La inteligencia artificial: presente y futuro humano.

Capítulo 25: El Pulso del Vacío.

​El aire en la cabina de la Nébula Roja era denso, cargado con el olor a ozono y el calor metálico de los motores funcionando al límite. Alfonso ajustaba los últimos parámetros en el panel de control principal, con las manos firmes sobre los mandos, aunque el eco de las últimas horas todavía resonaba en su piel. Sabía perfectamente cuál era su lugar a bordo: obedecer cada directriz, entregarse por completo a las órdenes de su capitana y ser el refugio sumiso donde ella descargaba toda su autoridad.
​A unos pasos de él, Gloria se mantenía de pie con los brazos cruzados, observando el mapa estelar holográfico que flotaba en el centro de la sala. Su presencia era imponente, dominando cada rincón del espacio con esa mirada fría y calculadora que a Alfonso le encantaba y le hacía temblar al mismo tiempo. Ella era la dueña absoluta del rumbo, la que marcaba los tiempos y la que tenía el control total de la misión y de él.
​—Alfonso —la voz de Gloria resonó profunda y autoritaria, cortando el zumbido de los sistemas—. Comprueba el flujo de energía del propulsor de plasma. No quiero ningún margen de error en el salto orbital. A este sector entramos bajo mis normas, y ya sabes lo que eso significa para ti.
​Alfonso tragó saliva, sintiendo cómo el calor le subía por el cuello mientras asentía con sumisión, sintiéndose completamente a su merced.
​—A la orden, mi capitana —respondió con la voz ligeramente quebrada por la tensión y el deseo acumulado, girándose hacia los mandos para cumplir cada uno de sus deseos sin rechistar—. Todo bajo control. Los sistemas están listos para tu dominio.
​Gloria esbozó una sonrisa imperceptible, sabiendo perfectamente el poder que ejercía sobre él, y dio un paso al frente para acortar la distancia...

Las luces de emergencia de la Nébula Roja bañaban el puente de mando con un resplandor carmesí y pulsante, proyectando sombras afiladas sobre el rostro de la capitana Gloria. Frente a ella, Alfonso permanecía en pie, con la espalda perfectamente recta y los músculos de la mandíbula tensos, mientras contenía las fluctuaciones del pulso magnético que amenazaban con desestabilizar la nave.
—¿Serás capaz de soportar la presión, subalterno? —murmuró Gloria, acercándose con un paso lento y felino. Redujo la distancia entre ambos hasta que el calor de su presencia contrastó con la frialdad metálica de la consola—. La diferencia entre mantener el rumbo y estrellarnos contra el sector prohibido depende, en buena medida, de la precisión de tus manos.
Alfonso no apartó la mirada de los visores. Sin embargo, percibió la cercanía de la capitana, el aroma metálico de su uniforme y la autoridad inapelable que emanaba de cada uno de sus movimientos. Sus dedos se deslizaron sobre los mandos principales y estabilizaron el flujo de energía justo cuando una violenta turbulencia sacudió el casco de la nave.
—Siempre mantengo el rumbo cuando estás al mando, mi capitana —respondió con voz firme, aunque un leve temblor amenazaba con delatar la tensión que sentía—. Aunque el precio sea atravesar el fuego.
Gloria esbozó una sonrisa apenas perceptible, mezcla de desafío y seguridad absoluta. Después, inclinó ligeramente el rostro hacia él, sin apartar los ojos de los indicadores luminosos.
—Eso está por verse, Alfonso. Sigue así… y quizá te conceda un instante para respirar antes del próximo salto.
En ese momento, un pitido agudo interrumpió la conversación. El mapa estelar holográfico cambió de color y una serie de coordenadas desconocidas apareció en el centro de la pantalla.
Alfonso frunció el ceño.
—Capitana, tenemos una anomalía en el campo gravitacional. No figura en ninguna de las cartas de navegación.
Gloria se apartó de él y dirigió toda su atención al holograma. Su expresión perdió cualquier rastro de satisfacción y se volvió tan fría como el vacío que aguardaba al otro lado de los ventanales.
—Amplía la lectura —ordenó—. Quiero saber qué hay ahí fuera antes de que esa anomalía decida por nosotros.
Alfonso obedeció. En la pantalla apareció una región oscura, un vacío que parecía absorber incluso la luz de las estrellas.
Durante unos segundos, ninguno de los dos habló.
Entonces, el sistema de navegación emitió una última señal.
«ADVERTENCIA: PRESENCIA DESCONOCIDA DETECTADA EN EL SECTOR PROHIBIDO».

El zumbido de los motores de repulsión vibraba a través de las suelas de las botas, marcando un latido sincopado que parecía acompasarse con la respiración contenida de Alfonso. Los mandos de navegación principal parpadeaban en tonos ámbar y rojo, advirtiendo de una sobrecarga inminente en el núcleo de plasma.
Gloria dio un paso más. La punta de su bota militar chocó levemente contra la de Alfonso: un roce calculado, una invasión deliberada de su espacio personal que desarmaba al subordinado con la misma eficacia que un pulso electromagnético. Las manos de Alfonso seguían aferradas a las palancas de control, con los nudillos blancos por la tensión. El sudor frío le resbalaba por la nuca mientras el aroma a ozono y al perfume de la capitana parecía envolverlo por completo.
—Estás temblando, subalterno —murmuró ella con voz baja y áspera, teñida de una burla sutil que aumentaba la tensión del momento—. ¿Es por el fallo del motor o porque sabes exactamente lo que voy a hacer cuando consigamos estabilizar la nave?
Alfonso tragó saliva con dificultad. Sentía la mirada de Gloria clavada en su perfil, y sus músculos se tensaron hasta el límite. Una parte de él deseaba apartarse de los controles y abandonarse a la voluntad de aquella mujer, pero sabía que la seguridad de la nave dependía de su concentración.
—Por ambas cosas, mi capitana —confesó con un hilo de voz, perdiendo por un instante el tono reglamentario—. Y sabes perfectamente que no puedo ignorar ninguna de las dos.
Una sonrisa lenta y enigmática se dibujó en los labios de Gloria. Se inclinó hacia él hasta acercar el rostro a su oído y le susurró con una calma que contrastaba con las alarmas del puente:
—Bien. Porque en este sector no hay rescate posible para quienes se rinden antes de tiempo. Cuando activemos el bloqueo de salto, tendrás que demostrarme si ese orgullo tuyo resiste la presión cuando todo dependa de ti.
Alfonso inspiró profundamente y volvió la mirada hacia los indicadores. El núcleo de plasma emitió una vibración más intensa, y una nueva advertencia apareció en la pantalla principal.
La capitana recuperó de inmediato su expresión severa.
—Concéntrate, Alfonso. El vacío no concede segundas oportunidades.
Él asintió y deslizó los dedos sobre los controles, dispuesto a enfrentarse a la anomalía que aguardaba más allá de los límites conocidos.



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En el texto hay: ciencia ficcion, aventura,

Editado: 12.10.2026

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