El automóvil avanzaba por las calles de Nueva York mientras Valentina permanecía en silencio.
Alexander conducía con una mano sobre el volante y la otra sosteniendo la de ella.
Ninguno había mencionado el beso.
Pero tampoco parecía necesario.
Había algo diferente entre ellos.
Algo que ambos podían sentir aunque ninguno quisiera ponerle todavía un nombre.
—¿Estás nerviosa? —preguntó Alexander.
—Mucho.
—¿Por Victoria?
Valentina asintió.
—No sé qué voy a sentir cuando la vea.
Alexander apretó ligeramente su mano.
—No tienes que decidirlo antes de conocerla.
—¿Y si ella no quiere conocerme?
Alexander la miró brevemente.
—Entonces será su pérdida.
Valentina sonrió.
—Hablas como si todo fuera sencillo.
—No lo es.
—Entonces ¿por qué suenas tan seguro?
—Porque hay cosas que no necesitan complicarse.
—¿Como cuáles?
Alexander volvió la mirada hacia el camino.
—Que mereces saber la verdad.
Valentina permaneció callada.
No sabía por qué aquellas palabras la tranquilizaban tanto.
El teléfono de Alexander sonó.
Era Daniel.
—¿Qué ocurre?
La expresión de Alexander cambió.
—¿Cuándo?
Valentina lo observó.
—Entiendo.
Colgó.
—¿Qué pasó?
—Victoria está estable.
Valentina respiró aliviada.
—¿Entonces?
—El médico quiere esperar unas horas antes de recibir visitas.
Ella asintió.
—Está bien.
Alexander la miró.
—Podemos regresar mañana.
—No.
Valentina negó.
—Quiero verla.
—Valentina…
—He esperado veinticuatro años.
Alexander entendió.
—Entonces esperaremos.
Mientras tanto, en la oficina de Blackwood-Victoria Group, Ethan revisaba varios documentos.
Mia estaba sentada frente a él.
—¿Vas a seguir mirando la pantalla o vas a admitir que estás preocupado?
Ethan levantó la mirada.
—Estoy preocupado.
—¿Por Valentina?
—Sí.
Mia sonrió.
—¿Te gusta?
Ethan se quedó quieto.
—¿Por qué preguntas eso?
—Porque llevas semanas mirándola como si fuera la única mujer en la habitación.
Ethan suspiró.
—Me gusta.
Mia no pareció sorprendida.
—Lo sabía.
—Pero creo que ella está interesada en Alexander.
Mia hizo una mueca.
—Eso también lo sabemos todos.
—Entonces no entiendo por qué sigues preguntando.
—Porque quiero saber si vas a rendirte.
Ethan sonrió.
—No.
Mia levantó una ceja.
—¿No?
—No voy a interferir en lo que ella decida.
—Eso suena bastante maduro.
—Pero tampoco voy a desaparecer.
Mia negó con la cabeza.
—Los hombres.
—¿Qué?
—Nada.
A la mañana siguiente, Valentina regresó a la oficina.
Alexander aún no había llegado.
Ethan apareció junto a su escritorio.
—Buenos días.
Valentina levantó la mirada.
—Buenos días.
Él dejó una taza de café sobre la mesa.
—Pensé que podrías necesitarlo.
Valentina sonrió.
—Gracias.
—¿Cómo está Victoria?
—Estable.
—Me alegra.
Ethan dudó.
—Si necesitas hablar…
—Estoy bien.
—No tienes que estarlo.
Valentina lo miró.
—Gracias.
Ethan sonrió.
—De nada.
Desde el otro extremo de la oficina, Alexander acababa de entrar.
Vio la escena.
Vio el café.
Vio la sonrisa de Valentina.
Y luego vio a Ethan.
Daniel apareció detrás de él.
—No.
Alexander ni siquiera lo miró.
—¿Qué?
—Esa cara.
—¿Qué cara?
—La de "voy a despedir a alguien".
Alexander apretó la mandíbula.
—No voy a despedir a nadie.
—Perfecto.
—Solo voy a hablar con él.
Daniel suspiró.
—Eso es exactamente lo que haría alguien que piensa despedir a alguien.
Alexander caminó hacia ellos.
—Buenos días.
Ethan se giró.
—Buenos días, señor Blackwood.
Alexander miró el café.
—¿Qué es eso?
Ethan respondió tranquilamente.
—Café.
—Ya lo veo.
Valentina intervino.
—Ethan me lo trajo.
—También lo veo.
Daniel se llevó una mano al rostro.
—Esto va a ser divertido.
Alexander ignoró el comentario.
—Tenemos una reunión en veinte minutos, Valentina.
—Sí.
Ethan se retiró.
Alexander esperó a que se alejara.
—¿Te gusta?
Valentina abrió los ojos.
—¿Qué?
—El café.
Ella lo miró.
Después comprendió.
—¿Estás celoso?
—No.
—Alexander.
—No estoy celoso.
Valentina sonrió.
—Estás celoso.
—No.
—Muchísimo.
Alexander cruzó los brazos.
—Solo me parece innecesario que alguien tenga que traerte café.
—¿Por qué?
—Porque puedo hacerlo yo.
Valentina soltó una risa.
—¿Tú?
—Sí.
—¿Sabes preparar café?
Alexander guardó silencio.
Daniel intervino:
—No.
Alexander lo miró.
—Daniel.
—Es un hecho.
Valentina comenzó a reír.
—Entonces tendrás que aprender.
Alexander la observó.
—Lo haré.
—¿En serio?
—Sí.
—¿Solo porque Ethan me trajo café?
—No.
Se acercó un poco.
—Porque quiero tener una excusa para hacer algo por ti.
Valentina dejó de reír.
Alexander sonrió.
—Ahora sí estoy empezando a creer que estás celosa de Ethan —murmuró ella.
—No cambies de tema.
—Lo estás.
—Valentina.
Ella sonrió.
—Me gusta cuando estás celoso.
Alexander negó con la cabeza.
—Eso es peligroso.
—¿Por qué?
—Porque podría acostumbrarme a ti.
La reunión de esa mañana se prolongó más de lo previsto.
Harrison Global había conseguido bloquear una operación importante.
Alexander estaba furioso.
—Necesito saber cómo consiguieron la información.