La esposa equivocada

Capitulo 1

En una casa como cualquier otra, a la vuelta de la calle de una de las calles donde viven las familias ricas, antes que el sol se alce al cielo ya había personas con las mismas ropas, en silencio, moviéndose dentro de las casas, en las cocinas y sirviendo la mesa. Sus pasos son silenciosos, con meticulosidad aprendida de años de servicio.

En la cocina, se pasa de mano de la cocinera a la sirvienta, de la sirvienta que lo emplata al mayordomo, quien lo lleva al comedor, hacia el criado, quien se encarga de los utensilios de mesa. Puesta ya la mesa, apenas el sol ya se asomaba con sus rayos, dando la señal de que ya amaneció y son las 6 a.m. La ama de llaves, arreglada, reexamina su propia ropa, que no tenga olor de cocina, poniéndose un trapo empapado de esencia desde hace un mes, que aún lo sigue usando hasta donde más se le permita.

Luego de hacer todo el proceso, sube a los pisos superiores. Va en orden: primero la madame, luego sus hijas.

Dos hermosas hijas, por un año de diferencia: la mayor, de cabellos negros lacios, con ojos café claro de doble párpado; es reservada en sus amistades, de carácter fuerte y sin tapujos al hablar. No tiene pudor en sus comentarios, no malintencionados, por lo que siempre asusta a los pretendientes.

La menor, con cabellos ondulados que le molestan al andar, piel más blanca, cabello negro con ojos marrones. Es extrovertida, le encanta hacer amistades y comprende a las personas, pero su carácter es débil en las decisiones: necesita que la guíen y no sabe expresar lo que de verdad piensa. Sus pretendientes la admiran, pero sienten, cuando la conocen, que por su amabilidad hacia todos por igual no tiene a ninguno en el corazón; así que también está soltera.

Las dos, una de 20 y la otra de 19 años, sin compromiso, hermosas jovencitas solteras con buena dote, se levantaban más temprano hoy de lo usual.

El día de hoy es el evento anual en la casa de los señores Liliwordth. La diferencia de las otras fiestas es que siempre enseñan algo nuevo: de los viajes de su marido, un invento de algún país, fruta exótica, animales e, incluso, una vez —para el rechazo de la familia Miller— trajeron un nativo de las tierras de América, donde los ingleses colonizaron. No era negro como los esclavos que siempre suelen ir de paso para América y ser vendidos. Un salvaje de esas tierras, más alto que en su vida pudo haber visto, trigueño, no tan quemado, y un porte salvaje, lleno de plumas de aves en su cabeza. Trenzas largas y unos ojos oscuros que parecen negros, aunque Sara podría jurar que son marrones oscuros como los de ella, pero más oscuros.

Las cadenas, grandes y pesadas, apretaban el cuello, brazos y tobillos de los pies. Se podía notar supurado, con exposición parcial de los huesos en pequeños orificios.

Sandra, la mayor, la que nunca piensa al hablar, dice:
"Veo que esto alimenta el morbo y la maldad de los corazones de todos. En estos tiempos en que aún tengan esclavos, en una era de cambios les gusta ser anticuados y salvajes. Ya no todos los americanos viven de eso; como he oído, las colonias se han unido y ahora son Estados Unidos de América. Ellos prosperan en la edad dorada mientras ustedes quieren vivir un retroceso."

Su comentario abrió un debate. Ingleses que se jactaban de su cultura se escandalizan por ser iguales que los ahora nacidos y bautizados americanos, que hablan un inglés tan salvaje y rápido. Otros sí creen en la modernización; ninguno ahora ve con buenos ojos que tengan atado a alguien como era antes.

Desde ese día, la familia Liliwordth no ve con buenos ojos a la familia Miller, especialmente a Sandra. Pero por la vergüenza de la sociedad aun los siguen invitando a sus fiestas.

La fiesta de las jóvenes prometedoras en matrimonio empieza temprano, donde el evento comienza en un lago, en medio de las chaperonas y de las madres o personas al cuidado. Las jóvenes pueden estar en el mismo bote con un caballero que las invite y conversan. El lago es pequeño; pertenece a la familia Liliwordth. Lo usan casi siempre para pescar o nadar en privado cuando no hacen eventos.

Apenas desayunan, las hijas Miller, con el permiso de su padre, se levantan de la mesa y suben, cada una a su dormitorio, a alistarse para el mediodía, estar listas y salir al lago.

Sandra, la mayor, llevaba un elegante vestido de seda color borgoña, adornado con encaje negro y pequeños detalles dorados. La falda se recogía en la parte posterior, formando un pronunciado bustle, mientras el delicado encaje cubría su espalda y se extendía hasta la cintura. Completada el conjunto con largos guantes negros y un pequeño abanico de encaje.

Sara la menor por su parte llevaba un delicado vestido de seda azul celeste, adornado con encaje marfil y pequeños bordados de flores. La falda caía con suavidad hasta el suelo y se recogía ligeramente en la parte posterior, formando un elegante bustle decorado con un gran lazo.

Unos guantes color crema y un pequeño abanico completaban su atuendo, mientras unas perlas adornaban su cabello recogido.

Suben a la carroza con su madre la cual llevaba un elegante vestido de seda en tono verde salvia, de corte sobrio y refinado. El corpiño estaba adornado con encaje marfil y pequeños bordados, mientras la falda, amplia y cuidadosamente recogida en la parte posterior, caía sobre el bustle con una gracia discreta.

Un broche de perlas descansaba sobre su pecho y unos pendientes a juego completaban su atuendo. A diferencia de sus hijas, no llevaba adornos excesivos; su elegancia estaba en la sencillez propia de una dama casada y respetada.

El chofer no necesita que le digan nada, ya estaba esperando para partir al evento, mientras el padre de la familia se queda trabajando hasta las 4 de la tarde para ir al salón de caballeros, tomar un rato hasta las 6 que es donde inicia el evento general dentro del gran salón.




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