Capítulo 18
POV Harper
Estaba sola en la oficina después de la presión que había contenido todo el día comenzó a desbordarse. No quería llorar, pero las lágrimas aparecieron de todos modos.
Lloré en silencio durante unos minutos, permitiéndome sentir todo lo que había intentado negar. La soledad, los celos, la inseguridad y la absurda sensación de haber sido desplazada por alguien que siempre había considerado mi enemiga.
El teléfono vibró sobre el escritorio.
Era una videollamada de Lana y Alma.
Me limpié el rostro con rapidez y acepté.
—¡Feliz cumpleaños! —exclamaron al mismo tiempo.
Detrás de ellas se veía el apartamento que compartían en Boston. Habían preparado una pequeña celebración, con globos y una torta sobre la mesa.
—Gracias —respondí, intentando sonreír.
Alma entrecerró los ojos.
—Estás en la oficina.
—Sí.
—Es tarde —dijo Lana—. ¿Por qué sigues trabajando el día de tu cumpleaños?
—Tenemos un caso urgente.
—Eso no responde la pregunta.
No pude sostener la sonrisa.
—Alexander viajó a Boston con Emma.
Las dos se quedaron inmóviles.
—¿Con Emma Thomson? —preguntó Alma.
—Sí.
—¿Qué hace ella con nuestro hermano? —Lana parecía indignada.
—Es la abogada de la otra firma que representa al cliente.
—Eso no explica por qué viajan juntos.
—El cliente pidió que Alexander dirigiera la estrategia y ella continuará como abogada local.
—¿Y por qué él no te llevó a ti? —preguntó Lana.
—Porque soy una abogada junior y el cliente solicitó a alguien con mayor experiencia.
—Eso es ridículo. Tú conoces el caso.
—No tienes que preocuparte.
—No estamos preocupadas —dijo Lana—. Estamos indignadas.
Alma y Lana intercambiaron una mirada.
—Por qué estás llorando en la oficina.
—No estoy llorando.
—Harper, tienes los ojos rojos.
—Estoy cansada.
—También estás herida —dijo Lana con suavidad.
No tuve fuerzas para negarlo.
Durante unos segundos solo se escuchó el sonido de la lluvia contra los ventanales de la firma.
—Ven a Boston —dijo Alma.
Levanté la mirada hacia la pantalla.
—¿Qué?
—Ven a trabajar con nosotras. La sede necesita abogados y tú ya tienes experiencia suficiente para ocupar una posición importante.
—No puedo abandonar Seattle de un día para otro.
—No te lo estamos pidiendo para mañana —respondió Lana—. Te estamos diciendo que existe una alternativa.
—Soy parte del equipo de Alexander.
—Y puedes seguir siendo parte de la familia Blackwood sin trabajar bajo su sombra —dijo Alma.
La frase me golpeó con más fuerza de la que esperaba.
Durante años había construido mi vida alrededor de aquella firma. Alexander había sido mi modelo a seguir, el abogado que me inspiró a estudiar y la persona que me dio la oportunidad de entrar en su mundo.
Pero quizás había llegado el momento de preguntarme si quería continuar allí por mi carrera o por él.
No tenía una respuesta.
—En Boston tendrías tu propio espacio —continuó Lana—.
Alma tomó mi mano a través de la pantalla, aunque ambas sabíamos que no podía sentirla.
—Y jamás volverías a estar sola en tu cumpleaños.
Miré los zapatos que había dejado junto al escritorio. Eran hermosos, costosos y elegantes. Un regalo de las dos personas que más me querían en el mundo.
—No sé si estoy lista para irme.
—No tienes que decidir esta noche —dijo Alma—. Solo recuerda que puedes hacerlo.
Lana asintió.
—Boston siempre será tu casa, Harper.
La palabra quedó suspendida entre nosotras.
Casa.
Yo había pasado toda mi vida buscando un lugar al que pudiera llamar así.
Tal vez no era una ciudad.
Tal vez era la familia que había elegido.
—Lo pensaré —prometí.
—Eso es suficiente por ahora —dijo Alma.
—Pero deja de trabajar —añadió Lana—. Es tu cumpleaños.
—Terminaré la cronología.
—Harper.
—Está bien. En una hora.