La distancia entre Valentina y Alexander duró tres días.
Solo tres.
Pero para ambos parecieron meses.
No habían terminado oficialmente.
Tampoco estaban juntos.
Era una situación extraña en la que ninguno quería pronunciar la palabra "separación", porque hacerlo habría significado aceptar que algo entre ellos se había roto.
Y ninguno estaba dispuesto a aceptarlo.
Valentina seguía viviendo con Mariana.
Alexander había vuelto a su apartamento.
Mia se había convertido en la mensajera no oficial entre ambos, aunque insistía en que no quería involucrarse.
—¿Cómo está? —preguntó Valentina.
Mia levantó una ceja.
—¿Quién?
—No juegues.
—Alexander.
Valentina asintió.
—Bien.
—¿Seguro?
—No.
—¿Está comiendo?
—No mucho.
—Entonces está peor de lo que pensaba.
Valentina suspiró.
—Mia…
—¿Qué?
—Lo extraño.
Mia se sentó junto a ella.
—Entonces llámalo.
—No puedo.
—¿Por qué?
—Porque necesito saber la verdad.
Mia la observó.
—Entonces averigüémosla.
En el otro extremo de la ciudad, Daniel decía exactamente lo mismo.
—Tienes que hablar con ella.
Alexander seguía leyendo documentos.
—Estoy trabajando.
—No.
—Sí.
—No.
Alexander levantó la mirada.
—¿Qué quieres?
—Que dejes de fingir que te interesa esta carpeta.
Alexander cerró el expediente.
—No estoy fingiendo.
—Llevas veinte minutos mirando la misma página.
Alexander suspiró.
—La extraño.
—Entonces llámala.
—Necesito demostrarle la verdad.
Daniel sonrió.
—Eso sí tiene sentido.
Alexander tomó la carpeta.
—Vamos a encontrar a Thomas.
La investigación comenzó con los archivos antiguos.
No los de Victoria.
No los de Richard.
Los de Theodore Sinclair.
Alexander y Daniel revisaron sociedades desaparecidas, cuentas cerradas, fideicomisos y transferencias realizadas hacía más de dos décadas.
Después de cuatro horas, Daniel encontró algo.
—Alexander.
—¿Qué?
—Mira esto.
En la pantalla apareció una sociedad registrada veinticinco años atrás.
Sinclair Strategic Holdings.
—¿Quién la administraba?
—Thomas Reed.
Alexander se inclinó.
—¿Capital inicial?
Daniel abrió el documento.
—Una cantidad considerable.
—¿Origen?
—Hay varias transferencias.
—¿De quién?
Daniel se quedó callado.
—De Richard Harrison.
Alexander levantó la mirada.
—¿Qué?
—Sí.
—¿Richard financiaba una empresa de Theodore?
—Eso parece.
Alexander llamó inmediatamente a Richard.
Richard llegó una hora después.
—¿Qué encontraron?
Alexander le mostró los documentos.
Richard palideció.
—No recuerdo esto.
—¿Conocías esta sociedad?
—No.
Daniel señaló el nombre.
—Thomas Reed la administraba.
Richard se sentó.
—Mi padre confiaba en él.
—¿Tu padre te hablaba de Thomas?
—Sí.
Richard pasó una mano por su rostro.
—Era su hombre de confianza.
—¿Qué hacía?
Richard tardó en responder.
—Lo que mi padre no quería que apareciera en documentos oficiales.
Daniel preguntó:
—¿Qué significa eso?
Richard lo miró.
—Negociaciones ilegales. Presiones. Amenazas.
Alexander frunció el ceño.
—¿Y desapariciones?
Richard guardó silencio.
Ese silencio fue suficiente.
Mientras tanto, Valentina estaba con Victoria.
—Mamá, necesito saber algo.
Victoria la miró.
—Pregunta.
—¿Thomas Reed estuvo presente cuando nací?
Victoria quedó inmóvil.
—¿Quién te dijo eso?
—Nadie.
—Valentina…
—Necesito la verdad.
Victoria cerró los ojos.
—Sí.
Valentina sintió un escalofrío.
—¿Qué hacía allí?
—Mi padre lo envió.
—¿Para qué?
Victoria comenzó a llorar.
—Para asegurarse de que tú desaparecieras.
Valentina se quedó helada.
—¿Desapareciera?
—No sabía que Mariana iba a salvarte.
—¿Qué pensabas que haría?
Victoria respiró con dificultad.
—Tu abuelo quería que te entregara.
—¿A quién?
—No lo sé.
Valentina se acercó.
—Mamá.
Victoria la miró.
—Eso es lo que más me atormenta.
—¿Qué?
—Que nunca supe quién debía recibirte.
En ese momento, Richard entró.
—Yo sí.
Ambas lo miraron.
—¿Qué sabes? —preguntó Victoria.
Richard dejó una carpeta sobre la mesa.
—Encontramos esto.
Victoria abrió los documentos.
Su rostro perdió color.
—No…
Richard señaló una transferencia.
—Thomas recibió dinero de mi padre el mismo día en que naciste.
Victoria comenzó a temblar.
—Entonces…
—No estaba trabajando solamente para Theodore.
Alexander intervino:
—Estaba conectado con ambos lados.
Victoria levantó la mirada.
—¿Para qué?
Richard respondió:
—Para controlar la situación.
Valentina sintió que todo comenzaba a encajar.
—¿Controlar qué?
Nadie respondió.
Entonces Alexander encontró una nota dentro de la carpeta.
La leyó.
Su expresión cambió.
—Aquí dice:
"La menor debe desaparecer. Si Victoria insiste en recuperarla, el conflicto con Harrison será permanente."
Valentina sintió un vacío en el estómago.
—¿Quién escribió eso?
Alexander miró la firma.
T. Reed.
Valentina se puso de pie.
—Entonces él decidió mi vida.
Richard negó.
—No.
—¿No?
—No pudo decidir quién eras.
Valentina lo miró.
—Pero decidió que yo desapareciera.
Richard se acercó.
—Y falló.
—Porque Mariana me salvó.
—Sí.
Valentina miró a Victoria.