La Maldición De Sicarias

Capitulo 13 | Kyrian ✔

Continuamos avanzando por el camino de la frontera, con la caballería desplegada y los exploradores manteniendo una distancia prudente respecto a las laderas. Después del encuentro, nadie volvió a escuchar risas ni a distinguir figuras entre los árboles. Aquello no tranquilizó a los hombres. La ausencia de señales solo hizo que miraran con mayor frecuencia hacia las sombras.

Yo también lo hacía, aunque no estaba dispuesto a reconocerlo en voz alta.

Los Nobin habían tenido la oportunidad de atacarnos. En cambio, habían preferido mostrarse, observar nuestra reacción y desaparecer. No sabía si aquello respondía a una estrategia, a una forma retorcida de diversión o a algo que mi mente todavía no podía comprender. Lo único seguro era que no podíamos tratarlos como simples soldados enemigos.

Un ejército podía retirarse, negociar, rendirse o cambiar de bando. A una criatura que mataba por placer no se la convencía con una oferta de paz.

— Majestad.

Kael se acercó al paso de mi caballo.

— Los exploradores han revisado la siguiente curva. El camino continúa despejado hasta la bifurcación.

— ¿Han encontrado señales de más criaturas?

— No. Pero hay huellas recientes en la ladera. No podemos determinar cuántas personas pasaron por allí.

— Que no se desvíen. Seguiremos hasta la bifurcación y decidiremos entonces.

Kael dudó antes de añadir:

— Teren está consciente. El médico dice que sobrevivirá a la herida si conseguimos mantenerlo estable.

— Bien. Quiero que repita su declaración cuando pueda hablar sin desmayarse. En especial, lo que dijo Rovan y el lugar exacto donde lo encontró.

— ¿Crees que Rovan quiso que lo escucháramos?

— Creo que dejó escapar a Teren cuando podía matarlo. Eso convierte su relato en algo más que una simple huida. No significa que debamos creer cada palabra, pero sería estúpido ignorar la posibilidad de que el mensaje estuviera destinado a nosotros.

Kael asintió.

— ¿Y si los Nobin están protegiendo la mina?

Miré las paredes de piedra que se alzaban a ambos lados del camino.

— Entonces averiguaremos por qué. Pero no vamos a entrar en Monte Grim con quinientos hombres solo para comprobar si una criatura puede reírse de nosotros.

— Eso podría decepcionar a algunos oficiales.

— Pueden decepcionarse mientras siguen vivos.

Kael soltó aire por la nariz, casi una risa, aunque desapareció enseguida. Tenía demasiados hombres muertos en la memoria como para encontrar verdadero humor en la situación.

Se adelantó para transmitir mis órdenes.

Yo mantuve el ritmo de la marcha, pendiente de la vanguardia y de las señales que pudieran aparecer entre los árboles. No había margen para distraerme. Sin embargo, al cabo de unos minutos advertí que Elena había acercado su caballo al mío.

Sus dos guardias permanecían a una distancia prudente.

— ¿Qué ocurre? —pregunté sin mirarla.

— Necesito hablar contigo.

— Qué desgracia. Yo necesito que mis exploradores encuentren un camino seguro, que mis soldados dejen de desaparecer y que el enemigo tenga la decencia de mostrarse antes de atacarnos. Tendrás que ser más específica.

— No es sobre los Nobin.

Giré la cabeza hacia ella.

— Entonces tendrás que explicarme por qué consideras que esta conversación merece mi atención en mitad de una expedición militar.

Elena apretó las riendas.

— Porque cuando regresemos al puesto provisional quizá ya no tengamos oportunidad de hablar.

La frase me hizo mirarla con mayor atención.

No sonaba como una amenaza ni como uno de sus intentos habituales de provocarme. Tampoco parecía dispuesta a suplicar. Tenía el rostro serio y la mirada fija en el camino, como si hubiera pasado demasiado tiempo decidiendo si debía decirme aquello.

— Habla —concedí.

Elena guardó silencio durante varios pasos.

— No vine contigo únicamente por los registros de las minas.

— Eso ya lo sospechaba.

— Claro. Tú siempre sospechas de todo lo que no puedes controlar.

— Y, sin embargo, todavía no me has dado un motivo para dejar de hacerlo.

Sus dedos se tensaron sobre las riendas.

— Mi padre sabía que algo se movía en Monte Grim antes de que tus exploradores encontraran el humo.

La miré de frente.

— ¿Cómo lo sabes?

— Porque durante los últimos meses llegaron cartas a Altas Cumbres que nunca debieron pasar por sus manos. Informes de los administradores de las minas, solicitudes para revisar los sellos antiguos y órdenes de trasladar hombres hacia las concesiones del norte. Mi padre dijo que eran medidas preventivas por la guerra.




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