La esposa del Duque de Hierro

Algo más que un matrimonio

Los días posteriores al ataque transcurrieron en un silencio extraño. Liora se recuperaba en sus aposentos aunque las heridas de sus muñecas comenzaban a sanar, el recuerdo de aquella noche seguía presente. Despertaba sobresaltada por las pesadillas, convencida de que aún estaba atada a aquel árbol, hasta que reconocía las paredes de su habitación.

Darian no se alejaba demasiado.

Había ordenado reforzar la vigilancia del ducado y, siempre que sus obligaciones se lo permitían, se aseguraba de visitarla.

—¿Cómo te sientes? —preguntó una mañana al entrar.

—Mejor —respondió Liora, con voz débil.

Darian observó sus muñecas.

—¿Te duelen?

Liora negó con la cabeza.

—Ya no tanto.

Él guardó silencio unos segundos.

Liora ya no evitaba a Darian cuando lo encontraba en los pasillos. Él, por su parte, comenzó a buscar su compañía con mayor frecuencia.

Cuando Liora volvió a salir al jardín, Darian comenzó a acompañarla algunas tardes. No siempre hablaban a veces simplemente caminaban entre las rosas mientras el viento movía suavemente las hojas.

Una tarde, Liora se detuvo frente a uno de los rosales que había cuidado desde su llegada.

—Creí que después de lo ocurrido no volvería a disfrutar de este lugar.

Darian la observó.

Liora soltó una pequeña risa.

Por primera vez desde el ataque, Darian también sonrió con el paso de los días, la distancia entre ambos comenzó a desaparecer.

Hasta que llegó la celebración.

El salón estaba iluminado por cientos de velas y la música llenaba el lugar. Los invitados conversaban mientras las parejas ocupaban el centro de la estancia.

Liora observaba desde un extremo cuando Darian se acercó.

—Baila conmigo.

Ella lo miró sorprendida

—¿Ahora?

—Ahora

Liora bajó la mirada hacia sus zapatos.

—No sé bailar

Darian extendió su mano

—Entonces deja de pensar en hacerlo perfecto.

Ella dudó unos segundos antes de tomarla.

—Es fácil decirlo cuando no eres tú quien puede pisarle los pies al duque de Valemont.

Darian soltó una pequeña risa.

—Intentaré sobrevivir.

Liora sonrió y comenzó a seguir sus pasos.

Al principio estaba nerviosa, pero poco a poco dejó de pensar en sus movimientos. La música los envolvió y, por un instante, olvidó todo lo ocurrido.

Cuando levantó la mirada, sus ojos se encontraron con los de Darian.

No había distancia, no había obligación solo eran ellos.

Aquella noche, Liora comprendió algo que llevaba tiempo intentando negar se había enamorado de él.

No del duque, no del hombre con quien había sido obligada a casarse sino de Darian.

Darian reconoció lo que sentía. Durante toda su vida había aprendido que amar significaba entregar al enemigo una debilidad que podía utilizar en su contra.

Pero Liora había demostrado ser diferente ella no lo hacía más débil. Lo hacía querer bajar las barreras que había construido durante años.




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