La ley del Corazón

Capítulo37

Capítulo37

Boston, 2022

POV Harper Reed

Estaba sola en la cena benéfica.

Mis dos maravillosas amigas, que habían prometido estar allí para sostenerme durante aquella velada, habían tenido —sospechosamente— algún inconveniente de último minuto. Uno tan urgente, al parecer, que ninguna de las dos había conseguido llegar a tiempo.

Intenté convencerme de que no me importaba, pero aquella noche no era precisamente el lugar donde una quisiera estar sola.

A mi alrededor, las conversaciones fluían entre copas de champán, risas cuidadosamente medidas y sonrisas demasiado perfectas. Todo el mundo parecía conocer a alguien. Todo el mundo parecía tener un lugar al que pertenecer.

Yo, en cambio, me sentía como una pieza colocada en el sitio equivocado.

Y, para completar la noche, la primera persona con la que tuve la desgracia de cruzarme fue Emma.

No habían pasado ni cinco minutos cuando ya había comenzado con sus comentarios disfrazados de amabilidad, esas pequeñas cosas que pronunciaba con una sonrisa tan encantadora que cualquiera podría pensar que no tenían mala intención.

Yo sabía perfectamente lo que estaba haciendo.

Y estaba empezando a perder la paciencia.

Respiré hondo, intentando mantener la compostura. No iba a darle el gusto de verme

Entonces sentí una mano firme en mi cintura.

El contacto me resultó familiar antes de que escuchara su voz.

—Harper.

Mi respiración se detuvo.

Alexander estaba detrás de mí.

—Siento haberme demorado —dijo, acercándome ligeramente hacia él—. Tuve que encargarme de las bebidas. En el camino me encontré con el juez Robinson y ya sabes cómo es cuando empieza a hablar de sus antiguos casos.

Me pasó una copa de champán, pero su atención permaneció en Emma y Demian.

No sabía si estaba molesto por haberlos encontrado a mi lado o si simplemente estaba interpretando su papel de socio principal. Su rostro era inexpresivo, pero la presión de su mano en mi cintura aumentó apenas un poco.

—Tranquilo, Alex —dije, utilizando el nombre que solo había pronunciado en privado.

Emma me miró con sorpresa.

No le di tiempo de disfrutar de esa reacción.

—Emma se acercó en cuanto me vio sola y se encargó de presentarme a su acompañante.

Alexander clavó los ojos en ella.

—Blackwood —dijo Demian, extendiendo la mano.

—Sinclair.

Los dos se saludaron utilizando sus apellidos. No necesitaban presentaciones. Ambos provenían de familias poderosas y se movían en círculos donde los nombres heredados abrían puertas antes de que alguien tuviera que tocarlas.

—Alexander —añadió Emma, apoyándose otra vez en el brazo de Alexander—. No sabía que asistirías.

—No acostumbro anunciar mis movimientos.

El tono fue frío, aunque no llegó a ser descortés.

—Me alegra que hayas podido venir —dijo Emma—. Demian y yo hablábamos de que Harper está sola. Le ofrecí que uno de sus escoltas la acompañara durante el baile.

—Harper no necesita un escolta —respondió Alexander.

—Eso ya lo dije —intervino Demian—. Emma solo pretendía ser amable.

Alexander le sostuvo la mirada durante un instante.

—Lo sé.

La tensión entre ambos fue breve, pero suficiente para que yo comprendiera que Alexander no estaba cómodo con la situación.

—Harper —dijo después—, necesito hablar contigo sobre unos clientes.

Sus palabras no admitían discusión, pero su mano abandonó mi cintura antes de que pudiera parecer una orden. Alexander se volvió hacia Emma y Demian.

—Los dejamos solos. Nos esperan en otra mesa—dijo Demian—

No era cierto. Lo supe por la forma en que Emma levantó una ceja.

Alexander me ofreció el brazo.

Durante un instante dudé.

Después dejé la copa sobre una bandeja y acepté.

Mientras nos alejábamos, sentí las miradas de Emma y Demian sobre nosotros. También sentí el calor de la mano de Alexander cerca de la mía.

No sabía si estaba más nerviosa por la cena, por Emma o por el hombre que caminaba a mi lado fingiendo que solo me estaba sacando de una conversación incómoda.




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