Capítulo 14 — Celos
Valentina llegó a la oficina decidida a concentrarse.
Tenía demasiadas cosas en la cabeza.
La investigación sobre Mariana.
El registro hospitalario.
Richard.
Victoria.
Y, por supuesto, Alexander.
Aunque ese último pensamiento era precisamente el que intentaba evitar.
Desde la conversación de la tarde anterior, algo había cambiado entre ellos.
Ya no eran simplemente jefe y empleada que discutían constantemente.
Ahora compartían un secreto.
Ambos estaban buscando respuestas.
Y eso los había acercado de una manera que Valentina no sabía cómo manejar.
—Buenos días.
La voz de Ethan la hizo volver a la realidad.
—Buenos días.
Él dejó un café sobre su escritorio.
—Para ti.
Valentina lo miró sorprendida.
—¿Para mí?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque ayer parecías cansada.
Valentina sonrió.
—Gracias.
—Además, pensé que quizá hoy sí aceptarías mi invitación a cenar.
Valentina soltó una pequeña risa.
—¿Todavía sigues intentando?
—Soy persistente.
—Eso veo.
Ethan se apoyó en el escritorio.
—Entonces, ¿qué dices?
Valentina estaba a punto de responder cuando una voz fría llegó desde atrás.
—Valentina.
Ella levantó la mirada.
Alexander.
Su expresión era completamente seria.
—¿Sí?
—A mi oficina.
Ethan se apartó.
—Claro.
Valentina tomó el café.
—Gracias.
—De nada.
Ella siguió a Alexander.
Cuando la puerta se cerró, él dejó una carpeta sobre el escritorio.
—Necesito que revise esto.
Valentina miró el documento.
—¿Ahora?
—Sí.
—Está bien.
Comenzó a leer.
Alexander permaneció de pie.
—¿Algo más?
—No.
—Entonces, ¿puedo trabajar?
—Sí.
Valentina tomó la carpeta y se dirigió a la puerta.
Antes de salir, se volvió.
—¿Estás molesto?
Alexander levantó la mirada.
—No.
—Pareces molesto.
—No lo estoy.
—Bien.
Salió.
Alexander se quedó mirando la puerta.
Después miró hacia el escritorio de Valentina.
El café de Ethan seguía allí.
Y eso lo irritó más de lo razonable.
Daniel entró diez minutos después.
—¿Qué te pasa?
—Nada.
—Estás mirando un café como si te hubiera insultado.
Alexander lo miró.
—¿Qué quieres?
Daniel señaló la ventana.
—Hay una reunión a las diez.
—Lo sé.
—Y a las siete tienes una cena empresarial.
—También lo sé.
Daniel sonrió.
—Perfecto.
—¿Qué?
—Nada.
Alexander frunció el ceño.
—Dilo.
—Estás celoso.
—No.
—Sí.
—No.
—Alexander.
—Daniel.
—Te conozco desde hace años.
—Entonces sabes que no estoy celoso.
Daniel tomó el café que estaba sobre la mesa.
—Si tú lo dices.
—Devuélvelo.
—¿Por qué?
—Es mío.
Daniel lo miró.
—Hace cinco segundos no lo querías.
Alexander se lo quitó de la mano.
—Ahora sí.
Daniel soltó una carcajada.
—Estás perdido.
A las diez de la mañana, Valentina acompañó a Alexander a una reunión con inversionistas.
El encuentro se realizó en uno de los hoteles más exclusivos de Manhattan.
Cuando entraron al salón, una mujer se acercó inmediatamente a Alexander.
—Alexander.
Él se volvió.
—Victoria.
La mujer sonrió.
Era elegante, segura y evidentemente acostumbrada a moverse en aquel ambiente.
—Ha pasado mucho tiempo.
—Sí.
Ella le dio un beso en la mejilla.
Valentina observó la escena.
No supo por qué.
Pero sintió algo incómodo en el estómago.
Alexander señaló a Valentina.
—Ella es Valentina. Trabaja conmigo.
La mujer la observó.
—Mucho gusto.
—Igualmente.
—Soy Victoria Sinclair.
Valentina sonrió.
—Mucho gusto.
Victoria volvió a mirar a Alexander.
—No sabía que tenías una nueva asistente.
—No es mi asistente.
Valentina lo miró.
Alexander corrigió:
—Trabaja en el área administrativa y participa en algunos proyectos estratégicos.
Victoria sonrió.
—Interesante.
Valentina no supo por qué sintió que aquella palabra tenía una intención oculta.
Durante la reunión, Victoria se sentó junto a Alexander.
Cada cierto tiempo se inclinaba hacia él para hablarle.
Valentina intentó concentrarse en sus documentos.
Pero era imposible.
—¿Estás bien? —preguntó Alexander en voz baja.
—Sí.
—Pareces distraída.
—Estoy concentrada.
—No lo parece.
Valentina lo miró.
—Tal vez estoy cansada.
Alexander asintió.
Pero no pareció convencido.
Durante el descanso, Valentina salió al balcón.
Necesitaba aire.
—¿Te molesta?
Se giró.
Era Mia.
—¿Qué?
Mia señaló hacia el salón.
—Ella.
Valentina negó inmediatamente.
—No me molesta.
—Claro.
—De verdad.
—Entonces, ¿por qué llevas diez minutos mirando hacia adentro?
—Estoy viendo la reunión.
—La reunión está en otra dirección.
Valentina suspiró.
—No me interesa Alexander.
Mia sonrió.
—Yo no dije que te interesara.
—Pero lo pensaste.
—Porque es evidente.
Valentina se cruzó de brazos.
—Ella es mucho más adecuada para él.
—¿Quién?
—Victoria.
Mia abrió los ojos.
—¿Adecuada?
—Mira cómo se comportan.
—También podría estar coqueteando con él.
Valentina hizo una mueca.
—Exactamente.
Mia sonrió.
—Estás celosa.
—No.
—Sí.
—No.
—Muchísimo.
Valentina se volvió hacia ella.
—No puedo estar celosa de un hombre que no es mío.
Mia levantó las cejas.
—Esa frase acaba de delatarte.