
El problema con decirle a Dante que protegerme no significa encerrarme es que, tarde o temprano, tengo que demostrar que no estoy pidiendo libertad únicamente cuando resulta cómoda.
El sábado por la mañana estoy sentada en la biblioteca con tres pantallas abiertas, una carpeta de contratos de Russo Group, otra con sociedades vinculadas a Moretti Holdings y un café que ya se enfrió cuando Dante entra.
Se detiene en la puerta.
Me mira.
Después mira las pantallas.
—No.
Levanto la vista.
—Buenos días.
—No.
—Qué vocabulario tan amplio.
Se acerca.
—¿Qué estás haciendo?
—Trabajando.
—Es sábado.
—Eso nunca te detuvo.
—No estoy hablando de tu trabajo normal.
Cierra una de las carpetas.
La vuelvo a abrir.
—Evie.
—Dante.
—Te dije que estamos resolviendo esto.
—Sí.
—Entonces ¿qué haces con contratos de logística?
—Intento entender por qué alguien eligió específicamente Queens.
Su expresión cambia.
Ya no es el marido celoso o el hombre que quiere llevarme a la cama otros cinco minutos.
Es Dante Moretti.
—No necesitas saber eso.
—Incorrecto.
—Evelyn.
—La amenaza utilizó mi apellido y golpeó una ruta relacionada con una operación en la que participé. Necesito entenderlo.
—Nosotros nos ocupamos.
—¿Nosotros quiénes?
Silencio.
—Exactamente.
Me levanto.
—Dante, no estoy pidiendo una pistola ni quiero ir a buscar personalmente a nadie.
—Gracias a Dios.
—Estoy hablando de contratos.
Se cruza de brazos.
—Contratos que afectan estructuras que no son legales.
—No necesito conocer esa parte para entender el patrón financiero.
Ahora me escucha.
No significa que le guste.
Significa que dejó de pensar únicamente en cómo sacarme de la habitación.
—Explícate.
Giro una de las pantallas hacia él.
—Russo Group tiene cuatro contratos activos con compañías que utilizan la misma red logística de la operación atacada.
—Lo sé.
—Yo también. Ahora.
Señalo otro documento.
—Dos se renegociaron en los últimos seis meses. Uno pertenece a una subsidiaria que incorporamos después de Caldwell. El cuarto está por vencer.
—¿Y?
—Que si quisieran simplemente atacar a los Moretti, había rutas mejores.
Dante permanece inmóvil.
Eso me confirma que no estoy completamente equivocada.
—Queens tiene valor porque vincula públicamente nuestros nombres —continúo—. No están intentando hacerte perder dinero. Quieren demostrar que nuestra alianza crea vulnerabilidades.
—Eso ya lo sabemos.
—No. Sabemos que atacaron la alianza. Yo estoy diciendo que quieren que alguien reaccione.
—¿Quién?
—El mercado. Nuestros socios. El directorio. Tal vez mi padre.
La expresión de Dante se endurece.
—Quieren inestabilidad.
—Sí.
Abro otro archivo.
—Mira esto.
Dante se acerca.
Su hombro queda junto al mío.
—Después del ataque hubo movimientos pequeños en tres compañías vinculadas indirectamente a nuestras operaciones.
—Cuánto.
—Suficientemente poco para pasar desapercibidos. Demasiado coordinados para ser casualidad.
Dante lee.
Yo observo su cara.
—¿Compras?
—Venta en dos. Posición corta en otra.
Maldice en voz baja.
—Están apostando a que la alianza pierde valor.
—O a que nuestros socios creen que lo hará.
Silencio.
—¿Quién sabe que estás revisando esto?
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Editado: 21.09.2026