La hija que nunca debió existir

Capitulo 23 La pulsera

La llamada llegó a las seis de la mañana.

Alexander dormía cuando su teléfono comenzó a vibrar sobre la mesa de noche.

Abrió los ojos con dificultad.

—¿Sí?

La voz de Daniel sonaba seria.

—Tenemos un problema.

Alexander se incorporó inmediatamente.

—¿Qué ocurrió?

—Victoria recibió una amenaza.

Alexander se levantó.

—¿Qué clase de amenaza?

—Un mensaje.

—¿De quién?

—No lo sabemos.

Alexander miró hacia la cama.

Valentina seguía dormida.

—¿Está Victoria bien?

—Sí. Pero está asustada.

Alexander se vistió rápidamente.

Antes de salir, miró a Valentina.

Ella abrió los ojos.

—¿Qué pasa?

Alexander se acercó.

—Victoria recibió una amenaza.

Valentina se incorporó.

—¿Qué?

—Voy al hospital.

—Voy contigo.

—Valentina…

—Es mi madre.

Alexander no discutió.

—Está bien.

En el hospital, Victoria tenía el teléfono sobre la mesa.

Richard estaba a su lado.

—¿Te dijeron algo más? —preguntó él.

Victoria negó.

—Solo que Thomas sigue trabajando.

Richard apretó la mandíbula.

—Eso no puede ser.

—¿Por qué?

—Porque Thomas desapareció hace años.

Alexander entró.

—Entonces alguien quiere que pensemos que está vivo.

Richard se giró.

—O está vivo.

Daniel entró detrás.

—Tenemos una pista.

Todos lo miraron.

—La amenaza fue enviada desde un teléfono desechable.

Richard frunció el ceño.

—Eso no sirve.

—Sí sirve —respondió Daniel—. Porque el teléfono fue comprado con efectivo, pero apareció en una cámara de seguridad.

Colocó una fotografía sobre la mesa.

Un hombre con sombrero y abrigo caminaba frente a una tienda.

Su rostro apenas podía distinguirse.

Valentina observó la imagen.

—¿Es él?

Victoria negó.

—No lo sé.

Richard tomó la fotografía.

—Yo tampoco.

Alexander miró a Daniel.

—Entonces seguimos buscando.

Horas después, Mariana llegó al hospital.

Traía una pequeña bolsa.

—Encontré esto.

Valentina la abrió.

Dentro estaba la antigua caja que había llevado desde México.

—¿Qué es?

—Algo que debí entregarte antes.

Valentina sacó la fotografía.

Después el pequeño brazalete.

—¿La pulsera?

Mariana asintió.

—La que llevabas cuando llegaste conmigo.

Valentina la observó.

—Pensé que ya sabíamos todo sobre ella.

—No.

Mariana negó.

—Hay algo que nunca viste.

Tomó la pulsera.

—Mira el interior.

Valentina frunció el ceño.

Era una inscripción diminuta.

Casi invisible.

V.R.

Valentina levantó la mirada.

—¿Qué significa?

Richard se acercó.

Al ver la pulsera, se quedó completamente inmóvil.

—Victoria… Richard.

Victoria miró.

—No.

Tomó la pulsera entre las manos.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Nosotros la mandamos hacer.

Valentina abrió los ojos.

—¿Qué?

Victoria señaló las letras.

—V por Victoria.

Miró a Richard.

—R por Richard.

Richard no podía apartar la mirada.

—Las dos pulseras.

Victoria asintió.

—Una para nuestra hija.

—¿Y la otra?

Victoria señaló la pulsera que llevaba Valentina.

—La otra se quedó conmigo.

Sacó la segunda pulsera de la caja.

Eran idénticas.

Valentina sintió un escalofrío.

—Entonces esta prueba que…

Richard la interrumpió.

—No prueba que seas mi hija.

Valentina lo miró.

Él respiró profundamente.

—Pero demuestra que tu madre y yo te esperábamos.

Aquella frase la hizo llorar.

Daniel tomó fotografías de ambas pulseras.

—Necesitamos conservarlas.

Mia apareció con una pequeña caja.

—Ya pensé en eso.

Daniel la miró.

—¿Desde cuándo eres la responsable de seguridad?

—Desde que todos ustedes toman decisiones sin pensar.

—Eso no es cierto.

—Ayer dejaste una carpeta con información confidencial encima de una mesa.

Daniel hizo una pausa.

—Eso fue una vez.

—Una vez suficiente.

Valentina sonrió.

Por unos segundos, la tensión disminuyó.

Alexander llevó a Valentina a un pasillo tranquilo.

—¿Cómo estás?

—No sé.

—¿Quieres que nos vayamos?

—No.

Ella miró la pulsera.

—Esto hace todo más real.

Alexander tomó su mano.

—Lo sé.

—¿Y si la prueba de ADN dice que no soy su hija?

—Entonces seguiremos buscando.

—¿Y si dice que sí?

Alexander sonrió.

—Entonces tendrás una respuesta.

Valentina lo miró.

—Y una familia completamente nueva.

—Ya tienes una familia.

—Dos.

—Tal vez tres.

Ella sonrió.

—¿Tres?

—Mia cuenta como una categoría aparte.

Valentina soltó una carcajada.

—Eso es verdad.

Alexander la miró.

—Y tienes a mis amigos.

—Daniel.

—Sí.

—Pobre de él.

—Lo sé.

—¿Y tú?

Alexander se acercó.

—Yo no sé todavía en qué categoría estoy.

Valentina sonrió.

—En la de insoportable.

—Me parece justo.

Ella apoyó la cabeza en su pecho.

—Quédate.

—Siempre.

Por la tarde, el médico entregó los documentos necesarios.

—Podemos realizar la prueba de ADN mañana.

Valentina sintió que el estómago se le cerraba.

Richard estaba a su lado.

Victoria también.

Mariana permanecía detrás.

Sebastián y Gabriel habían llegado desde México.

Gabriel abrazó a Valentina.

—¿Lista?

—No.

—Perfecto.

Ella lo miró.

—¿Perfecto?

—Porque nadie está listo para algo así.

Sebastián le tomó la mano.

—Pase lo que pase, sigues siendo nuestra hermana.

Valentina sonrió.

—Lo sé.




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