvo un principio para darle un buen final como este.

—Sebastián yo no...

—Podemos comenzar de nuevo, desde el principio —dicho esto extendió su mano hacia mí—. Hola, soy Sebastián Montenegro, presidente de la compañía familia, soy algo bruto para tratar a las personas, pero me gustaría poder salir contigo. ¿Me aceptas?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.