*Cambio de perspectiva, Ling'er*
Aún seguía abrazando a mi madre, pero mis ojos se quedaron fijos en su espada, posada sobre el suelo de piedra. Mamá continuaba acariciándome la espalda con esa calma tan suya; sin embargo, toda mi atención estaba atrapada por esa arma. Por alguna razón, no podía quitarle la vista de encima.
—Ling'er, ¿me estás escuchando? —preguntó con voz suave.
Me separé de ella lo suficiente como para mirarla a la cara. Apreté los labios con timidez y me agarré la falda con las manos, sintiendo cómo las mejillas se me sonrojaban de vergüenza. Me sentía casi como si me hubieran pillado en una travesura.
—Lo siento...
—No es nada. Pero... ¿por qué mi pequeña bebé está tan distraída?
Hice un puchero, me crucé de brazos y di un pisotón en el suelo.
—¡No soy una bebé!
—Sí, sí, mi Ling'er es toda una señorita.
—¡Mami!
Ella se rió entre dientes.
—Ya, ya. Dile a mamá en qué estabas pensando.
—En tu espada... Mami, te veías como una de esas hermosas diosas que describen los cuentacuentos. ¡Muy bonita! ¡Mamá se veía súper genial! —dije con gran entusiasmo, con los ojos brillándome como estrellas.
Mi madre se quedó en silencio unos momentos antes de regalarme una sonrisa cálida.
—¿Quieres aprender?
Parpadeé un par de veces, confundida. Luego incliné la cabeza hacia un lado, frunciendo el ceño con confusión, y me apunté con el dedo.
—¿Yo? ¿Acaso no... no me había estropeado papá? ¿Aún puedo aprender algo que no sea leer toneladas de libros aburridos?
—Para empezar, no son tantos libros —se rió con suavidad—. Y en segundo lugar, los principios del camino de la espada no requiere poder espiritual, sino esto —dijo, tocándome el pecho con la yema del dedo, justo sobre el corazón.
—¿Corazón?
—Corazón.
—No lo entiendo.
—Ya lo entenderás, no hay prisa. Por ahora solo respóndeme, Ling'er ¿quieres aprender?
—¡Sí que quiero!
—Bien, entonces desde hoy harás todo lo que te pida sin quejarte.
—¡Yo...!
—¿No querías encontrar un camino? —preguntó con una ceja levantada.
Hice una mueca de resignación y, finalmente, asentí.
—Entonces es un trato.
—Bien. Empecemos hoy leyendo dos pergaminos. Después tendrás que ir al pico de la montaña Feng Yuan y traer dos cubos de agua; solo entonces podremos empezar con la primera clase de espada.
—¡No...! ¡Así no terminaré nunca! —dije deprimida.
Suspiré pesadamente y, con paso cansado y tambaleante, me dirigí hacia mi patio con la intención de obedecer. Detrás de mí, mi madre sonrió mientras me observaba alejarme, murmurando para sí misma con ternura.
—Parece que he encontrado el modo de llegar a ti, pequeña tirana.
Desde ese día en adelante comencé a seguir al pie de la letra lo que mi madre me pedía, me levantaba a las seis de la mañana para sentarme a meditar en mitad del pico de nuestra montaña, según mi madre para hacerme uno con el entorno, aunque yo solo quería dormir o perseguir grillos por el césped.
El sol aún no había salido totalmente, el cielo era meramente purpúreo. Estaba sentada en posición de loto sobre la plataforma de meditación, justo al lado de mi madre, se veía tranquila, como si ni la brisa fresca o el rocío la molestaran. Yo suspiré y rode los ojos, aburrida.
—Mantén la espalda recta, inhala e exhala lentamente. Cierra tus ojos y deja de jugar con la hierba debajo de ti — dijo con completa calma.
—¡Yo...! —quise excusarme.
—Para dominar la espada debes tener un corazón firme y en calma, Ling'er. Apresurarse, dejarse llevar por distracciones... Esas cosas solo te nubla la razón haciéndote perder de vista la cima. Pregúntate, ¿Cuál es tu cima ahora mismo?
—¿Mi cima?
Dije retóricamente hacia mi misma, preguntándome en mi corazón, ahora mismo ¿Cuál era mi objetivo? Quería demostrar que no estaba rota, quería venganza por ese padre tirano, quería demostrarme a mi misma que podía volver a ser la de antes de algún modo. Solo necesitaba un camino para subir paso a paso, mientras no me rindiera estaba segura de que lo conseguiría, eso solía decirme a mi misma antes.
Pero ¿Y ahora que hay un camino? ¿Sigo pensando igual? Aún no tenía respuesta, pero confiaba de algún modo que encontraría la respuesta. Desde que empecé a entrenar con mamá, cada vez que tenía una espada de madera en las manos, de alguna forma se sentía familiar, correcto. Era complicado de explicar, pero mi corazón se aceleraba cada vez que tomaba la espada.
Cerré los ojos despacio y respiré hondo tal como mamá me lo había pedido. Mis oídos se agudizaron, oía a las golondrinas revolotear y graznar en alguna parte, la fresca brisa de la mañana meciendo la hierba a nuestro alrededor. A los hermanos de secta practicando en lo hondo del valle entre las montañas de las distintas ramas de cultivo de la secta. El valle estaba totalmente pavimentado en fino jade blanco, allí estaba la plataforma de desafío, el campo conjunto de entrenamiento, la pagoda biblioteca de nueve pisos. Abrí los ojos despacio, el suave viento meciendo mi flequillo.
—Mami ¿Porque yo no puedo hacerlo igual? —dije pensativa.
—¿Tú camino?— yo asentí. — Porque cada uno tiene su propio camino para recorrer. Eso no significa que vayas a ser mejor o peor en el futuro. Algunos genios crecen muy rápido, pero eso también es un problema si atrae la atención inadecuada, el corazón humano puede ser cruel, egoísta y celoso, Ling'er. Sin embargo un buen brote, creciendo despacio bajo la tormenta ¿Quién se pararía a mirar?
No atendía el significado profundo detrás de las palabras de mamá, yo solo asentí y miré hacia el cielo que gradualmente se tornaba naranja y cálido, dejando atrás las sombras de la noche.
—Una vez un maestro dijo una vez, que el camino del dao es cruel —continuó mi madre— no pienses demasiado en el ahora Ling'er. Hoy puedes estar sellada ¿Mañana? Dependerá si puedes romper el capullo. —dijo con una sonrisa sabia.