El beso había durado apenas unos segundos.
Pero para Valentina había sido suficiente para cambiarlo todo.
La mañana siguiente, sin embargo, parecía empeñada en recordarle que el mundo seguía exactamente igual.
Richard seguía siendo su posible padre.
Victoria seguía siendo una mujer a la que aún no conocía personalmente.
Mariana seguía guardando secretos.
Harrison Global seguía atacando las empresas de Alexander.
Y Alexander…
Alexander la había besado.
Valentina estaba sentada frente al espejo, mirando su propio reflejo.
—Perfecto —murmuró—. Descubro que tengo un padre millonario que intenta destruir la empresa donde trabajo y, además, me beso con el jefe.
Se quedó pensativa.
—Definitivamente mi vida necesita supervisión.
Detrás de ella, Mia apareció con una taza de café.
—Necesita una serie de televisión.
Valentina se giró.
—¿Desde cuándo estás ahí?
—Desde "me beso con el jefe".
Valentina abrió los ojos.
—¡Mia!
—¿Qué? Es información relevante.
—No tienes derecho a escuchar conversaciones ajenas.
—No estaba escuchando. Estaba entrando.
—Entraste en el momento exacto.
—El universo quiso que estuviera presente.
Valentina tomó una almohada y se la lanzó.
Mia la esquivó riendo.
—¡Está bien! ¡Está bien! Pero necesito saber algo.
—¿Qué?
—¿Fue bonito?
Valentina se quedó callada.
Mia sonrió.
—Fue bonito.
—Cállate.
—Fue muy bonito.
—Mia.
—¿Te volvió a besar?
—¡No!
Mia levantó una ceja.
—Todavía.
Valentina intentó contener una sonrisa.
No pudo.
Mia se dejó caer a su lado.
—Te gusta.
Valentina suspiró.
—Sí.
—¿Y él?
Valentina recordó la mirada de Alexander.
—Creo que sí.
—Entonces ¿cuál es el problema?
Valentina bajó la mirada.
—Que no somos iguales.
Mia dejó de sonreír.
—¿A qué te refieres?
—A todo.
Valentina comenzó a contar con los dedos.
—Él nació en una familia poderosa. Yo crecí en una casa donde Sebastián y Gabriel se peleaban por quién lavaba los platos.
—Eso no es una desventaja.
—Él dirige una de las empresas más importantes de Nueva York.
—Y tú lograste que te contratara.
—Él conoce gente que aparece en las revistas. Yo conozco a la señora del mercado que me guarda los mejores aguacates.
Mia sonrió.
—Eso último sí es un privilegio.
Valentina soltó una risa.
Pero inmediatamente volvió a ponerse seria.
—Mia, él pertenece a un mundo diferente.
—¿Y?
—No quiero convertirme en alguien que tenga que fingir para estar a su lado.
Mia la observó.
—¿Te ha pedido que cambies?
—No.
—¿Te ha dicho que no eres suficiente?
—No.
—¿Entonces?
Valentina guardó silencio.
—Soy yo quien piensa que no soy suficiente.
Mia suspiró.
—Ahí está el problema.
Alexander llevaba quince minutos leyendo el mismo informe.
No porque el documento fuera complicado.
Sino porque Daniel llevaba quince minutos mirándolo.
—¿Vas a decir algo? —preguntó Alexander.
—No.
—Entonces deja de mirarme.
Daniel sonrió.
—Solo estoy procesando.
—¿Qué?
—Que finalmente ocurrió.
Alexander levantó la mirada.
—¿Qué ocurrió?
—El beso.
Alexander cerró el expediente.
—No sé de qué hablas.
Daniel soltó una carcajada.
—Claro.
—No pasó nada.
—Por supuesto.
—Daniel.
—Alexander.
Se miraron.
—Te gusta —dijo Daniel.
Alexander permaneció callado.
—Mucho.
—Eso tampoco significa nada.
Daniel se inclinó hacia él.
—Te conozco desde hace años.
—Eso es desafortunado.
—Sé perfectamente cómo eres cuando algo no te importa.
Alexander levantó una ceja.
—¿Y cómo soy?
—Frío. Directo. Impaciente. Imposible.
—¿Y cuando algo me importa?
Daniel sonrió.
—Más imposible.
Alexander volvió a abrir el expediente.
—Tenemos problemas más importantes.
—Como Harrison Global.
—Exactamente.
Daniel dejó de bromear.
—Tenemos noticias.
Alexander levantó la mirada.
—¿Qué ocurrió?
—Harrison Global acaba de adquirir otra participación en uno de nuestros principales proveedores.
Alexander se puso de pie.
—¿Cuánto?
—Veintidós por ciento.
—Demasiado.
—Y no es lo peor.
Daniel colocó una carpeta sobre el escritorio.
—También compraron parte de una empresa que abastece directamente a Victoria.
Alexander abrió la carpeta.
Su expresión se endureció.
—Richard está acelerando.
—Sí.
—¿Por qué?
Daniel dudó.
—Tal vez porque ya sabe que encontró a Mariana.
Alexander levantó la mirada.
—O porque sabe algo más.
Valentina llegó a la oficina acompañada de Mia.
Alexander estaba en una reunión.
Daniel las recibió.
—Buenos días.
Mia sonrió.
—Buenos días.
Valentina intentó comportarse con normalidad.
Daniel la observó.
Después miró a Mia.
Después volvió a mirar a Valentina.
—¿Qué?
Valentina frunció el ceño.
—Nada.
—No dije nada.
—Pero lo pensaste.
Daniel sonrió.
—Interesante.
Mia intervino.
—No empieces.
—Yo no estoy empezando nada.
—Tu cara está empezando algo.
Daniel levantó las manos.
—Está bien.
Valentina intentó pasar de largo.
—Tengo trabajo.
Daniel la llamó.
—Valentina.
Ella se giró.
—¿Sí?
—Alexander quiere verte cuando termine su reunión.
El corazón de Valentina dio un pequeño salto.
—¿Sobre trabajo?
Daniel sonrió.
—Probablemente.
Mia carraspeó.
—Daniel.
—¿Qué?
—Déjala respirar.