La ley del Corazón

Capítulo 22

Capítulo 22

POV Harper

Cuando llegamos a la firma luego de las compras y de la transformación de mi cabello, el equipo de Boston ya estaba esperando en la entrada. Lana y Alma habían anunciado mi llegada, pero no me habían explicado que pensaban presentarme como si mi incorporación fuera un acontecimiento importante.

—Ella es Harper Reed —dijo Alma—. Se integra al equipo de litigios.

—Nuestra nueva abogada junior —añadió Lana.

Una mujer de cabello oscuro y expresión amable se acercó a estrecharme la mano. Se llamaba Miriam Foster y era la directora de operaciones de la sede. Después conocí a varios asociados, asistentes y abogados que trabajarían conmigo.

La mayoría fue cordial.

Algunos se sorprendieron al descubrir que yo era la abogada que había obtenido las calificaciones más altas del programa de becas Blackwood. Otros ya habían leído mis informes de Seattle y parecían esperar demasiado de mí.

También estaban los hombres que no sabían cómo comportarse frente a una mujer que había dejado de ocultar su apariencia.

Sus miradas se detenían más de lo necesario.

Algunos sonreían con exceso de confianza. Otros se acercaban a saludarme y encontraban cualquier excusa para prolongar la conversación. Yo había aprendido a distinguir una evaluación profesional de una mirada que no tenía nada que ver con el trabajo.

No me sentía halagada.

Durante años había querido ser valorada por mi inteligencia. No estaba dispuesta a permitir que una ropa nueva cambiara aquello.

—No les prestes atención —murmuró Lana mientras recorríamos el pasillo.

—No lo hago.

—No me refiero a que los ignores. Me refiero a que no dejes que sus opiniones decidan cómo te sientes.

—¿Siempre son así?

—Los hombres siempre son hombres —respondió Lana.

Alma la miró con severidad.

—Eso no es una excusa.

—No dije que lo fuera.

—Si alguno cruza una línea, me lo dices.

—No necesito que me defiendan.

—Lo sabemos —dijo Alma—. Pero eso no significa que tengamos que observar en silencio.

Sonreí.

No estaba acostumbrada a tener personas dispuestas a protegerme sin tratarme como alguien débil.

Mi primer día en la sede de Boston transcurrió entre presentaciones, expedientes y reuniones de planificación. A diferencia de Seattle, allí los casos tenían un ritmo distinto. La sede trabajaba con litigios laborales, conflictos empresariales y asuntos civiles de alto impacto, pero también llevaba casos de personas que no podían pagar los honorarios habituales de la firma.

Esa combinación reflejaba las ideas de Lana y Alma.

Querían construir un equipo que pudiera enfrentarse a grandes compañías sin olvidar a quienes no tenían recursos para defenderse.

A media mañana, Alma me entregó una carpeta.

—Esta es la audiencia de mañana.

La abrí y revisé la primera página.

—¿Mañana?

—Sí.

—Acabo de llegar.

—Y ya tienes licencia, experiencia y un buen expediente.

—No conozco los detalles del procedimiento en Boston.

—Por eso iré contigo.

Lana apareció detrás de ella.

—Yo también.

—¿Las dos estarán en la audiencia?

—Una de nosotras hablará —dijo Lana—. La otra observará.

—¿Y yo?

Alma sonrió.

—Tú decidirás si quieres intervenir.

Miré la carpeta con atención. Era una audiencia preliminar relacionada con un despido y una posible represalia laboral. El cliente era una mujer que había sido despedida después de denunciar irregularidades dentro de su empresa. El caso me resultó familiar, pero los hechos eran distintos y la documentación estaba incompleta.

—Necesito revisar todo —dije.

—Eso esperábamos —respondió Alma.

Pasé el resto de la tarde estudiando el expediente. La sala que me asignaron tenía una ventana desde la que podía ver parte de la ciudad. Boston era diferente a Seattle en todos los sentidos. El aire era más frío, las calles más antiguas y los edificios parecían conservar historias que nadie se había molestado en olvidar.

Sin embargo, la sensación de estar empezando de nuevo era la misma.

Revisé las declaraciones de la clienta, los correos internos y el informe de recursos humanos. Encontré una contradicción en la fecha de la supuesta falta que había provocado el despido. La empresa afirmaba que la decisión se tomó antes de la denuncia, pero uno de los correos demostraba que el supervisor había recibido la queja dos días antes.

Lo señalé en una nota y preparé una línea de tiempo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.