Epilogo:
Había pasado casi un año desde aquella noche. Valemont ya no llevaba las cicatrices de la guerra de la misma manera.
En las plazas, los niños corrían entre los puestos del mercado y en las noches, las ventanas de las casas volvían a iluminar las calles. Valemont había vuelto a vivir.
En el ducado no era diferente Liora observaba su jardín con ímpetu las primeras flores que había plantado meses atrás habían crecido hasta cubrir los senderos se agachó para acomodar una de ellas cuando escuchó unos pasos detrás de ella.
—Todavía sigues aquí.
Liora se volvió.
Darian estaba apoyado contra el arco de piedra que conducía al jardín.
—Alguien tiene que asegurarse de que no destruyas mis flores —respondió ella.
Él levantó una ceja.
—¿Yo?
—Especialmente tú.
Darian sonrió.
Era una sonrisa que Liora había aprendido a reconocer una que antes casi nunca aparecía.
—Entonces supongo que tendré que tener cuidado.
Liora volvió a mirar el jardín.
—Está diferente.
Darian se acercó.
—Sí.
Por un momento observaron el jardín en silencio.
A lo lejos se escuchaban las voces de los habitantes y el sonido de las herramientas trabajando en las últimas reparaciones. La vida había regresado.
Darian extendió su brazo Liora la tomó sin pensarlo. Era un gesto sencillo pero ambos sabían cuánto había cambiado desde el día en que se conocieron.
—¿Te arrepientes? —preguntó Darian.
Liora lo miró.
—¿De qué?
—De haber llegado a Valemont.
Volvió la mirada hacia él.
—Al principio, sí.
Darian bajó ligeramente la mirada.
—Lo imaginé.
Liora sonrió.
—Ahora no.
Él levantó la vista hacia ella.
No hizo falta decir nada más. Porque algunas cosas habían dejado de necesitar explicaciones no sabían qué les esperaba en los años que vendrían todavía existían secretos sobre Blackthorn y preguntas acerca del pasado de sus familias que algún día tendrían que responder pero ya no eran los mismos.
Liora ya no era la mujer que había llegado a Valemont intentando desaparecer entre sus paredes y Darian ya no era el hombre que creía que el deber era lo único que podía sostener su vida.
Habían cambiado juntos, pero sin dejar de ser ellos mismos.
Darian apretó suavemente su mano.
—¿Caminamos?
Liora asintió.
Recorrieron el jardín mientras el sol descendía sobre las montañas a su alrededor, Valemont continuaba viviendo. Y mientras las últimas luces del atardecer cubrían Valemont, Liora comprendió algo:
Un hogar no era el lugar donde comenzaba una historia, era el lugar que uno elegía construir.
Darian caminó a su lado.
Ella entrelazó sus dedos con los de él en una complicidad que solamente ellos dos tenían.
Juntos continuaron avanzando Valemont había renacido y con él, también comenzaba una nueva historia.
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Editado: 01.10.2026