Jacobo dejó las llaves sobre la mesa.
El sonido metálico pareció demasiado fuerte en la sala.
Mara no apartó los ojos de él.
—No hay certificado de defunción.
—Porque murió después del traslado.
—¿Dónde?
—En otra clínica.
—¿Cuál?
Jacobo miró a León.
—Devuelve la carpeta.
—Contesta —dijo León.
—No tienes autoridad para exigirme nada.
—Ella sí.
Jacobo soltó una risa pequeña.
—¿Ella?
La palabra no pasó inadvertida.
Mara se acercó.
—¿Qué quiere decir?
—Nada.
—Ha dicho “ella” como si no supiera quién soy.
—No sé quién eres.
—Por fin alguien lo admite.
Jacobo apoyó ambas manos sobre la mesa.
—La niña B murió. Elena estaba sedada cuando se tomó la decisión de trasladarla. Beatriz estaba con Isadora. El padre se encargó del resto.
—¿Qué padre?
—Fernando Beltrán.
—El padre de Isadora.
—Sí.
—¿Por qué trasladar a una recién nacida?
Jacobo apretó la boca.
—Problemas respiratorios.
Mara señaló el documento.
—Aquí dice estable.
—Los informes médicos de hace treinta años no siempre son completos.
—Treinta y uno.
Él la miró.
—¿Qué?
—Hace treinta y un años.
Silencio.
Mara se inclinó.
—¿La conoció?
—No.
—Miente.
—Yo tenía veintinueve años.
—Eso no responde.
Jacobo se quedó inmóvil.
—Trabajaba para Fernando.
—Entonces la conoció.
—Vi a dos bebés en una habitación. Eso es todo.
Mara sintió que León se tensaba junto a ella.
—¿Dos?
—Sí.
—¿Eran idénticas?
Jacobo tardó.
—Los recién nacidos se parecen.
—No es lo que he preguntado.
—No lo sé.
Mara lo observó.
Había miedo.
No por ella.
Por el pasado.
—¿Quién autorizó el traslado?
Jacobo señaló el documento.
—Fernando.
—¿Adónde?
—No lo recuerdo.
—Treinta y un años protegiendo documentos de esta familia y resulta que pierde la memoria justo en la página que importa.
Jacobo la miró con cansancio.
—Crees que ser incisiva te acerca a la verdad.
—Suele funcionar.
—Aquí no.
—¿Por qué?
—Porque cada persona que estuvo allí recuerda una verdad distinta.
—Eso no es posible.
—Claro que lo es.
Jacobo cogió la carpeta.
León puso una mano encima.
—Déjala.
Los dos hombres se miraron.
—No sabes lo que haces —dijo Jacobo.
—Probablemente.
—León.
—He dicho que la dejes.
Mara aprovechó el silencio.
—¿Fernando sigue vivo?
Jacobo la miró.
—No.
—¿Cómo murió?
—Accidente de coche.
—¿Cuándo?
—Hace doce años.
—¿Elena?
—También murió.
—¿Cuándo?
Esta vez fue León quien contestó.
—Hace diecinueve años.
Mara miró a ambos.
—El mismo año que Daniel.
Nadie habló.
—¿Qué pasó primero?
Jacobo recogió las llaves.
—Esto se termina aquí.
—No.
—Se termina.
—¿Elena murió antes o después que su hijo?
Jacobo caminó hacia la puerta.
Mara se interpuso.
—Quítate.
—No.
—Mara...
—Qué interesante que usted sí use mi nombre.
Él palideció.
León lo vio.
Mara también.
—¿Cómo sabe cómo me llamo?
Jacobo frunció el ceño.
—Todos lo sabemos.
—No me refiero al contrato. Me refiero a antes.
—No sé de qué hablas.
—Isadora tenía mi nombre hace cinco años. Usted preparó una sustitución que ella nunca pidió. Usted puso delante de mí un documento con una firma de hace dos años que parece escrita por mi mano.
Jacobo guardó silencio.
Mara se acercó.
—¿Me había visto antes de esta semana?
—No.
—Míreme.
Él lo hizo.
—¿Me había visto?
—No.
Demasiado firme.
Demasiado limpio.
Mara cambió de dirección.
—¿Ha visto fotografías mías?
Jacobo dejó de respirar durante una fracción de segundo.
Ahí estaba.
León se volvió hacia él.
—Jacobo.
—No.
—Sí —dijo Mara—. Fotografías.
Jacobo intentó pasar.
Ella no se movió.
—¿Quién se las enseñó?
—Apártate.
—¿Isadora?
Silencio.
—¿Fernando?
Nada.
—¿Beatriz?
Jacobo perdió la paciencia.
—¡No sabes qué estás preguntando!
Su voz golpeó las paredes.
Fue la primera vez que alguien alzó el tono en Casa Beltrán.
El silencio posterior resultó casi violento.
Jacobo respiró.
Se recompuso.
Cuando volvió a hablar, su voz era baja.
—Precisamente por eso deberías parar.
Mara lo miró.
—No.
El abogado cerró los ojos un instante.
Después señaló la carpeta.
—Si quieres seguir investigando, hazlo.
Mara no esperaba eso.
Jacobo abrió la puerta.
—Pero cuando descubras quién eras antes de llamarte Mara Luján, recuerda que tu vida actual quizá no fue la primera que alguien construyó para protegerte.
Se marchó.
Mara esperó hasta que sus pasos desaparecieron.
—¿Qué significa eso?
León seguía mirando la puerta.
—No lo sé.
—No empiece.
—Esta vez te juro que no.
—¿Protegerme de qué?
León tomó la carpeta.
—Tenemos que sacar copias.
—Quiero hablar con Beatriz.
—No todavía.
—¿Por qué?
—Porque Jacobo acaba de hacer algo que nunca hace.
—¿Gritar?
—Darnos información.
Mara lo miró.
—¿Cree que ha sido deliberado?
—Todo lo que hace Jacobo es deliberado.
—Entonces quería que encontráramos esto.
—O quiere que creamos una historia concreta.
—La gemela muerta.
—Sí.
Mara volvió a leer el documento.
Niña B.
Traslado.
—Si quería ocultarlo, podría haber destruido la carpeta.
—Exacto.
—Entonces ¿por qué conservarla?
León miró los papeles.