Capítulo 25
Boston, 2022
POV Harper Reed
Más tarde, cuando Alma y Lana se quedaron dormidas en el sofá, me levanté para cubrirlas con una manta. Después apagué las luces y me acerqué a la ventana.
Boston estaba en silencio.
Pensé en Seattle, en Alexander y en la distancia que ahora existía entre nosotros. Pensé en la posibilidad de que él ya hubiera regresado y descubierto que mi escritorio estaba vacío. Pensé en su reacción al saber que Margaret había procesado mi traslado sin informarle.
No sabía si le importaría.
Tal vez se limitaría a reemplazarme.
Tal vez consideraría mi decisión una falta de lealtad.
O tal vez solo se encogería de hombros y continuaría con su vida.
La última posibilidad dolía más que las otras.
Apoyé la frente contra el cristal frío.
—No voy a volver por él —susurré—. Si regreso algún día, será por mí.
Era una promesa que necesitaba hacerme.
No sabía si conseguiría cumplirla por completo. Estaba enamorada de Alexander Blackwood, un hombre que había visto por primera vez cuando tenía dieciséis años y que, sin saberlo, había cambiado el curso de mi vida.
Pero ahora yo también había cambiado.
Ya no era una niña que necesitaba convertir a alguien en un ideal para soportar la soledad.
Era una mujer, una abogada y una parte importante de su propia historia.
Mis sentimientos podían existir sin gobernarme.
Y, por primera vez, eso fue suficiente para permitirme dormir.
POV Alma y Lana
A la mañana siguiente, fuimos las primeras en despertarnos.
Harper seguía dormida en la habitación de invitados, agotada después de su primer día en la sede de Boston y de la audiencia que había cambiado su manera de mirar la abogacía. Había llegado a la ciudad cansada, insegura y convencida de que necesitaba mantenerse ocupada para no pensar en Alexander.
Sin embargo, después de verla frente al juez, las dos habíamos comprendido que Boston podía ofrecerle mucho más que una distracción.
Podía ofrecerle un lugar propio.
—Tenemos que hablar —dijo Alma.
—Eso nunca anuncia nada bueno.
—Hablo en serio.
Lana se sirvió café y tomó asiento frente a ella.
—¿Es sobre la audiencia?
—No.
Alma miró hacia el pasillo para asegurarse de que Harper continuara dormida.
—Es sobre lo que ha estado pasando en Seattle
Lana siguió la dirección de su mirada.
—¿Harper?
—Sus sentimientos por nuestro hermano.
Lana dejó la taza sobre la mesa.
—¿Crees que Alexander siente algo por ella?
—No lo sé a ciencia cierta —respondió Alma—. Pero sí sé que Alexander es distinto con ella.
—La observa cuando cree que nadie se da cuenta. Revisa sus informes personalmente. Recuerda detalles de su trabajo y sabe exactamente qué casos está llevando, aunque finja que solo le interesa el rendimiento del equipo.
Lana apoyó la espalda contra la silla.
—Eso podría significar que la considera una abogada competente.
—Podría.
—Y sabes que Alexander es capaz de pasar horas revisando un expediente, aunque no le importe quién lo preparó.
—No con todos los expedientes.
Lana guardó silencio.
Alma tenía razón. Alexander podía ser implacable con el trabajo, pero su atención hacia Harper tenía una intensidad diferente. No era evidente para cualquiera. Para ellas, que habían crecido a su lado y conocían cada una de sus expresiones, resultaba imposible no notarlo.
—Es demasiado orgulloso para aceptarlo —continuó Alma—. Y demasiado controlador para admitir que alguien puede marcharse de su equipo sin pedirle permiso.
—Margaret no le avisó.
—Margaret es fiel a su forma de ser. Si una decisión no necesita su autorización, no considera necesario informarle.
—Eso significa que Alexander se enterará cuando ya no pueda hacer nada.
—Exactamente.
Lana sonrió lentamente.
—¿Crees que reaccionará?
—Solo hay una manera de saberlo.
—¿Cuál?
Alma tomó su taza y bebió un sorbo antes de responder.
—Esperar.
—Dentro de poco será la reunión anual de los socios fundadores. Alexander tendrá que venir a Boston.
—Y tendrá que encontrarse con la nueva Harper.