Rápidamente la escena cambia…
De estar en las profundidades del inmenso mar, ahora pasamos a apreciar el hermoso cielo.
Ahora en la superficie, al aparecer el amanecer se ha presentado, dejando de lado la noche anterior, con un hermoso sol y sus cálidos rayos calentando el lugar.
En una roca, que va desde las profundidades del océano, hasta que la punta salga para tocar el cielo.
La cofa de un barco hundido, se encuentra en esa roca de tonos amarillentos y naranjas, y allí mismo un curioso animal parece tener su nido o lugar de descanso.
El ave de color café claro, de picó y patas naranjas, está en su hora de vigilancia marítima, admirando la amplitud del mar, siendo ayudado en esta labor por un telescopio.
Parece divertirse tanto, mientras tararea una canción, mirando de aquí para acá, posicionándose en diferentes direcciones, solo para pasar un buen rato, sin preocupación alguna.
-Tarada, taradaaaaa… Ta, ta, tara, ra- Canturrea, mientras se deja caer en la cofa que tiene un poco de paja dentro para hacerla más cómoda.
Se puede apreciar que no es un ser muy inteligente, pues hace tonterías de vez en cuando, con una boba sonrisa, a la vez que deja de ver por el telescopio, para contraerlo a lo más pequeño posible y colocarlo sobre su cabeza como una especie de sombrero, para hacerlo subir y bajar con la punta de su ala derecha, como si de dedo se trataran.
Pero es allí qué escucha su nombre con un potente grito, que no pierde la elegancia.
-¡¡¡SEATTLE!!!- Ese tono suave pero imponente se logra escuchar con toda la energía del mundo.
Esto llama la atención de la gaviota, aunque algo tarde por microsegundos, pues aún sigue tarareando su canción, pero con una enorme sonrisa en su pico, reacciona ante ese llamado, y se pone de pie de un solo salto, llevándose el telescopio al ojo a pesar de estar al revés, para lograr ver de dónde viene esa voz que conoce muy bien.
-¡¡¡AAAA JAAAAH!!! ¡¡¡UN SIRENITO A PROA!!!- Con toda sus fuerzas, exclama su alegría al ver a su conocido y amigo, pero al ver por el telescopio teniéndolo al revés, distingue muy apenas al peli celeste como al pececito, creyendo que están a una distancia mucho más lejana de lo que en verdad es.
El joven sirenito lo saluda alzando la mano derecha para llamar su atención.
Aunque, gracias que está viendo por el telescopio invertido, continua gritando con toda sus fuerzas, creyendo que no lo escuchara por la enorme distancia que allí entre ellos.
-¡¡¡AFRORIEL!!! ¡¡¡¿CÓMO ESTAS BONITO?!!!- Al ir bajando el telescopio de su cara, se da cuenta que en realidad los dos habitantes del fondo del mar, están mucho más cerca de lo que se creía en realidad.
Cosa que sorprende a la gaviota -Ooooh, Qué rápido nadas- Asombrado por su rapidez en su habilidad acuática, que alza una ceja emplumada, sin dejar de lado su sonrisa y felicidad por verlos.
Afroriel sonríe, negando con la cabeza por las tonterías que dice su amigo, pero ha la vez divertido por la situación.
El ave de color café con plumas blancas en alas y cola, no logra entender ese nado rápido que posee el menor, aunque en realidad eso no pasó.
Afroriel se encuentra a los pies de la roca, con su parte superior fuera del agua y la inferior dentro, ansioso por conocer la verdad de sus objetos encontrados.
Tanto así que rápido saca su bolsa -Quiero que veas lo que encontré- Extendiéndola sobre la roca, para que Seattle, el experto en los objetos del mundo humano, los revise y así le diga cuáles son sus funciones.
Shunder, también está emocionado por conocer esto, tanto es así que hasta sale un poco del mar para estar en primera fila.
-Nos metimos en un barco hundido qué estaba espeluznante- Hace la mueca de terror más adorable del mundo, alzando sus aletitas para enfatizar la situación.
-¿Cosas de humanos? ¿Eh?- Posa su ala debajo de su barbilla, con una pluma que asemeja a un dedo en su versión animal.
Sonriente ante este llamado y rápido lanza un ancla como si estuviera en un barco y tuviera que mantenerlo en su lugar, sin duda son acciones muy extrañas que nos hace pensar que es medio loco -A ver. Pues déjenme ver. Aaaaaay… Auch…- Y por arrojar aquella ancla, y no fijarme bien que la tenía enredada en su pata, cae de bruces contra la roca, dejando ver algunas plumas volando por el aire, por su imprudencia.
Cae y se queda unos instantes medio atontando con la lengua fuera de su pico, pero en un dos por tres se recupera pronto, dejando ver algunas expresiones de dolor en su cara.
Va rápido corriendo hacia del sirenito, dándole un pisotón al pequeño pececito de colores rosas y verdes, para de una vez casi meterse por completo a la bolsa blanca, esculcando todos los objetos dentro de esta.
Ante la mirada expectante de Afroriel, sonríe ansioso, juntando sus manos delante de su pecho, esperando las respuestas del ave café.
Entre su búsqueda y sonidos de asombro exagerados de Seattle.
Logra encontrar el primer objeto de color plata que fue el objetivo número uno del sirenito. Esto llama mucho la atención del ave marrón. De inmediato lo saca y sostiene en la palma de su ala.
-Vean- Exclama con total sorpresa y grandiosidad, para elevar aquel objeto por encima de su cabeza -Wow- Sus ojos marrones se abren de par en par, por la enorme impresión que tiene ante lo que logra apreciar.
-Esto es algo especial… Fuera de lo común- Aquella gaviota de plumaje café y blanco, sigue admirando el objeto en cuestión, rascándose la cabeza con una de sus alas, mientras mira al pequeño sirenito, qué está demasiado desesperado por saber el nombre de lo que encontró.
-¿Qué? ¿Qué es?- No puede evitar estar sumamente entusiasmado por ello, mirando con esos enormes y lindos ojos celestes, ya casi subiendo desesperado a la roca, esperando la respuesta.
Sujeta el utensilio de plata con ambas alas, para acercarse a verlo directamente, casi con una mirada de loco -Es… Un… Cachivache- Habla en un tono agudo, claro que esto provoca que los ojos de ambos seres del mar se quedan en desconcierto a la vez que con toda la atención del mundo ante la próxima explicación.