Capítulo 2. La cena de los De Santis
Si alguien me hubiera advertido que casarme con Alessandro De Santis incluía una cena familiar con personas que probablemente habían cometido más delitos que yo errores amorosos, habría pedido un aumento antes de firmar.
Pero ya era tarde.
Estaba frente al espejo de mi habitación, intentando decidir cuál de los vestidos que me habían dejado me hacía parecer menos una mujer que acababa de vender su libertad.
Elegí uno negro, ajustado en la cintura, con una abertura en una pierna. Me recogí el cabello y me puse unos pendientes pequeños.
No iba a disfrazarme de princesa para agradarle a nadie.
Cuando bajé las escaleras, encontré a Alessandro esperándome en el vestíbulo.
Llevaba un traje oscuro y tenía esa expresión de hombre que jamás había recibido una mala noticia que no pudiera solucionar con dinero o amenazas.
Me observó unos segundos.
—Llegas tarde.
Miré el reloj.
—Son las ocho en punto.
—Te dije a las ocho.
—Y aquí estoy. ¿Esperabas que llegara ayer?
Suspiró.
—Esta noche necesito que te comportes.
—¿Qué significa comportarme?
—No discutir, no hacer preguntas indiscretas y no hablar de nuestros asuntos privados.
—¿Y si alguien me pregunta cómo nos conocimos?
—Diles que fue en una cena.
—¿Y cómo me enamoraste?
Alessandro me miró con absoluto desinterés.
—No tienes que decir que estás enamorada.
—¡Perfecto! Porque todavía no me recuperé del trauma de nuestra primera conversación.
Él se acercó y me ofreció el brazo.
—Sonríe.
—¿Así?
Le mostré una sonrisa exagerada.
—Una sonrisa normal, Valentina.
—Deberías haber contratado una actriz.
—Empiezo a pensar que cometí un error.
—Y yo todavía no cobré. Estamos a mano.
La cena se celebraba en una propiedad de la familia De Santis.
Cuando llegamos, un hombre abrió las puertas del automóvil y Alessandro bajó primero.
Después me ofreció la mano.
La acepté porque llevaba tacones y no tenía intención de romperme un tobillo antes de conocer a mis nuevos enemigos.
En el comedor había varias personas.
Una mujer rubia, elegantísima, de unos cincuenta años, estaba sentada en la cabecera de la mesa.
A su lado había una joven de cabello oscuro y un hombre de unos treinta años que sonreía como si estuviera esperando que comenzara un espectáculo.
—Alessandro —saludó la mujer.
Después me miró.
—Así que tú eres la nueva esposa.
La forma en que dijo nueva me hizo sospechar que había existido una colección anterior.
—Valentina Moretti. Mucho gusto.
La mujer no se levantó.
—Soy Beatrice, la madre de Alessandro.
—Encantada.
Su mirada recorrió mi vestido.
—Esperaba a alguien más... adecuado.
Sonreí.
—Yo esperaba una bienvenida más cálida, pero parece que ambos tendremos que acostumbrarnos a las decepciones.
El hombre que estaba sentado junto a ella soltó una carcajada.
Alessandro cerró los ojos durante un segundo.
—Valentina —murmuró.
—¿Qué? Estoy siendo educada.
El hombre se levantó.
—Soy Matteo, el hermano menor de Alessandro. Y debo decir que me agradas.
—Gracias. Vos también parecés menos peligroso que el resto.
—No te confíes —respondió divertido.
La joven rubia se levantó lentamente.
—Isabella.
Alessandro no hizo ningún comentario.
Yo miré a la mujer, después a mi marido y finalmente otra vez a ella.
Ah.
Interesante.
La exnovia.
Qué lindo. Mi primera cena familiar y ya tenía una enemiga.
—¿Y tú eres...? —pregunté.
—La mujer que estuvo al lado de Alessandro durante muchos años.
—Ah.
Sonreí.
—Entonces debes conocerlo bastante bien. ¿Me puedes decir dónde guarda la paciencia? Todavía no la encontré.
Matteo volvió a reírse.
Isabella apretó los labios.
Nos sentamos a la mesa.
Alessandro ocupó la cabecera y me indicó que me sentara a su derecha.
Beatrice comenzó a hablar de negocios, propiedades y una próxima reunión familiar.
Yo intenté concentrarme en la comida.
Había una pasta deliciosa, una carne que olía increíble y una botella de vino que probablemente costaba más que mi antigua heladera.
—¿No bebes? —preguntó Isabella.
—No mucho.
—Alessandro siempre ha preferido mujeres que sepan acompañarlo en sus reuniones.
—Qué suerte que ahora tiene una esposa que sabe acompañarlo a comer.
Matteo se atragantó.
Alessandro me lanzó una mirada.
Yo seguí cortando mi comida.
—Valentina —intervino Beatrice—, ¿a qué te dedicabas antes de casarte?
—A trabajar.
—¿En qué?
—En varias cosas. No tuve la suerte de nacer en una familia con una fortuna.
Beatrice dejó los cubiertos.
—No era una crítica.
—Por supuesto. Yo tampoco estaba presumiendo.
Alessandro se pasó una mano por el rostro.
Estaba empezando a sospechar que mi presencia iba a provocarle algunas canas.
—¿Cómo se conocieron? —preguntó Isabella.
Ahí estaba.
La pregunta.
Miré a Alessandro.
Él me miró a mí.
—En una cena —respondió.
—Qué romántico —comentó Isabella con una sonrisa venenosa—. ¿Y cuánto tiempo estuvieron saliendo antes de casarse?
—Poco —contesté.
—¿Tan poco?
—Sí. Alessandro es un hombre muy decidido.
Matteo bajó la cabeza para esconder su sonrisa.
—¿Y ya están esperando un hijo? —preguntó Beatrice.
Casi me atraganté.
Alessandro dejó la copa sobre la mesa.
—Madre.
—Solamente pregunto.
—No estamos esperando ningún hijo —respondí—. Aunque agradezco la preocupación. Todavía estoy aprendiendo a convivir con uno.
Matteo soltó una carcajada tan fuerte que tuvo que levantarse.
Alessandro me miró con una expresión que prometía una conversación bastante desagradable cuando regresáramos a casa.
Editado: 31.10.2026