La geometría de tu mirada

Capítulo 27: El peso de un secreto

​La tarde se fue apagando lentamente sobre el centro comercial, dando paso a una noche despejada en la que la luna llena se alzó imponente, blanca y brillante, colándose entre las estructuras metálicas.

​A pocos metros del local, Marlon permanecía de pie junto a su columna habitual. Con los brazos cruzados y la mirada perdida en el cielo nocturno, repasaba una y otra vez el correo electrónico que había recibido hacía apenas unas horas. Las palabras seguían grabadas a fuego en su mente: «Solicitud de traslado aprobada. Destino asignado a doce horas de distancia».

​Un nudo amargo le apretaba el pecho. Justo en el momento en que la vida había decidido darle un giro hermoso, cuando por fin se atrevía a cruzar miradas y roces con la mujer que lo tenía obsesionado, el universo parecía confabularse para sacarlo de esa historia.

​Giró la cabeza para mirar hacia el interior de la floristería. Olivia seguía allí, moviéndose entre los arreglos, concentrada en su trabajo. De vez en cuando, al sentir su presencia, levantaba la vista, le regalaba una sonrisa tímida y lo saludaba con la mano. Marlon le devolvía el saludo y le guiñaba un ojo, intentando mantener la fachada de seguridad, aunque por dentro su cabeza era un torbellino de preguntas sin respuesta.

​¿Cómo se lo diré sin que piense que quiero huir de ella? —se repetía con angustia—. ¿Cómo se supone que le suelte esto cuando ni siquiera llevamos un mes desde que me atreví a hablarle?

​Jamás imaginó que una mujer de piel morena, ojos café profundos y cabello negro fuera a fijarse en alguien tan normal y aburrido como él. Pero ahí estaba. Ya no podía sacarse de la cabeza sus besos, sus caricias y, sobre todo, esa forma tan limpia y sincera en la que lo miraba, alterando por completo su sistema nervioso con un solo parpadeo.

​El reloj marcó las 8:40 de la noche. Sus pensamientos se vieron bruscamente interrumpidos por la vibración del teléfono en el bolsillo de su chaqueta. Sacó el aparato y vio un mensaje inocente de la mujer que no lograba apartar de sus casillas:

​Olivia: ¿Me llevas o estaras ocupado?

​Una sonrisa involuntaria iluminó su rostro. Quería esas dos semanas; las necesitaba con desesperación para tenerla pegada a él antes de que todo cambiara. Tecleó de inmediato:

​Marlon: ¡Claro que sí! Para ti jamás estaré ocupado, chiquita.

​A través del vidrio del negocio, vio cómo Olivia leía el mensaje y le regalaba una sonrisa tierna e inocente. Marlon suspiró hondo, sintiendo una mezcla de devoción y dolor punzante en el pecho: «Esta mujer me tiene a sus pies, y ella ni siquiera lo sabe...».

​Minutos después, cuando bajaron las persianas y salieron al estacionamiento, Olivia se detuvo frente a la motocicleta con dudas evidentes.

​—Es que tu moto es demasiado grande para mí, no sé cómo subirme sin caerme en el intento —bromeó ella, cruzándose de brazos con una risa nerviosa.

​—Yo me encargo de eso —respondió él con una sonrisa pícara.

​Sin previo aviso, Marlon se acercó, la tomó firmemente por la cintura y, con un movimiento fluido y cargado de fuerza, la levantó en el aire y la sentó sobre el asiento de la moto. Se inclinó hacia ella, quedando con el rostro a pocos centímetros, al punto de rozar sus labios con el aliento cálido.

​—Listo, problema resuelto, ya estás encima —susurró con voz ronca—. No exactamente donde me gustaría estar, pero bueno... vamos avanzando.

​Olivia sintió que las mejillas le estallaban de rojo. Bajó la mirada de inmediato, apenada. Marlon soltó una risa victoriosa, disfrutando de su efecto sobre ella.

​—Aún no entiendo cómo una mujer que me supera en tantas cosas logra sonrojarse por tonterías así —bromeó él, acomodándose el casco.

​Olivia alzó la vista, un poco ofendida pero con una sonrisa coqueta asomándose, y se cruzó de brazos. Sin poder contener el impulso, soltó una verdad que llevaba guardada:

​—No es que me sonroje por todo... Es que me sonrojo solo cuando me gustan las cosas que me dicen... y la persona que me las dice.

​Marlon, que se había medio girado para revisar los comandos de la moto, se quedó completamente petrificado al escucharla. Giró lentamente el rostro, clavando sus ojos café en los de ella con una intensidad que cortaba la respiración. Sin decir una sola palabra más, se subió a la moto, puso el motor en marcha y condujo todo el camino de regreso con una sonrisa de oreja a oreja que no pudo borrar de su cara.

​Al llegar frente a la casa de Olivia, ella se bajó con rapidez.

​—No te preocupes, puedo bajar sola, no hacía falta que te bajes —dijo nerviosa, apresurándose hacia la entrada.

​Marlon la siguió a paso tranquilo, esperándola en el umbral mientras ella hurgaba en su bolso buscando las llaves. Cuando finalmente abrió la puerta, Olivia se quedó de pie en la entrada, con la cabeza gacha, aferrada al marco.

​—Gracias por traerme, Marlon...

​Él dio un paso al frente, estiró la mano y, con la yema del dedo índice, le levantó suavemente la barbilla para obligarla a mirarlo a los ojos.

​—¿No me invitaras a pasar? —preguntó en un susurro bajo, casi una súplica.

​—Me da... un poco de pena invitarte —admitió ella con voz temblorosa.

​—Solo me conformo con un café, chiquita. Lo prometo.

​Olivia dudó un segundo, pero la calidez de su mirada pudo más. Abrió la puerta por completo, se hizo a un lado y lo dejó pasar.

​Una vez adentro, la casa estaba envuelta en un silencio acogedor. Olivia caminó directo a la pequeña cocina para comenzar a preparar el café. Marlon la siguió despacio, observando cada rincón de la estancia antes de recostarse de manera relajada contra la encimera lateral, contemplándola sin disimulo.

​Olivia sintió el peso de su mirada y se giró con los ojos muy abiertos.

​—Si quieres puedes tomar asiento en la sala... —le sugirió, intentando mantener la compostura.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.