La ley del Corazón

Capítulo 20

Capítulo 20

POV Harper

Luego de que termino la llamada con Lana y Alma. Me quedé sentada en el suelo, con el teléfono todavía entre las manos. La decisión ya estaba tomada, pero el miedo comenzó a aparecer ahora que el alcohol se desvanecía lentamente.

Boston era una ciudad al otro lado del país, una nueva sede, nuevas responsabilidades y una vida en la que no conocía a nadie fuera de Lana y Alma. No sabía cómo reaccionaría Alexander. No sabía si consideraría el traslado una falta de lealtad o si simplemente aceptaría la decisión sin demostrar nada.

Tampoco sabía si podría dejar de pensar en él solo por cambiar de ciudad.

Me acosté sin desvestirme por completo y dormí pocas horas.

A la mañana siguiente desperté con la cabeza palpitando y la garganta seca. Durante unos minutos no recordé la conversación de la noche anterior. Después vi el teléfono sobre la mesa de noche y todos los detalles regresaron de golpe.

Boston.

El traslado.

Lana y Alma.

Me llevé las manos al rostro.

—¿Qué hice?

La respuesta llegó en forma de tres golpes firmes en la puerta.

Me levanté con dificultad, me puse una bata y caminé hasta la entrada. Al abrir, encontré a Lana y Alma con dos maletas, un bolso de viaje y vasos de café en las manos.

—Buenos días —dijo Lana—. Pareces arrepentida.

—Me siento como si un tren hubiera pasado sobre mi cabeza.

—Eso ocurre cuando no escuchas nuestros consejos y bebes demasiado —respondió Alma mientras entraba.

—No recuerdo haberlas invitado a pasar.

—No hacía falta. Somos tus amigas.

Lana dejó una de las maletas junto al sofá y me entregó un café.

—Bebe.

Lo hice sin discutir. El calor me alivió la garganta y el aroma fuerte consiguió que mi cabeza dejara de girar por unos segundos.

—¿De verdad vinieron? —pregunté.

—Te dijimos que lo haríamos —respondió Alma.

—Pensé que lo decían para que dejara de llorar.

—Lana reservó los vuelos mientras tú seguías hablando —explicó Alma—. Yo envié un mensaje a la sede de Boston para preguntar por el traslado.

—¿Ya hablaron con ellos?

—Con Recursos Humanos —dijo Lana—. La transferencia interna es posible. Tu puesto quedará dentro del equipo de litigios de Boston y continuarás con el mismo nivel profesional. No tendrás que comenzar desde cero.

Sentí que el nudo en mi estómago se hacía más fuerte.

—¿Y Alexander?

Ninguna respondió de inmediato.

—Margaret tendrá que informarle —dijo Alma finalmente—. Pero la decisión no depende solo de él.

—Él dirige el equipo de Seattle.

—Y la sede de Boston será dirigida por nosotras —recordó Lana—. Ya no eres una pasante bajo sus órdenes. Eres una abogada con licencia y experiencia.

—No quiero que piense que estoy huyendo.

—¿Estás huyendo? —preguntó Alma.

Abrí la boca, pero no encontré una respuesta.

—No lo sé.

—Entonces no decidas lo que él pensará —dijo Lana—. Decide lo que necesitas tú.

Sus palabras fueron más efectivas que cualquier argumento.

Me duché, me vestí y comenzamos a empacar.

No tenía demasiadas cosas. Mi apartamento era pequeño y nunca había adquirido objetos innecesarios. La ropa que Lana y Alma me habían regalado ocupaba la mayor parte del armario. Mis libros estaban organizados por materias y mis documentos importantes permanecían en una caja metálica.

Guardé la fotografía de mis padres entre dos carpetas para protegerla.

También empaqué los libros que había conservado desde la universidad, los apuntes de mis primeros casos y la edición especial de la novela que Daniel me había regalado en mi cumpleaños. Cuando la sostuve entre las manos, recordé su abrazo en el vestíbulo y la facilidad con la que podía hacerme reír.

—¿También vas a llevar eso? —preguntó Lana.

—Sí.

—Entonces tendrás que comprar una estantería en Boston.

—No necesito una estantería grande.

—Tú nunca crees que necesitas nada.

Alma estaba doblando algunas blusas sobre la cama. Se detuvo al escucharla.

—Harper, no tienes que llevarte todo hoy. Puedes regresar los viernes para continuar con las clases del posgrado durante el fin de semana.

—¿No será demasiado complicado?

—La firma está dispuesta a organizar tu horario —explicó Alma—. Cuando tengas clases presenciales, viajarás a Seattle los viernes. El resto del programa podrás completarlo a distancia o desde Boston.

—No quiero que hagan demasiadas excepciones por mí.




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