Valentina había llegado a una conclusión.
Su vida era oficialmente demasiado complicada.
Tenía una madre que la había criado.
Otra que le había dado la vida.
Un padre que intentaba recuperar veinticuatro años en cuestión de semanas.
Dos hermanos que seguían convencidos de que cualquier hombre que se acercara a ella debía pasar una prueba.
Un novio que dirigía una de las empresas más importantes de Nueva York.
Y una familia biológica llena de secretos.
Y, por si fuera poco, ahora tenía que soportar reuniones familiares.
—¿Cuántas personas vienen? —preguntó mientras miraba la mesa.
Gabriel contó.
—Uno, dos, tres…
Sebastián le quitó la lista.
—Veintitrés.
Valentina abrió los ojos.
—¿Veintitrés?
Gabriel sonrió.
—Te dije que nuestra familia estaba creciendo.
—Esto no es una familia.
—¿Qué es?
—Una conferencia.
La comida había sido idea de Victoria.
Quería reunir a todos.
Mariana había aceptado.
Richard también.
Eleanor y Arthur estaban presentes.
Mia y Daniel habían sido invitados.
Sebastián y Gabriel, por supuesto, estaban allí.
Y Alexander había llegado temprano.
Demasiado temprano.
Valentina lo encontró en la cocina.
—¿Qué haces?
—Me escondo.
Ella soltó una carcajada.
—¿De quién?
Alexander señaló hacia la sala.
Gabriel estaba hablando con Richard.
—Tu hermano está explicándole a mi futuro suegro cómo preparar carne.
—Eso puede ser peligroso.
—Mucho.
Richard apareció.
—Alexander.
—Sí.
—¿Sabes cocinar?
Alexander dudó.
—Algunas cosas.
Gabriel apareció detrás.
—Eso significa que no.
—No exactamente.
—¿Sabes preparar algo que no venga en una caja?
Alexander lo miró.
—Sí.
Gabriel sonrió.
—Entonces estás a salvo.
Sebastián intervino:
—Por ahora.
Alexander suspiró.
—Gracias.
La comida comenzó con relativa tranquilidad.
Valentina se sentó entre Mariana y Victoria.
Richard estaba frente a ella.
Alexander junto a Valentina.
Sebastián y Gabriel al otro lado.
Durante algunos minutos nadie habló.
Hasta que Eleanor levantó su copa.
—Quiero brindar.
Todos la miraron.
—Por Valentina.
Valentina sonrió.
Eleanor continuó:
—Por haber regresado a nosotros.
Mariana levantó su copa.
—Y por nunca haber dejado de ser nuestra.
Victoria asintió.
—Por mi hija.
Richard agregó:
—Por nuestra hija.
Valentina sintió lágrimas en los ojos.
Alexander tomó su mano.
—Por Valentina —dijo.
Todos brindaron.
Gabriel levantó su copa.
—Y porque Alexander sobreviva a la familia.
Alexander negó con la cabeza.
—Eso no estaba en el brindis.
—Ahora sí.
Todos rieron.
La tarde avanzó entre historias.
Victoria contó anécdotas de su juventud.
Richard recordó cómo se conocieron.
Mariana explicó cómo Valentina había aprendido a caminar.
Sebastián contó cómo Gabriel había roto una ventana intentando jugar béisbol.
Gabriel protestó.
—Fue una vez.
—Fueron tres —corrigió Sebastián.
—Dos.
—Tres.
—Dos y media.
Valentina se rio.
—¿Cómo rompes media ventana?
Gabriel respondió:
—Es complicado.
Alexander escuchaba con atención.
Cada historia le mostraba una versión diferente de Valentina.
La niña que había crecido con Mariana.
La hermana menor protegida por Sebastián y Gabriel.
La joven que había llegado a Nueva York buscando una verdad.
Y la mujer de la que se había enamorado.
Sin importar cuánto cambiara su historia, seguía siendo la misma.
Después de la comida, Valentina salió al jardín.
Alexander la siguió.
—¿Cansada?
—Mucho.
—¿Arrepentida?
Ella negó.
—No.
—¿Feliz?
Valentina sonrió.
—Sí.
Alexander la abrazó.
—Me alegra.
—Aunque mi familia sea una locura.
—Especialmente por eso.
Valentina levantó la mirada.
—¿Te imaginas algún día tener una familia así?
Alexander sonrió.
—No.
Ella abrió los ojos.
—¿No?
—Me imagino tener una familia contigo.
Valentina se quedó callada.
—Eso es diferente.
—Mucho.
Ella lo besó.
Pero la tranquilidad se rompió cuando Daniel salió al jardín.
—Alexander.
—¿Qué ocurre?
Daniel le entregó un teléfono.
—Tenemos un problema con Harrison Global.
Alexander se puso serio.
Valentina lo miró.
—¿Qué pasó?
—Están atacando tres de nuestros principales proveedores.
Alexander tomó el teléfono.
—¿Otra vez?
Daniel asintió.
—Pero esta vez es diferente.
—¿Cómo?
—Están utilizando información interna.
Alexander frunció el ceño.
—¿Información que solo nosotros tenemos?
—Exactamente.
Richard escuchó la conversación desde la puerta.
—Entonces tenemos una filtración.
Alexander asintió.
—Sí.
Richard miró a Victoria.
—Y creo que sé quién podría beneficiarse.
Victoria palideció.
—Thomas.
Esa noche, Alexander convocó una reunión.
Richard asistió.
Victoria también.
Daniel llevó los informes.
Mia se quedó con Valentina.
—No me gusta esto —dijo Valentina.
Mia la miró.
—¿Qué?
—Que Alexander esté entrando otra vez en esta guerra.
—Es su trabajo.
—Sí.
—Y tú sabes que no va a dejar que te involucren.
Valentina suspiró.
—Precisamente eso me preocupa.
En la reunión, Daniel colocó varios documentos.
—Harrison Global compró acciones de tres empresas vinculadas a nuestros proveedores.
Alexander observó los números.
—Esto no es una simple adquisición.