La geometría de tu mirada

Capitulo 26: El límite de la rabia

Punto de vista de Olivia y Marlon

​Olivia

​—¡Olivia! Tu pareja viene entrando al centro comercial.

​El anuncio de mi hermana me cayó como un balde de agua helada. El aire se me cortó en los pulmones. Miré a Marlon, aterrorizada por lo que pudiera pasar si esos dos hombres se cruzaban.

​—Marlon, por favor... retírate —le supliqué en un susurro desesperado, tomando su brazo—. No hagas esto más incómodo, por lo que más quieras.

​Marlon

​Escuchar su súplica aterrada solo me encendió por dentro, pero me negué a dejarla sola.

​—No me voy a ir, Olivia —respondí con firmeza, aunque conteniendo el tono para no alterarla más—. Pero me quedaré allá.

​Di unos pasos hacia atrás y me coloqué a una distancia prudente, cerca de la entrada pero dentro del local, erguido, con los brazos cruzados y la mandíbula tensa como el acero.

​Segundos después, él cruzó el umbral.

​El hombre caminó con paso pesado. Al pasar al lado mío, me dio un vistazo rápido e indiferente, ignorando mi presencia, y se fue directo al mostrador donde estaba Olivia.

​—Cuando te envíe mensajes, espero que me respondas rápido —soltó él sin rodeos, con una frialdad que helaba el ambiente.

​Olivia ni siquiera levantó los ojos; solo asintió cabizbaja.

​Él metió la mano en su bolsillo, sacó un juego de llaves y se las entregó. Ella las tomó en silencio, pero en ese preciso instante, él la agarró del brazo con fuerza. Se inclinó sobre el mostrador y le susurró lo suficientemente firme para que se notara la amenaza:

​—Cuidadito con lo que haces en mi ausencia... porque yo no soy ningún tonto y sé perfectamente cómo son las cosas.

​Olivia solo volvió a asentir, encogiéndose en su lugar como si quisiera volverse invisible.

​Marlon

​Ver cómo la apretaba del brazo me hizo apretar los puños con tanta fuerza que sentí las uñas clavándoseme en la palma. Tenía la rabia hirviéndome en la sangre y me quemaba la impotencia de no poder molerlo a golpes ahí mismo sin perjudicar a Olivia.

​Para hacerme notar y desviar esa presión sobre ella, solté un suspiro pesado y sonoro que retumbó en la floristería.

​Funcionó. El tipo soltó el brazo de Olivia y se giró despacio hacia mí, mirándome de arriba abajo.

​—¿Y tú qué haces aquí todavía? —preguntó desafiante, dando un paso en mi dirección.

​Mantuve la postura recta, sosteniéndole la mirada café con una calma helada mientras veía por la periferia cómo Olivia se encogía de los nervios.

​—Antes de que usted llegara, estábamos resolviendo un problema técnico en el local —respondí con voz grave y pausada, fijando mis ojos directamente en los suyos.

​El tipo no se dejó intimidar. Dio un par de pasos más hacia mí y sonrió con arrogancia.

​—Bueno... espero que solo sea eso. Porque Olivia está conmigo y solo conmigo se va a quedar, porque es lo menos que se merece al ser tan tonta y aburrida.

​Un latigazo de furia me atravesó la columna. Volví a apretar las manos a los costados, conteniendo el impulso de cerrarle la boca a puñetazos.

​—Le pido, de la mejor manera, que no se dirija a ella de esa forma —dije con la voz modulada pero cargada de una amenaza implícita—. Olivia es una excelente mujer.

​Olivia

​El corazón me latía tan fuerte que sentía que me iba a explotar en el pecho. Quería que la tierra me tragara. Veía a mi pareja mirando a Marlon y sabía que en su cabeza estaba uniendo los puntos.

​Él me miró de reojo, rodeó el mostrador a paso lento y se detuvo a centímetros de mí.

​—¿Este es el muchachito de la moto? —me siseó en la cara.

​—No... no —negué con la voz temblorosa.

​Se acercó a mi oído y me dijo en un susurro veneno:

​—Más te vale, Olivia. No quieres verme enojado.

​Me soltó bruscamente, se dio la vuelta sin decir nada más y salió de la floristería a paso rápido, perdiéndose por el pasillo del centro comercial.

​Solté todo el aire que tenía contenido en los pulmones, dejándome caer un poco sobre el mostrador, mareada por la tensión.

​Apenas la figura de mi pareja desapareció, Marlon se acercó a mí a pasos agigantados. Su rostro reflejaba una mezcla de preocupación profunda y rabia contenida.

​—Tranquila, chiquita... todo va a estar bien —me dijo en voz baja, buscando mis ojos—. Pero tienes que alejarte de ese hombre... Un minuto más y lo iba a golpear por tocarte de esa manera, cuando yo lo único que quiero y me muero por hacer es besarte por todas partes.

​Sentí una ráfaga de calor encenderme las mejillas al instante.

​—Marlon... por favor —murmuré avergonzada, mirando hacia los lados—. Retírate antes de que vuelva a aparecer...

​Marlon sonrió levemente, maravillado por mi sonrojo aun en medio del caos.

​—Nos queda pendiente conversar —dijo con tono decidido—. Cuando salgas del trabajo quiero llevarte a casa y hablar tranquilos, si me lo permites.

​Lo miré por un segundo y, sintiendo que necesitaba su apoyo más que nunca, accedí con un leve gesto de cabeza.

​Él dio un paso atrás para marcharse, pero antes de cruzar la puerta, se giró hacia mí, me guiñó un ojo con coquetería y soltó una sonrisa pícara:

​—Igual... tendrás la casa sola para ti estas dos semanas.




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