La esposa del Duque de Hierro

La hija de Arven

La noticia llegó a Arven unos días después.

Liora estaba acompañada de su doncella caminaba por el jardín inspeccionado su jardín de tulipanes. En el camino a las bodegas, el mayordomo le dijo que su padre queria hablar con ella, era importante.

Liora llegó al estudio de su padre y tocó la puerta, su padre la recibió con una expresion relajada y le dio la noticia del compromiso.

Liora escuchó a su padre hablar del matrimonio sin interrumpirlo. Permaneció sentada con las manos juntas sobre su regazo mientras Theodore explicaba que debía convertirse en la esposa del duque de Valemont.

— ¿Darian? — preguntó ella

— Si

Liora conocia el nombre

Había escuchado historias sobre él . Algunos decían que era un hombre despiadado incapaz de sentir compasión por otros, que su ejército obedecia sus órdenes porque temían mas al duque que a sus enemigos. Que su mente estaba fragmentada tras su paso por la guerra.

— No tienes que amarlo — dijo Theodore. Solo tienes que sobrevivir a la vida de duquesa y cumplir con tus deberes de esposa.

Liora levantó la mirada, aquellas palabras le afectaron más de lo que quería admitir.

En su mente queria encontrar una razón para sentirse parte de aquel lugar, que el futuro que otros habían elegido para ella no seria su condena, pero no encontró palabras para responder.

— Puedes retirarte, tienes que darte a la idea como va a ser tu vida desde ahora.

Ella asintió y se retiró sin decir más.

Liora permaneció en silencio. Las palabras de su padre seguían dando vueltas en su cabeza

Las palabras "sobrevivir a la vida de duquesa", se repetía constantemente en su cabeza.

Esa noche, incapaz de conciliar el sueño, caminó por los pasillos del ducado hasta detenerse frente a una puerta que llevaba años sin abrir.

La habitación de su madre, esa noche entró en la habitación donde se conservaban algunas cosas, entre ellas un pequeño medallón de plata envejecido, con una pequeña flor grabada en la cubierta.

Tomó el medallón y rozo la superficie con sus dedos, sintiendo un nudo en la garganta sostuvo el medallón contra su pecho y permitió que las lagrimas fluyeran. Despues de unos minutos salio de la habitación con el medallón decidida a enfrentar lo que viniera.

— No voy a convertirme en una sombra — susurró.




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