La mañana llegó demasiado rápido.
Valentina llevaba casi una hora despierta cuando Alexander abrió los ojos.
Ella estaba sentada junto a la ventana, mirando la ciudad.
—No has dormido —dijo él.
Valentina negó.
—Un poco.
—Eso significa que no.
Ella sonrió débilmente.
—No puedo evitarlo.
Alexander se incorporó.
—¿Tienes miedo?
Valentina tardó unos segundos en responder.
—Sí.
—¿De qué?
—De que todo lo que descubrimos sea cierto.
Alexander se acercó.
—¿Y por qué debería darte miedo?
Valentina bajó la mirada.
—Porque durante veinticuatro años tuve una vida. Una familia. Una historia. Y ahora estoy descubriendo que casi todo lo que creía saber sobre mi nacimiento era diferente.
Alexander tomó su mano.
—Tu historia no desaparece porque aparezca otra parte.
—¿Y si cambia quién soy?
—No puede.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque te conozco.
Valentina lo miró.
—¿De verdad?
—Lo suficiente para saber que sigues siendo la mujer que discutió conmigo el primer día de trabajo.
Ella soltó una pequeña risa.
—Ese día pensé que eras insoportable.
—Y yo pensé que eras imprudente.
—¿Solo imprudente?
—También hermosa.
Valentina levantó una ceja.
—¿Desde el primer día?
Alexander sonrió.
—Desafortunadamente.
—¿Desafortunadamente?
—Porque desde ese momento empecé a tener problemas.
—¿Yo?
—Tú.
Ella lo abrazó.
—Entonces tendrás que soportarlos.
—Ya lo decidí.
En el hospital, todos esperaban.
Mariana estaba junto a Valentina.
Victoria permanecía en una silla.
Richard caminaba de un lado a otro.
Sebastián y Gabriel estaban sentados juntos.
Mia y Daniel hablaban en voz baja.
—¿Crees que Richard está nervioso? —preguntó Mia.
Daniel miró al empresario.
—Lleva caminando media hora.
—Entonces sí.
—Mucho.
—¿Y Victoria?
—Está intentando no llorar.
Mia suspiró.
—Pobre Valentina.
Daniel le tomó la mano.
—Pase lo que pase, no estará sola.
Mia lo miró.
—Eso fue muy bonito.
—No te acostumbres.
—Demasiado tarde.
El médico entró.
—Señorita Valentina.
Ella se puso de pie.
—¿Sí?
—Necesitamos tomar las muestras.
Valentina respiró profundamente.
Richard se acercó.
—Si quieres, puedo acompañarte.
Ella lo miró.
—Sí.
Caminaron juntos.
Por primera vez, Richard estaba junto a ella no como empresario, ni como rival de Victoria, ni como hombre que había pasado años persiguiendo una venganza.
Simplemente como un hombre que quizá era su padre.
El procedimiento fue sencillo.
Una muestra de Valentina.
Una de Richard.
El médico explicó que los resultados tardarían unas horas debido a la prioridad del estudio.
Cuando salieron, Gabriel se acercó.
—¿Dolió?
Valentina lo miró.
—No.
—Excelente.
—¿Por qué?
—Porque ya estaba pensando en demandar al hospital.
Sebastián le dio un golpe en el brazo.
—Déjala respirar.
Gabriel levantó las manos.
—Solo intento mantener el ambiente agradable.
Valentina se rio.
—Gracias.
Las horas siguientes fueron interminables.
Richard se sentó frente a Valentina.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Sí.
—¿Cómo fue tu infancia?
Valentina sonrió.
—Ruidosa.
Richard sonrió.
—¿Ruidosa?
—Tengo dos hermanos mayores.
Gabriel gritó desde el otro lado:
—¡Y excelentes!
—Eso no dije.
Todos rieron.
Richard miró a Sebastián y Gabriel.
—Ellos te cuidaron.
—Muchísimo.
—¿Y tu madre?
Valentina miró a Mariana.
—Mariana hizo todo por nosotros.
Richard asintió.
—Quiero conocerla mejor.
Mariana lo observó.
—Habrá tiempo.
Richard bajó la mirada.
—Eso espero.
Valentina notó algo en su expresión.
No era el poderoso empresario que había visto en las noticias.
Era un hombre que acababa de descubrir que había perdido veinticuatro años.
Victoria llamó a Valentina.
—Ven.
Valentina se acercó.
Victoria tomó su mano.
—Quiero decirte algo antes de conocer el resultado.
—¿Qué?
—Si resulta que Richard es tu padre, no quiero que sientas que tienes que elegir.
Valentina frunció el ceño.
—¿Elegir?
—Entre nosotros.
Victoria miró a Mariana.
—Ella te crió.
Después miró a Valentina.
—Yo te traje al mundo.
Su voz se quebró.
—Pero ninguna de las dos tiene derecho a pedirte que renuncies a la otra.
Mariana se acercó.
—Nunca te pediría eso.
Valentina abrazó a ambas.
—No quiero elegir.
Victoria cerró los ojos.
—Entonces no lo hagas.
A media tarde, Alexander recibió una llamada.
Se apartó del grupo.
—¿Sí?
Daniel habló rápidamente.
—Encontramos algo.
Alexander se puso serio.
—¿Qué?
—El hombre que vimos ayer cerca del hospital.
—¿Lo identificaron?
—Todavía no.
—Entonces ¿qué encontraron?
—La cámara muestra que estuvo allí dos veces.
Alexander frunció el ceño.
—¿Antes de la amenaza?
—Sí.
—¿Cuándo?
—Una hora antes de que Victoria recibiera el mensaje.
Alexander miró hacia Valentina.
—¿Y la segunda vez?
Daniel hizo una pausa.
—Esta mañana.
—¿Antes de la prueba?
—Exactamente.
Alexander sintió un escalofrío.
—¿Sigue ahí?
—No.
—Encuéntrenlo.
—Ya estamos en eso.
Alexander colgó.
Valentina lo observó.
—¿Qué ocurre?
Alexander dudó.
—Hay alguien vigilando el hospital.
Richard escuchó.
—¿Qué?
Alexander explicó brevemente.
El rostro de Richard cambió.