La hija que nunca debió existir

Capitulo 12 Mia y Daniel

Capítulo 12 — Mia y Daniel

Mia tenía una teoría.

Una teoría bastante sencilla.

Alexander Blackwood estaba enamorado de Valentina.

El problema era que, aparentemente, Alexander todavía no lo sabía.

Y el segundo problema era que Valentina tampoco quería admitir que ella estaba empezando a sentir algo por él.

Pero Mia tenía otro problema.

Uno mucho más personal.

Daniel.

Porque Daniel tenía la terrible costumbre de aparecer cada vez que ella intentaba convencerse de que no le interesaba.

Y lo peor era que lo hacía sonriendo.

Aquella mañana, Mia llegó a la oficina con un café en una mano y una carpeta en la otra.

No había dado ni tres pasos cuando chocó con alguien.

El café estuvo a punto de caer.

—¡Cuidado!

Dos manos sujetaron el vaso antes de que terminara sobre el suelo.

Mia levantó la mirada.

Daniel.

—¿Siempre caminas así? —preguntó él.

—¿Así cómo?

—Como si el mundo tuviera la obligación de apartarse.

Mia recuperó el café.

—Y tú siempre apareces donde nadie te llamó.

—Coincidencia.

—Qué coincidencia tan frecuente.

Daniel sonrió.

—Buenos días para ti también.

Mia intentó continuar.

—Espera.

—¿Qué?

Daniel señaló su carpeta.

—Eso es mío.

Mia miró la carpeta.

—No.

—Sí.

—Dice “Dirección Jurídica”.

—Porque es de Dirección Jurídica.

—Yo trabajo en administración.

—Exactamente. Y por eso no es tuya.

Mia se la entregó.

—Aquí tienes.

Daniel la tomó.

—Gracias.

—De nada.

—¿Estás enojada?

—No.

—Pareces enojada.

—Es mi cara.

Daniel soltó una carcajada.

—Entonces tienes una cara muy enojada.

Mia siguió caminando.

—Y tú tienes una cara muy molesta.

—Pero te gusta.

Ella se detuvo.

Lo miró.

Daniel sonrió.

—Era broma.

Mia continuó caminando.

Pero no pudo evitar sonreír.

A media mañana, Alexander llamó a Daniel.

—Necesito que revises esto.

Daniel tomó la carpeta.

—¿Qué es?

—La investigación sobre Mariana.

Daniel perdió la sonrisa.

—Encontramos una dirección antigua.

—¿Y?

—Estamos intentando verificar si sigue siendo válida.

Alexander se quedó pensativo.

—Quiero saber quién es la mujer que aparece vinculada a Victoria.

Daniel lo miró.

—¿Crees que tiene relación con Valentina?

Alexander tardó en responder.

—No lo sé.

—Pero lo sospechas.

—Sospecho que hay algo que no estamos viendo.

Daniel asintió.

—Lo investigaré.

—Y hay otra cosa.

—¿Qué?

Alexander le mostró un documento.

—La transferencia de Victoria a Mariana fue realizada pocos días después del nacimiento de una niña.

Daniel abrió los ojos.

—¿Una niña?

—Sí.

—¿Y sabemos quién era?

—No.

Daniel guardó silencio.

—Alexander...

—¿Qué?

—¿Te das cuenta de lo que esto significa?

—Que debemos investigar.

—Significa que quizá esa niña nunca desapareció.

Alexander lo miró.

—Exactamente.

En el pasillo, Mia estaba organizando unos documentos cuando Daniel salió de la oficina.

—Mia.

Ella levantó la mirada.

—¿Qué?

—Necesito tu ayuda.

—¿Con qué?

—Una investigación.

Mia sonrió.

—¿Me estás invitando a trabajar contigo?

—Sí.

—¿O solo necesitas mis habilidades?

—Las dos cosas.

Mia levantó una ceja.

—Eso sonó sospechosamente amable.

—Puedo volver a ser desagradable.

—No, gracias.

Daniel le entregó una carpeta.

—Necesito que revises estos registros.

Mia abrió el expediente.

—¿Sobre quién?

—Mariana.

Mia se quedó quieta.

—¿Mariana?

—Sí.

Ella levantó la mirada.

—¿Por qué?

—Alexander cree que puede estar relacionada con Victoria.

Mia sintió un pequeño sobresalto.

No podía decirle que Valentina ya le había contado que Mariana era la mujer que había criado a su amiga.

—Está bien —respondió.

—¿Qué?

—Te ayudaré.

Daniel sonrió.

—Sabía que podía contar contigo.

—No te acostumbres.

—Demasiado tarde.

Trabajaron juntos durante casi dos horas.

Al principio, Mia intentó concentrarse.

Pero Daniel tenía otra estrategia.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó ella.

—Buscando información.

—Llevas cinco minutos mirando la misma página.

—Estoy pensando.

—Estás mirando.

—También.

Mia negó con la cabeza.

—Eres desesperante.

—Y tú estás distraída.

—No estoy distraída.

—Llevas tres veces leyendo el mismo párrafo.

Mia cerró el expediente.

—¿Quieres saber qué estoy pensando?

—Sí.

—Que eres insoportable.

Daniel sonrió.

—Eso ya lo sabía.

Mia abrió nuevamente la carpeta.

—Entonces deja de mirarme.

—No te estoy mirando.

—Sí lo haces.

—Estoy mirando la pantalla.

—La pantalla está detrás de mí.

Daniel miró la pantalla.

Después a ella.

—Tienes razón.

Mia cruzó los brazos.

—¿Ves?

Daniel sonrió.

—Es difícil concentrarse.

Ella sintió que el corazón le daba un pequeño salto.

—¿Por qué?

Daniel sostuvo su mirada.

—Porque estás aquí.

Mia abrió la boca.

No encontró respuesta.

Daniel sonrió.

—Tranquila. También era broma.

Mia le lanzó una hoja.

—¡Idiota!

Daniel comenzó a reír.

Mientras tanto, Valentina estaba en la oficina de Alexander.

—¿Me llamó?

—Sí.

—¿Qué pasó?

Alexander señaló un documento.

—Necesito que lo revise.

Valentina se acercó.

—¿Otra vez?

—¿Tiene algún problema?

—No.

—Entonces deje de quejarse.

—No me estoy quejando.




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