La noche había dejado huellas por todo Valemont: soldados heridos, puertas dañadas y caminos cubiertos de restos de la batalla.
Pero las campanas ya no anunciaban peligro anunciaban victoria. Poco a poco, los habitantes salieron de los refugios. Algunos buscaban a sus familiares; otros se abrazaban entre lágrimas al comprobar que estaban a salvo.
Liora caminó entre ellos, ayudando a organizar a quienes todavía necesitaban atención había pasado toda la noche junto a los heridos y apenas había tenido tiempo para pensar en lo ocurrido.
Escuchó unos pasos detrás de ella.
Darian se acercó.
Su armadura estaba cubierta de sangre y tenía algunas heridas menores.
—¿Estás bien? —preguntó.
Liora lo observó durante unos segundos.
—Algo cansada.
Darian asintió.
—Yo también.
Ella sonrió ligeramente.
Por un instante, ninguno dijo nada después de todo lo que habían vivido, permanecer allí, uno frente al otro, era suficiente.
Los siguientes días fueron difíciles la victoria no borró las pérdidas ni reparó las murallas de un día para otro los soldados enterraron a quienes no habían sobrevivido. Los habitantes repararon sus casas y los campos tuvieron que ser revisados antes de volver a cultivarse.
Darian se ocupó de reconstruir las defensas de Valemont Liora, por su parte, continuó ayudando a los habitantes y reorganizando los almacenes y refugios. Sus responsabilidades los mantenían ocupados, pero ahora había algo diferente entre ellos ya no necesitaban buscar excusas para encontrarse, coincidían durante la cena caminaban juntos por el jardín al terminar el día.
No hablaban siempre de sus sentimientos, hablaban de Valemont de lo que harían cuando las reparaciones terminaran. Y, poco a poco, comenzaron a hablar también de ellos.
Pasaron los meses las murallas fueron reparadas. Las aldeas comenzaron a recuperarse y los campos volvieron a producir.
Una tarde, ambos caminaron hasta las murallas el sol descendía sobre Valemont Liora apoyó las manos sobre la piedra reconstruida.
—Cuando llegué aquí, quería marcharme cuanto antes.
Darian la miró.
—Lo recuerdo.
—Ahora no estoy tan segura de querer hacerlo.
Él guardó silencio durante unos segundos.
—Yo tampoco quiero que te vayas.
Liora volvió la mirada hacia él.
No había una gran declaración en sus palabras solo una sinceridad que ninguno de los dos habría podido expresar meses atrás.
—Has cambiado —dijo ella.
—Tú también.
Liora sonrió.
—¿Para bien?
Darian dejó escapar una pequeña risa.
—Eso todavía estoy intentando decidirlo.
Ella le dio un leve golpe en el brazo.
—Eres imposible.
—Y aun así sigues aquí.
Liora lo miró.
Esta vez no respondió inmediatamente.
—Sí —dijo al final—. Sigo aquí.
Darian extendió la mano después de un instante, Liora la tomó caminaron juntos mientras el sol desaparecía detrás de las montañas.
—¿Qué ves? —preguntó Liora.
Darian contempló el horizonte.
—El futuro que todavía no conocemos.
—¿Y eso no te asusta?
—Un poco.
Liora sonrió.
—A mí también.
Darian la miró.
—Pero ya no me preocupa tanto.
—¿Por qué?
Él sostuvo su mirada.
—Porque ahora sé que no tengo que enfrentarlo solo.
Liora bajó la mirada hacia sus manos entrelazadas.
— Ya no
Las campanas comenzaron a sonar a lo lejos esta vez no había guerra solo una ciudad que comenzaba a recuperar su vida. Darian y Liora permanecieron en silencio durante unos momentos.
No sabían qué les depararía el futuro todavía quedaban secretos por descubrir y heridas que tardarían en sanar pero ya no eran los mismos dos desconocidos que habían llegado a aquel matrimonio.
Habían aprendido a confiar, a cuidarse y elegirse. Y quizá, con el tiempo, aquello que había comenzado como un deber podría convertirse en algo más.
Algo que ambos estaban dispuestos a descubrir juntos. Valemont tenía un nuevo comienzo. Y ellos también.
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Editado: 01.10.2026