La flor del destino

Gran torneo juvenil

*Cambio de perspectiva, Lei Tian*

Cuatro años habían pasado desde que empecé a entrenar en el estanque de rayos. En estos años mi cultivo avanzó con facilidad hasta la octava etapa de refinación de sangre. Y había casi conseguido alcanzar el primer paso de los Pasos de Proyección de Sombras del Rayo, consiguiendo moverme casi a la velocidad del sonido.

—¡Tian gē, esperaaa! ¡Tu paso de proyección de sombras del rayo es muy rápido! — dijo Lei Xin'er.

—¡Jeje! ¡Si me alcanzas, te regalo la última empanada de pollo! — me reí pícaramente, moviéndome entre rayos azules.

—¡Eso no vale! ¡Tú mismo las haces con el abuelo Lei Mu!— se quejó Lei Yun.

Corría por los pasillos del jardín de entrenamiento, seguido por mis dos primos, ambos jadeando mientras intentaban copiar mi técnica de pasos. Yo, con una sonrisa traviesa, bajaba la velocidad justo lo suficiente para que pensaran que casi me atrapaban.

—¡Vamos, vamos! ¡Si quieren cultivar el trueno, tienen que moverse como el viento antes de que caiga el rayo! —les animé mientras giraba con elegancia.

—¡Eso no es justo! ¡No nosotros no podemos usar el trueno!— dijo Lei Xin'er frunciendo el ceño.

—¡Aun así hay que ser más veloz! —mi risa resonó feliz por todo el jardín.

A mis nueve años, me había convertido en uno de los jóvenes más prometedores de la familia Lei, dominando técnicas de movimiento, espada elemental y el control básico de trueno. Aunque mi personalidad seguía siendo despreocupada, alegre, tranquila y respetuosa con los mayores, nunca descuidaba el entrenamiento.

Ahora era más alto, el cabello más largo atado en una alta coleta, una túnica de entrenamiento de olor azul añil pálido, de manga ancha y corta qué me llegaba a los antebrazos, un cinturón azul marino ceñía la túnica, pantalones anchos para darme facilidad de movimiento, y unas botas de entrenamiento marcial también azul marino, llevaba también guantes de entrenamiento en color oscuro que lucía más como un adorno caro mas que a otra cosa.

—Tian'er —llamó el anciano Lei Mu desde el pabellón de piedra—. ¿Has terminado tu entrenamiento de la nueva técnica de siete rayos en uno?

—¡Sí, abuelo Mu! ¡Y también practiqué el manejo e la espada elemental!

—Hmpf… brillante y modesto. ¿Dónde está tu defecto, niño?—me sacudió la cabeza con cariño.

—¡A veces soy muy distraído cuando hay pastel cerca! —dije con una risita, rascándome la nuca.

El abuelo Mu me ofreció una toalla para el sudor y un pastelito de castaña, con una mano me sequé el sido de la frente y con la otra acerqué el pastelito mi boca, le di un bocado con gusto, dulce y suave, caliente y esponjoso. Todos tomábamos un descanso en el jardín charlando animadamente sobre nuestros progresos recientes. Cuando la campana de llamados de reuniones resonó por toda la residencia.

—¡Tian gē ¡Nos están llamando al Salón del Dragón! —gritó Lei Min.

Todos los jóvenes de la familia nos pusimos en marcha sin dudar, cuando esa campana sonaba siempre era importante. Al llega nos alineamos frente al mural del Ancestro del Trueno. El patriarca Lei Xuan, mi padre, nos observaba con rostro solemne.

—¡Jóvenes cultivadores! —exclamó—. El Consejo del Continente de Xie Li ha convocado oficialmente el evento que solo se celebra una vez cada cincuenta años… ¡el Gran Torneo Juvenil! Reunirá a los talentos menores de catorce años de todos los clanes y sectas. Todos los que no superen la etapa de refinación de qi y tengan menos de catorce pueden participar.

Mis ojos brillaron. Algo en mi interior me susurró que debía estar allí. Mis primos y demás discípulos de la familia nos miramos entusiasmados los unos a los otros.

—¿Un torneo… de todos los clanes? —pregunté con voz baja.

—Así es —respondió el abuelo Mu, colocándome una mano en el hombro—. Un evento donde los nombres se escriben en la historia… o desaparecen para siempre.

—¿Habrá… pasteles?—pregunté con una sonrisa despreocupada.

—¡Tian’er, concéntrate!—me golpeó suavemente la frente con los nudillos. —¿como el señorito de la rama principal como no puedes mostrar interés? Deberías aprender más de tú primo Lei Feng.

Me rasqué la nuca, sintiéndome algo avergonzado. Pero a pesar de mi personalidad por dentro me sentía emocionado. No se debía a la posible fama, no por las posibles recompensas, sino por que quería ver un mundo más amplio y alto, quería poner a prueba mi fuerza con la de la élite del continente. Sentía algo en mi interior, me susurraba que debía ir.

—Este torneo mostrará el verdadero poder de las futuras generaciones —declaró Lei Xuan—. Y el mundo sabrá… quién merece guiar al continente en los siglos venideros.

*Cambio perspectiva, Ling'er*

El sendero que llevaba al patio de entrenamiento de la Secta Yun Lan estaba cubierto de pétalos blancos que caían como nieve suave desde los cerezos. Yo caminaba por allí con la túnica oficial de aprendiz, un sencillo hanfu blanco con detalles rojos y bordado de pluma de fénix sobre el pecho.

—¡Ling’er meimei, entrenarás con nosotros hoy? —dijo una discípula interna que aparentaba más o menos mi edad.

Hacía solo unos días todavía evitaba a todo el mundo en la secta, me movía con discreción totalmente enfocada en mi camino de la espada. Esquivando la maldad y crueldad de algunos corazones. Ahora que el sello se había roto y quedó claro que era en palabras de los ancianos 'un monstruo del cultivo' todos aquellos que una vez me miraron por encima del hombro ahora venían a congraciarse conmigo.

—Yo...

—Por favor Ling'er shimei(hermana menor de secta) —¿No podemos volver a ser como antes?

—¿Antes? —dije en susurro cargado de nostalgia.

Aunque seguía siendo la favorita de todos los ancianos, ya ellos nunca me dieron la espalda, fui yo quien los evitó estos años por vergüenza, aunque era oficialmente “la Pequeña Señorita” muchos me miraron por desprecio todo este tiempo. Mi personalidad había comenzado a cambiar hacía mucho tiempo atrás.



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En el texto hay: drama, cultivating immortals, xianxia

Editado: 08.10.2026

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