Victoria Sinclair llegó a la casa de Valentina poco después de las diez de la noche.
No llevaba el vestido elegante que acostumbraba usar.
Ni joyas.
Ni maquillaje perfecto.
Por primera vez desde que Valentina la conocía, parecía simplemente una mujer asustada.
Valentina abrió la puerta.
—Entra.
Victoria Sinclair la miró.
—¿Está Alexander?
—Sí.
—¿Richard?
—También.
Victoria respiró profundamente.
—Entonces estamos todos.
La sala quedó en silencio cuando Victoria comenzó a hablar.
—Thomas Reed no trabaja para mí.
Valentina la miró.
—Eso ya lo sabemos.
—Tampoco trabaja para Richard.
Richard frunció el ceño.
—Entonces ¿para quién?
Victoria miró hacia la ventana.
—Para alguien de mi familia.
Victoria, la madre de Valentina, palideció.
—¿De mi familia?
Victoria Sinclair asintió.
—De la familia Sinclair.
Richard se puso de pie.
—¿Quién?
Victoria Sinclair tardó en responder.
—Mi padre.
Valentina quedó inmóvil.
—¿Theodore?
—Sí.
Alexander frunció el ceño.
—Pero Theodore murió.
—Sí.
—Entonces no puede estar detrás de esto.
Victoria Sinclair negó.
—No directamente.
Valentina preguntó:
—¿Quién?
Victoria Sinclair respiró profundamente.
—Mi hermano.
El silencio fue absoluto.
Victoria, la madre de Valentina, la miró.
—Yo no sabía que Theodore tenía otro hijo.
Victoria Sinclair sonrió tristemente.
—Casi nadie lo sabe.
Richard preguntó:
—¿Cómo se llama?
—Charles Sinclair.
Valentina frunció el ceño.
—¿Dónde está?
—Desapareció hace veinte años.
Alexander intervino:
—¿Desapareció?
—Así lo hizo parecer.
Richard entendió.
—¿Y Thomas?
Victoria Sinclair respondió:
—Charles lo contrató.
Valentina sintió un escalofrío.
—Entonces Charles estaba detrás de todo.
—Desde el principio.
Victoria Sinclair sacó una carpeta.
—Charles creía que Theodore había cometido un error.
—¿Cuál? —preguntó Valentina.
—Dejar que Victoria tuviera una hija.
Victoria, la madre de Valentina, cerró los ojos.
—No…
—Él pensaba que tú destruirías el legado familiar.
Valentina miró a su madre.
—¿Por qué?
Victoria Sinclair respondió:
—Porque no eras una Sinclair reconocida públicamente.
—Pero soy su hija.
—Precisamente.
Richard apretó la mandíbula.
—Y eres hija mía.
Victoria Sinclair asintió.
—Charles consideraba que la mezcla de las dos familias podía alterar el equilibrio económico de Nueva York.
Alexander soltó una risa amarga.
—¿Todo esto por eso?
—No solo por eso.
Victoria Sinclair abrió la carpeta.
—Charles descubrió que Victoria había preparado su patrimonio para Valentina.
Valentina sintió un escalofrío.
—Y quería quitármelo.
—Sí.
—¿Para él?
—Para la rama familiar que él controlaba.
Richard miró a Victoria Sinclair.
—¿Y tú?
Ella bajó la mirada.
—Me amenazó.
Valentina recordó sus conversaciones anteriores.
—Por eso recibiste aquellas llamadas.
—Sí.
—¿Y por eso te alejaste?
Victoria Sinclair asintió.
—No quería hacerte daño.
Valentina se acercó.
—Entonces debiste decirme la verdad.
Victoria Sinclair comenzó a llorar.
—Lo sé.
Alexander tomó la carpeta.
—Aquí hay transferencias.
Victoria Sinclair asintió.
—Charles utilizó varias empresas para mover dinero.
Daniel comenzó a revisar los documentos.
—Estas sociedades aparecen en los ataques contra Harrison Global y Blackwood Enterprises.
Richard miró las hojas.
—Y también en las compras de los proveedores de Victoria.
Alexander completó:
—Quería provocar una guerra entre las tres empresas.
—Para debilitarlas —dijo Daniel.
Victoria Sinclair asintió.
—Y después comprar las partes que quedaran vulnerables.
Valentina entendió.
—Quería controlar todo.
—Sí.
—Pero yo lo impedía.
—Porque tu herencia mantiene el control fuera de sus manos.
Valentina permaneció en silencio.
—¿Dónde está Charles?
Victoria Sinclair respondió:
—No lo sé.
Alexander negó.
—Sí lo sabes.
Ella lo miró.
—¿Por qué dices eso?
—Porque trajiste esa carpeta.
Alexander señaló un documento.
—Aquí hay una dirección.
Victoria Sinclair bajó la mirada.
—Es un almacén.
Richard se acercó.
—¿Dónde?
Ella dijo el lugar.
Daniel revisó su teléfono.
—Está registrado a nombre de una sociedad que desapareció hace cinco años.
Alexander levantó la mirada.
—Thomas.
Daniel asintió.
—Exactamente.
La policía y seguridad corporativa fueron informadas.
Pero Alexander no quería esperar.
—Voy.
Valentina se levantó.
—Yo también.
Richard negó.
—No.
Valentina lo miró.
—Papá.
—Es peligroso.
—Toda mi vida otros decidieron por mí.
Richard se quedó callado.
—No voy a quedarme aquí mientras alguien intenta destruir mi familia.
Alexander se puso a su lado.
—Voy con ella.
Richard suspiró.
—Bien.
Gabriel apareció detrás.
—Yo también.
Sebastián lo agarró del brazo.
—No.
—¿Por qué?
—Porque alguien tiene que quedarse aquí.
Gabriel hizo una mueca.
—Nunca me dejan participar en las partes interesantes.
Mia respondió:
—Créeme, esto no es interesante.
Daniel levantó una ceja.
—Eso dices porque tienes miedo.
Mia lo miró.
—¿Yo?
—Sí.
—Yo no tengo miedo.
—Entonces ven.
Mia abrió la boca.
La cerró.