Los peones
Hubo varios capataces y peones que pasaron por el establecimiento a lo largo de los años, pero algunos dejaron una huella imborrable en nosotros, los niños.
Aidé
Yo no llegué a conocer a Aidé, estuvo en la estancia cuando mi mamá era una niña. Pero mi madre la recuerda con mucho cariño, así que decidí que Aidé merecía un lugar en este relato.
Era una cocinera del campo grande, cariñosa y muy cálida. Cocinaba muy bien, preparaba bizcochitos para el té y tortas fritas cuando llovía. Al caer la noche, nos reuníamos en la cocina. Nos sentábamos cerca del fuego cuando ya empezaba el tiempo fresco. Me tomaba en sus brazos cuando dormía. Ella acostumbraba fumar cigarros hechos con chala*. Nunca, si yo estaba a su lado. Canturreaba y yo me dormía, tranquila, confiada. Es una de los recuerdos más dulces de mi vida. Aidé y mamá se entendían muy bien. Durante el día, mientras ellas hacían las tareas, con su hijo, algo mayor que yo, hacíamos diabluras. Yo descubría así cosas de la vida que nunca olvidaré. Juntábamos huevos sin molestar a las gallinas cluecas, pelábamos arvejas, desgranábamos maíz, jugábamos con los perros y otros animales. Ella nos preparaba comidas riquísimas, y siempre estaba atenta a nuestras idas y venidas. La recuerdo con cariño, aunque sólo la veía cuando venía a trabajar en casa.
* Chala: f. Arg.., Bol., Chile, Perú y Ur. Hoja que envuelve la mazorca del maíz.